Cautivos

"No sé si no es el momento de reflexionar sobre lo que significa el gasto del PER en Andalucía y Extremadura. Eso tenía sentido hace unos cuantos años pero hoy no es así. España es un país excesivamente subvencionado, porque esa subvención se utiliza después como instrumento cautivo del voto". Josep Antoni Duran Lleida, portavoz de CiU en el Congreso de los Diputados

Paqui Lora, jornalera.
Paqui Lora, jornalera.
Pedro Ingelmo / Cádiz

30 de mayo 2010 - 05:04

Es improbable que Duran Lleida haya oído hablar de La Barca de la Florida, una pedanía situada a 20 kilómetros de Jerez de la Frontera (Cádiz), un poblado de colonización levantado a finales de los años 40 en mitad de campos interminables al que se accede por una carretera minada de curvas. Tampoco sabrá, por tanto, una de sus singularidades: más de medio millar de sus 4.000 habitantes vive en Mallorca, casi todos en una población, Capdepera, donde nació una de las grandes fortunas españolas del siglo XX, Juan March. Medio millar que emigraron. Hace décadas que la pedanía decidió trasladar su tradicional feria de mayo a agosto para que pudieran estar los emigrantes. Y la llamaron así: la feria de los emigrantes.

La Barca es un buen ejemplo del subsidio agrario andaluz. Salvador Pineda, barqueño, asesor de la Consejería de Agricultura y ex dirigente del sindicato COAG, está convencido de que "sin el subsidio esté pueblo estaría desierto. No serían 500 los emigrantes, serían muchos más. Quitas el subsidio y mucha gente pasaría hambre. El trabajo en el campo es complejo, se mide por jornales, se paga por horas. Por tanto, no hay posibilidad de desempleo. Algún mecanismo de protección tiene que existir para estos jornaleros que trabajan por temporadas. En Cataluña y en Madrid han cerrado muchas industrias que han provocado numerosas prestaciones. Nadie en Andalucía ha levantado la voz contra eso, sería absurdo".

Y si La Barca es un arquetipo, Paqui Lora representa a los dos centenares largos que son beneficiarios de esta ayuda en este pueblo, a los 40.000 en Andalucía y Extremadura, representa a los que perciben una ayuda que no llega al 2% de todas las prestaciones de desempleo en España. Sacamos a Paqui de la planta en la que ahora está preparando las zanahorias para su paso a las máquinas de envasado y hablamos con ella en una sala donde cuelgan decenas de mochilas infantiles de las sillas. Paqui ha conseguido entrar esta campaña en Naturgades, uno de los mayores exportadores españoles de zanahoria, con una producción cercana a los 15 millones de kilos. No es tan sencillo. Esta planta emplea cada campaña a unas 150 mujeres. Antonio, su gerente, afirma que "este año hemos tenido más demanda de trabajo que nunca, pero desgraciadamente no podemos emplear a todas. Trabajan 150, pero son más de 300 las que lo han intentado".

Y Paqui es el arquetipo del beneficiario del subsidio por varios motivos. Porque es mujer, como más del 50%, porque su marido, albañil, está en el paro tras el estallido de la burbuja, porque tiene una hija de cinco años... "Me pongo mala. Cuando escucho esas cosas que dicen los políticos, el catalán o Esperanza Aguirre, me digo: que se venga Esperanza Aguirre a vivir un año aquí, que sepa lo que es esto". Y eso que Paqui dice que es una afortunada. "Creo que este año podré alcanzar los cincuentaitantos jornales. Existen tramos. Si trabajas de veinte a treinta y cinco peonadas te quedas con una ayuda de 400 y pico euros al mes. A partir de 35, te quedan 500 euros. Yo creo que los voy a conseguir". "Eso convierte tu voto en cautivo, Paqui". Y da un respingo, como de extrañeza. "A mí no me ha preguntado nadie nunca lo que voto o dejo de votar".

Muy pocos van a conseguir este año los 500 euros, las 35 peonadas. Ni siquiera los 20 a los que rebajó el Gobierno tras el crudo invierno de agua. Mientras que otras prestaciones por desempleo han crecido en España un 28% desde el inicio de la crisis, los beneficiarios de ayudas en el campo andaluz han descendido un 10%, según los datos que maneja la Consejería de Empleo. A unos dos kilómetros de la planta de zanahorias se encuentra Expopat, que hace sólo un año sacaba 25 camiones de patatas diarios rumbo a Alemania. En esta campaña salen tres camiones si hay suerte. Los campos anegados por las torrenciales lluvias han destrozado la cosecha. "Ni por ésas. ¿Veinte? Conseguir una peonada ya es un triunfo", dice Micky, uno de los encargados de la planta. Lo que vemos es una industria casi fantasma, con todas las líneas de envasado vacías, menos una. Seis mujeres trabajan en la única que está en funcionamiento. "Aquí, cualquier año, trabajan 150 personas. Pero esta campaña sólo tenemos trabajo para las seis que ves, que han entrado por orden de antigüedad". "¿Y las demás?" "No alcanzarán el subsidio, seguro. Ya te digo. Llegar a las veinte va a ser pero que muy difícil".

Lo que se conoce como agricultura silvestre está siendo la alternativa. Los campos de la Sierra de Cádiz están llenos de competidores por coger caracoles y tagarninas. Algo muy grave está sucediendo. Las tasas de paro superan el 40% y la economía de esta comarca está asfixiada. Ese es el estado del campo andaluz. En Villamartín ya hay padres que piden que los comedores escolares abran los sábados. Un día menos para pensar qué se puede poner en la mesa.

Regresamos con Paqui a la sala de las mochilas infantiles. Su vida se ha complicado mucho desde que hace cuatro años, cuando a su marido no le faltaba trabajo en el ladrillo, se lanzaron a comprarse una casa. La hipoteca era razonable. 420 euros. Incluso se pusieron a hacer arreglos en la casa. Hace once meses su marido recibió el último sueldo. Aún le queda un mes de paro. Como las desgracias no vienen solas, la salud de sus padres, que antes echaban una mano, empeoró súbitamente, hasta el punto de tener que pedir una ayuda a través de la ley de dependencia. Hace año y medio que se solicitó, pero aunque la evaluación ya se ha hecho y el informe es favorable, todavía no han visto un euro. El Gobierno ha decretado que las ayudas de la dependencia no sean retroactivas. Por tanto, es su marido el que se encarga de todas las tareas domésticas porque ella echa todas las horas que puede con la zanahoria. Cada hora es importante: cobra 6,50 por cada una de ellas. "Ya ni los niños se ponen malos, ni hay romerías, nadie pide permisos. Dices a determinada hora que unas cuantas ya se pueden ir a casa, que no hay trabajo para todas y nadie se mueve de su sitio. Esto antes no pasaba", explica Antonio.

Cuando finalice la campaña de la zanahoria, en casa de Paqui ya no entrará el dinero del paro. El único ingreso fijo serán los 500 euros del subsidio agrario. De ahí tienen que salir los 420 euros de hipoteca. "Pero eso no es posible". "Nos las ingeniaremos de algún modo". Trabajar de asistenta, limpiar escaleras, tirar de los huertos propios, buscar chapuzas... Paqui no lo dice, pero cuando la campaña termine habrá que sobrevivir al margen de la economía real, la de los grandes números. "Lo primero es la niña y una niña de cinco años no entiende de crisis. Pero no me quejo. Tengo un techo".

No muy lejos de la planta de envasado se encuentra el campo en el que trabaja la cuadrilla prodigiosa. 19 mujeres de Puerto Serrano, una localidad en la que todos los días se escucha el bullicio de los niños en la guardería de temporeros, doblan el espinazo arrancando zanahorias. "Ningún hombre haría el trabajo como ellas", las elogia Antonio. Cada día cogen su coche, pagan su gasolina con los 6,50 euros la hora, y recogen zanahoria durante dos meses. Su objetivo es alcanzar las peonadas. Llegar a los 500 euros. Pineda las admira. "Yo no digo que en su día no existiera fraude. ¿Dónde no hay fraude? Ahora acceder al régimen agrario es mucho más complejo. Uno no se puede apuntar de buenas a primeras. En los 90, los hombres se fueron al ladrillo y las mujeres ocuparon su lugar. Ahora son las mujeres las que tiran del carro. El subsidio ha hecho mucho por la liberación de la mujer rural. Ahora no dependen del dinero del hombre. El hombre depende de ellas y ellas sacan la casa con coraje". La cuadrilla prodigiosa se puede hundir en el barro pero sigue avanzando, siguen saliendo las zanahorias, siguen procesándose, siguen envasándose, siguen exportándose. Quizá Duran Lleida haya probado estas zanahorias en alguna ocasión. Pero seguro que Duran Lleida no ha visto trabajar nunca a la cuadrilla prodigiosa.

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