leganés - sevilla | el otro partido

De repente, un problema

  • El divorcio entre la afición y Sergio Rico promete recrudecerse justo cuando el equipo más lo necesita

  • Griezmann, Cala y Siovas se cruzan en su destino

Sergio Rico acaricia el larguero tras un balón colgado. Sergio Rico acaricia el larguero tras un balón colgado.

Sergio Rico acaricia el larguero tras un balón colgado. / inma flores

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¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? ¿Cuál fue la causa y cuál fue el efecto, el fallo o la crítica? El distanciamiento entre el sevillismo -un sector minoritario primero, más amplio después y quién sabe a partir de ahora- y Sergio Rico se ha convertido en un problema inesperado en el grupo. Lo mejor que puede pasar es que no vaya a más, pero tenga o no atenuante en esta ocasión el guardameta de Montequinto, algo más que un runrún va a escuchar en su próxima comparecencia en Nervión.

El dictamen del Tribunal del Santo Oficio en la noche del Cádiz fue que el canterano fue uno de los culpables de la hecatombe en el derbi. Ciertamente, Sergio Rico no pudo hacer nada en ninguno de los cinco goles que recibió aquella nefasta noche, pero quedó señalado. Reo que injustamente pagó las culpas de algunos de sus compañeros, o, mejor dicho, del funcionamiento general del equipo en una noche para olvidar.

Despues de eso, tres nombres propios se han cruzado cruelmente en su destino. Griezmann, Cala y Siovas. Tres goles cada uno con sus particularidades pueden pesar mucho en el futuro del portero. En el primero de los casos poco se puede achacar al meta internacional. El golazo del francés fue una genialidad y no hay que discutir la posición de Sergio Rico en una jugada que se inició con un pelotazo de Lucas Hernández en campo del Atlético de Madrid y que en décimas de segundo acabó en la portería del Sevilla. ¿Adelantado? Siguiendo los patrones del posicionamiento correcto de un portero según la profundidad del rival en ataque, aun estando al borde del área grande estaría bien colocado.

"Asumo mi error y pido perdón", dijo el meta en Twitter, y prometió "dar la vida por ir a la final"

Luego llegaría esa jugada fatídica en el descuento ante el Getafe. Otra vez un balón colgado por el lateral izquierdo rival, en esta ocasión cerca de la corona del área, donde la falta fue clara de Cala, con los dos brazos empujando al portero en el pecho. Quedaba la duda de si podía haber salido con más decisión. Discutible. La falta es evidente y el gol no debería haber subido al marcador. Tampoco Lenglet molestó al lebrijano en el salto, tampoco Ángel tenía una marca y cazó el balón suelto...

El caso es que esa jugada estaría rondando en la cabeza del canterano desde el domingo y si un portero debe hacerse fuerte en los balones colgados en su área, en el área pequeña ya nadie negocia nada. Fue con el puño quizá pensando que en el duelo ante Cala hubiera sido la solución, pero la duda atenaza hasta al más decidido.

El problema puede venir por cómo se las gasta esta afición en casos así. Más con alguien de la casa, más con un jugador de la personalidad de Sergio. El Sevilla necesita a Rico y Rico necesita al sevillismo. Un divorcio, un conflicto con el mínimo de parecido a lo ocurrido con Perotti, sería darse un tiro en el pie con una final al alcance de la mano. Hay un problema y el club tampoco ha aclarado las dudas que hay tras su figura. David Soria estuvo más pendiente de salir que de apretar. Ondoa no juega en el filial y viaja con ellos dos.

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