Cádiz en el laboratorio Podemos

La cúpula de la formación de Pablo Iglesias reconoce la autonomía de la agrupación de electores para negociar, pero no oculta su deseo de contar con la alcaldía como un símbolo

José María González, Teresa Rodríguez y Pablo Iglesias escuchan a ex trabajadores de Delphi en una cafetería de Cádiz, antes de las andaluzas.
Pedro Ingelmo

26 de mayo 2015 - 01:00

A media mañana del domingo, Pablo Iglesias, el líder nacional de Podemos, con 963.000 seguidores en twitter, retuiteaba una foto: Teresa Rodríguez y su compañero, José María González Kichi, candidato a la alcaldía de Cádiz, depositaban su voto en la urna. Días antes, el propio Iglesias posaba con un cartel de la agrupación de electores Por Cádiz Sí se Puede. Cádiz estaba ahí, como una piedra angular del Laboratorio Podemos.

Por Cádiz sí se Puede, como en el resto de las ciudades en las que se presentaban agrupaciones de electores con los colores morados y vagas referencias al logo de los círculos, no era exactamente Podemos, pero dentro de la escala de la presencia en las municipales era más Podemos que otros. Por ejemplo, era más Podemos que Ahora Madrid con su candidata la jueza Manuela Carmena, donde la formación de Iglesias lo que hacía era apoyar una candidatura. Paradójicamente, también era menos Podemos, siendo Podemos todos sus integrantes. La candidatura de González era Izquierda Anticapitalista, una escisión de IU con origen en la Liga Comunista Revolucionaria, de aroma trotskista.

Izquierda Anticapitalista ya se presentó a las municipales hace cuatro años con Teresa Rodríguez como candidata y sacó un millar de votos. El pasado domingo cosecharon más de 18.000. Izquierda Anticapitalista de Cádiz, que cuenta con tres parlamentarios autonómicos, los tres de Cádiz, le debe mucho a Podemos, pero Podemos también se lo debe a ellos porque fue esta organización la que empezó a articular los círculos en Andalucía y Teresa Rodríguez les ha llevado a ser el eje central del futuro de la legislatura de Andalucía, la comunidad más habitada, con 15 parlamentarios. El star system de Podemos -Pablo Iglesias, Errejón...- proviene de otras ramas de la izquierda, de otra línea ideológica alimentada por sus padres, por sus mayores, que fueron figuras relevantes de la atomización de la izquierda en la Transición y que luego se acomodaron en puestos relativamente notables de la Administración, pero saben que sin Izquierda Anticapitalista no hubieran logrado crear una estructura en tan poco tiempo.

En las autonómicas del domingo Podemos, con su marca, no logró en otros territorios mejores resultados que los de Teresa Rodríguez, pese a que tras las andaluzas hubo quien en Madrid pensó que los podemistas andaluces no habían estado a la altura. No. Andalucía situó a Podemos ante su auténtica potencia. Y en la única gran ciudad andaluza donde puede gobernar Podemos es en Cádiz.

Lo cierto es que ayer en Madrid se habló de Cádiz. Y se habló de Cádiz como símbolo. Todas las formaciones han tomado el latiguillo de que no se va a pactar con "cambios de cromos", pero Podemos, que es una formación liderada por estudiosos de la política, se conduce de una forma altamente tacticista. "La táctica no tiene nada de malo si se utiliza para cambiar las cosas y mejorar la vida de la ciudadanía", afirmaba a un reducido grupo Pablo Iglesias en una conversación tras un mitin en Málaga.

Cádiz requiere táctica. Porque desde Madrid se considera que tomar la alcaldía de Cádiz puede tener un importante efecto emocional y el tiempo suficiente, de cara a las generales, para adoptar unas medidas rápidas, sencillas -bajar el sueldo de los concejales sería la primera, detener cualquier desahucio por medidas legales que ya se vieran- que se pudieran exhibir en otoño como ejemplo de acción directa.

Todo esto pasa por llegar a algún tipo de acuerdo con el PSOE. Oficialmente de lo que se habla es de "pactar con la ciudadanía" y todo eso, pero sólo son palabras de cara a la galería que suenan como llover. Lo dicen todos e incluso se puede entender que se pacta de acuerdo con el cumplimiento de un programa electoral. Pero si no se pacta no gobierna nadie. En el caso de los ayuntamientos si no hay acuerdo con el PSOE gobierna Teófila Martínez con una Corporación que tiene mayoría de izquierdas, lo que puede ser igualmente ingobernable. Oficialmente, de nuevo, cada agrupación de electores es soberana en su municipio, no tiene que consultar a nadie. Pero esto era una táctica de protección de Podemos Madrid. Todo el mundo conoce las agrupaciones de electores que tenían el paraguas de la marca Podemos. Cádiz es una de ellas. Jerez, otra. Y ahí está pendiente la investidura de Susana Díaz, donde Podemos debe ser clave. Ya están las cartas dadas, la segunda mano, las municipales. Ahora hay que jugarlas.

Los representantes electos de Podemos están en la mesa mirando sus parejas, dobles parejas, tríos. José María González tiene lo mismo un full. Si el PSOE no le apoya que el PSOE explique que le vuelve a dar la Alcaldía a Teófila Martínez. Mamen Sánchez, del PSOE de Jerez, puede decir lo mismo del Podemos de Jerez. Se puede quedar quieta y esperar que Podemos deje gobernar a García Pelayo. Y en la Junta también se puede ir a nuevas elecciones. Desde Madrid piensan que nada de esto va a pasar. Que todo es hablar. No cambio de cromos, sino pactar con medidas que sirvan a su táctica.

En esas tres plazas, Junta, Jerez y Cádiz, los interlocutores son Susana Díaz, Mamen Sánchez y Fran González, tres ejemplos de casta. Profesionales de la política y no de eso tan ambiguo que en Podemos llaman gente. Pero la táctica es imprescindible para hacer política. Lo dicen en Juego de Tronos. De eso trata la serie de la que Pablo Iglesias ha hecho un tratado.Habrá que hacer política, habrá que hacer táctica. Y en Madrid piensan que en Cádiz hay buenas cartas. Las juega Izquierda Anticapitalista.

Si hay algo que gusta en Madrid de Cádiz es la historia de Fermín Salvochea, que la noche electoral fue recordado por González. Y el tirón que tiene Cádiz en Madrid como referente de ocio y belleza, un territorio mítico. Historia y paraísos. En Madrid suena a gloria, pero hay que saber jugar al póker.

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