Heterodoxa y efectiva

Valor. Aguirre defiende sin complejos las señas de identidad del PP y tapona el agujero por el que se escapaban centenares de miles de votantes hacia Ciudadanos o hacia la abstención

Pilar Cernuda

17 de mayo 2015 - 01:00

INVITÓ a Mariano Rajoy a participar en su campaña con un paseo en bicicleta, y ella apareció en el parque Madrid Río con una camiseta amarilla. No fue casual. Las palabras maillot y ganador estuvieran en boca de todos. Nada es improvisado en la campaña de Esperanza Aguirre. Nada.

Cuenta con un equipo excelente y sobre todo cuenta con ella misma, con su intuición, su empatía y su capacidad de conectar con la gente, con los votantes. Lo que hace Aguirre para intentar ser alcaldesa de Madrid tiene a los candidatos de todos los partidos, de todas las provincias y de todos los gobiernos, con los focos puestos en la capital. Inventa algo todos los días, todas las horas. Incluso se inventa a sí misma.

Mariano Rajoy siempre dijo que era más importante la Alcaldía de Madrid que cualquier otro alto cargo, incluidos los ministros. Por eso en su entorno nadie dudó que si no se producía una causa mayor que lo impidiera, Esperanza Aguirre sería la candidata por muy tensas que fueran las relaciones con el presidente del Gobierno y del PP. Que lo han sido con frecuencia, aunque hace meses que los dos hacen esfuerzos por llevarse bien. Ella, porque deseaba con toda su alma esa candidatura y así lo admitía en privado. Él, porque sabía que la única persona del partido capaz de lograr un buen resultado electoral era Aguirre, aunque la aparición de dos nuevos partidos con importante respaldo, Podemos y Ciudadanos, convertían en tarea imposible la necesaria mayoría absoluta. Pero con Aguirre se conseguirían más votos que con cualquier otro rostro en el cartel. Le buscó además Rajoy una buena compañera de equipo, Cristina Cifuentes, como candidata a la Comunidad de Madrid. Se complementan y Cifuentes tiene gancho. No son íntimas amigas pero se llevan bien y sobre todo se respetan mutuamente. Cosa distinta son sus equipos, donde con frecuencia se producen disfunciones.

Aguirre tiene un hombre de confianza al frente de su campaña, el parlamentario Íñigo Henriquez de Luna. Pero sobre todo ha elegido a una excepcional jefa de su campaña de comunicación, la periodista Isabel Gallego, que trabajó con ella toda su etapa como presidenta de la Comunidad madrileña y ha seguido siendo su asesora cuando renunció al cargo.

La comunicación es la clave, y Gallego, que conoce a Aguirre como nadie, defectos incluidos, ha diseñado una estrategia que provoca que todos los días Aguirre tenga espacio en los medios madrileños, españoles… y extranjeros. Entre las dos estudian qué se puede hacer para llegar más a los votantes, y están de acuerdo que cuando el acto de campaña es plano, nada como provocar una fotografía que convierta ese acto en noticia. Por ejemplo el paseo en bici con Rajoy, al que se impuso Aguirre con su maillot amarillo; otro: un paseo anodino por el Parque del Retiro acaparó portadas porque la candidata no dudó en subirse a una barca y coger los remos; un tercero: a una reunión con propietarios de mascotas para hablar de la necesidad de atenderlas como merecen, Esperanza Aguirre acudió con su jack russell, Pecas. Sentada en una cafetería, explicó que hace años su marido llegó con él a casa y Aguirre le planteó que el perro o ella. "Y podéis imaginar la respuesta. oy soy yo la que más me ocupo de Pecas", del que contó que es tuitero con más de 1.000 seguidores, que le gustan los collares con la bandera española, y que gracias a sus paseos con Pecas tiene oportunidad de ver cómo está Madrid y escuchar los problemas de la gente.

Antes de iniciarse oficialmente la campaña, la candidata tuvo la sensación de que no conseguía suficiente eco en las páginas de los periódicos que más le importaban. En unos casos, porque los cercanos a Rajoy le daban pocas cancha, ya que consideraban que podía crecer excesivamente frente a un presidente del Gobierno que no atravesaba su mejor momento; en el caso de los más distantes del PP, porque dar excesivo espacio a Aguirre restaba presencia a los candidatos de los partidos que les son más afines. Isabel Gallego se puso a trabajar con el teléfono móvil y diseñó un plan con Esperanza Aguirre: a los pocos días un periódico alemán dedicaba un reportaje a la aspirante a la alcaldía madrileña. Después fueron el Telegraph y la revista Newsweek, más tarde una televisión francesa, y antes del día D, el 24, ya hay preparados reportajes en el Wall Street Journal y la BBC. El efecto rebote en España ha sido espectacular. La mayoría de los medios han recogido los comentarios en el extranjero, y además tienen peticiones de entrevistas en Italia y países latinoamericanos.

Ha aportado a la precampaña un sofá inflable, tipo chester, que transporta una furgoneta de un lado a otro. Aguirre decide dónde bajarlo. Se coloca en la calle, en un parque, en una plaza, ella se sienta e invita a los transeúntes a que le transmitan sus impresiones. Hay cola. Da una larga cambiada cuando le preguntan por los casos de corrupción, recuerda que cesó fulminantemente a los cargos implicados en la Gürtel en cuanto tuvo indicios de delito. Reconoce en cambio que no "olió" que su hombre de confianza, Francisco Granados, no era trigo l impio. Da caña a su rival Manuela Carmena, aunque no dudó en pedirle disculpas cuando contó lo que no era cierto, que había accedido a la judicatura a través del cuarto turno. Pero se empecina en acusar a su marido de alzamiento de bienes aunque la candidata de Ahora Madrid (Podemos) lo niega tajantemente.

A pesar de su campaña heterodoxa y rompedora, Aguirre considera que su principal aval -además de su capacidad de hacer que la gente la sienta muy cercana- consiste en defender sin complejos los valores que han sido seña de identidad del PP, el derecho a la vida, la atención a las víctimas del terrorismo, ciertos principios morales que el ala más progresista del PP considera caducos … Con esa actitud, que no es hipócrita porque responde a la que ha mantenido siempre, en cierto sentido ha taponado el agujero por el que se escapaban centenares de miles de votantes del PP que, decepcionados por el Gobierno de Rajoy, se iban hacia Ciudadanos o hacia la abstención. Aguirre se convierte así en una especie de frasco de las esencia del PP mientras otros candidatos de su partido tratan de presentar una imagen más progresista.

No oculta que sus relaciones con Ana Botella, hoy, son casi inexistentes. Botella se sintió ofendida cuando Aguirre declaró que entre sus prioridades estaba acabar con la suciedad de Madrid. No le gustó que Aguirre dijera que ella había boicoteado a la gente de su equipo en las candidaturas a la Alcaldía y al Parlamento autonómico. Las relaciones con Rajoy, sin embargo, han cambiado. Y para bien. Lo que no significa que en el futuro no vuelvan a tener enfrentamientos, nunca en público. Al presidente le gusta cómo ha dado un vuelco a las encuestas, le asombra la campaña que está haciendo, y cuenta algún colaborador de Rajoy que le divierten algunas de las iniciativas de la que espera sea futura alcaldesa.

Siempre ha dicho lo que se le ha pasado por la cabeza sin pensar en sus consecuencias, sin considerar si provocaba un problema al partido o abría una polémica con algún dirigente del PP. Gallego, cuando era su directora de comunicación en el Gobierno madrileño, solía decir que mientras la mayoría de los jefes de prensa intentaban siempre que sus jefes o jefas salieran lo más posible en los medios de comunicación, ella en cambio se pasaba el día tratando de contener que la presidenta no fuera carne de cañón de los medios por declaraciones políticamente incorrectas.En esta campaña se la ve más cauta en sus declaraciones. Pero consigue ser noticia todos los días.

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