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Andalucía

MICROGÉNESIS de una trama

  • El ovillo de empresas que presuntamente se dedicó a desviar el dinero de los autores de la SGAE tiene su origen a finales de los 90 en la entonces tranquila playa de Caños de Meca

A ver si recuerdan esta canción: "Coge tu sombrero y póntelo, vamos a la playa calienta el sol". Es el estribillo del gran éxito de Los Payos María Isabel, que arrasó en el verano de 1969. Podríamos ubicar esta canción como origen de la conexión gaditana de la Operación Saga, que a principios de julio puso patas arriba una de las instituciones que más recelos causaba en la sociedad española desde hace años, la Sociedad General de Autores, comandada y convertida en implacable recaudadora de la mano de Teddy Bautista, contemporáneo de Los Payos con su grupo Los Canarios cuyo gran éxito, el mismo verano de María Isabel, sería Get on your knees (Ponte de rodillas). Tras conocerse que un entramado desviaba presuntamente el dinero de los autores de la deficitaria filial dedicada a los derechos digitales, SDAE, a una sociedad externa, Microgénesis, con beneficios anuales de cerca de 5 millones de euros, un desfile de artistas de distinta monta, de Víctor Manuel a Sabino Méndez, a parecían ante los medios tratando de explicar o explicarse lo sucedido. No era difícil la deducción: el máximo responsable de la SDAE y el creador de Microgénesis eran la misma persona, José Luis Rodríguez Neri, el padre del controvertido canon digital.

El que no aparecía en esas comparecencias era Eduardo Rodríguez Rodway, miembro fundador de Los Payos y superviviente de un grupo mítico del rock andaluz, Triana. Eduardo Rodríguez ni está implicado en el caso ni pesa investigación alguna sobre él, es simplemente la persona que descubrió al cerebro del entramado, Rodríguez Neri, el lugar que se convertiría en el punto neurálgico de Microgénesis, Los Caños de Meca, otrora enclave paradisíaco de la costa gaditana y hoy un laberinto sin pies ni cabeza de viviendas de autoconstrucción. En una de ellas, registrada por la Guardia Civil a las pocas horas de desatarse la operación, se encontraba la que había sido sede social de la empresa que Rodríguez Neri y su mujer, María Antonia García Pombo, con la que convertían en oro todo lo que tocaban.

Rodríguez Neri, a principios de los 90, es un joven madrileño que piensa rápido, algo que complace al que será su cicerone en su fulgurante carrera profesional, Teddy Bautista. Neri asesora a la SGAE en su refundación, que se produjo en 1995. Ese año es una fecha clave. La SGAE data de 1941 y se crea para pagar a los autores de artes escénicas. No es un instrumento demasiado eficaz, por lo que Bautista y su equipo, entre los que se encuentra Neri, la reinventan incluyendo en ella a los editores. En poco tiempo la SGAE se convierte en una máquina de hacer dinero, pero llueven las críticas porque esa eficacia ("no estamos para ser simpáticos, sino para ser eficaces", repite Bautista) se asienta en un sistema de castas. La SGAE cuenta con 94.000 socios, pero no todos son iguales. Los criterios son ambiguos. Es un modo de mantener un férreo control.

Entre los socios de alto rango se encuentra Eduardo Rodríguez, de la generación de Teddy Bautista, que todavía hoy, aunque lleva más de 20 años retirado del mundo de la música, sigue cobrando derechos, principalmente por la célebre María Isabel. Es en esa época de revolución en la SGAE cuando conoce a Neri y le invita a Caños. Neri y su mujer se enamoran inmediatamente del paraje y deciden trasladarse allí, a la finca colindante en la que vive desde finales de los 80 el tercer componente de Triana . El matrimonio Neri es sólo uno más del gran desembarco del artisteo en esta playa que año a año se masifica y de cuyos orígenes de enclave jipi sólo queda su leyenda.

Neri y Antonia García Pombo, su mujer, se ponen pronto manos a la obra. Situando el domicilio social en la propia casa de Eduardo Rodríguez, mientras ellos construyen la suya al otro lado de la valla, crean la sociedad Placer de Caños, dedicada a "la reproducción, distribución y venta de obras musicales o dramático musicales, venta al por mayor de discos y casettes, vídeos y accesorios, importación y exportación de los mismos". En realidad, la única actividad externa que se conoció a Placer de Caños fue grabarle un disco al cantante Manolo Tena, por entonces directivo de la SGAE. En este disco Neri experimenta la inserción de unos códigos inaudibles al oído humano -marcas de agua- para identificar la obra musical y controlar de forma automática su difusión por radio. El disco no tuvo ningún éxito y el sistema de control tampoco. La importancia de Placer de Caños es que es el embrión de Microgénesis y, como Microgénesis y todas las sociedades paralelas que salieron de su ovillo a lo largo de estos últimos 15 años, su objeto social es difuso porque el objetivo era tener un único cliente, la SGAE, a la que asesoraba Neri y donde encuentra la verdadera veta de oro en el año 2000, cuando se crea la Sociedad Digital de Autores y se le nombra consejero delegado. En ese mismo momento cede la presidencia de Microgénesis, pero no su control, y crea Portal Latino, vinculada a la SGAE y dedicada al ruinoso negocio de vender música por internet. Industria no duda en subvencionarla. Como bien sabía Teddy, Neri es un hombre que piensa rápido.

A Neri le conocen bien en Caños "porque aquí, en invierno, nos conocemos todos". Incluso citan una de sus frases habituales, una filosofía de vida: "Todos tenemos los latidos contados cuando nacemos, así que yo trato de que los míos vayan lo más despacio posible". Cuando en las noches de verano paraba, a finales de los 90, en La Pequeña Lulú buena parte de la comunidad bohemia de Los Caños y se le preguntaba a Neri a qué se dedicaba siempre era meticulosamente impreciso a la hora de contar un poco de esto y un poco de otro. A su lado, más bien callada, su mujer Antonia, a la que algunos definen como "ese tipo de personas que miran por encima del hombro".

María Antonia es un personaje importante en la trama, según el auto del juez Pablo Ruz, ya que funciona como pantalla de Neri. De hecho, a su nombre están las propiedades que el matrimonio tiene entre Caños y Zahora, del mismo modo que es la que daba la cara en las sociedades. En el registro de Barbate figuran dos propiedades inmobiliarias en Caños de los Neri, aunque a nombre de García Pombo, uno en la avenida de Trafalgar y otro en Fuente del Madroño, donde se inscribiría por primera vez el nombre de la empresa clave, Microgénesis.

El actual caos urbanístico de Los Caños, tan de moda en Madrid gracias al boca a boca de gente como Neri, en nada se parece a ese lugar que deslumbró a quienes convirtieron a la SGAE en su lucrativa fuente de ingresos. Difícilmente podría cantar ahora Eduardo Rodríguez, el gran amigo de Neri, aquello por lo que cobró y aún cobra, 42 años después, derechos de autor: "La playa estaba desierta...".

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