Andalucía

Un enemigo para toda la vida

  • Ángel y Marco Antonio, dos pacientes de un centro de rehabilitación, relatan su lucha contra el alcoholismo · La terapia hace hincapié en el riesgo de las recaídas

"Vivimos en un país donde el vino está considerado una cultura, pero es el enemigo para las personas como nosotros, con problemas de dependencia". Marco Antonio y su compañero Ángel son dos de los 56 pacientes de la Comunidad Terapéutica de Fadais en Los Palacios donde llevan ingresados desde hace siete y cinco meses y medio, respectivamente. Para los 677 ingresados en Andalucía este año, estos centros de rehabilitación constituyen los refugios donde poder encauzar su vida.

A las siete y media de la mañana comienza la jornada de rehabilitación en el centro. Después del desayuno se reparten las distintas tareas semanales. Siempre hay algo que hacer, ya sea preparar el almuerzo o tareas en la lavandería. Todo sirve para desconectar y evitar pensar en el alcohol. Su atracción es muy fuerte. Entre tarea y tarea, Marco Antonio y Ángel cuentan sus historias.

Granadino de 44 años, apenas contaba 15 cuando Marco Antonio se adentró en los paraísos artificiales proporcionados por el hachís y el alcohol. "Me juntaba con gente bastante mayor que yo y quería aparentar lo que en realidad no era. Me movía por sitios y a horarios que a esa edad no eran los más adecuados", se lamenta ahora. Esos ambientes y abrirle las puertas a la cocaína con 23 años descontrolaron su vida durante más de tres lustros. Como suele ocurrir en la mayoría de los casos, fueron unas amistades peligrosas las que lo llevaron a esos hábitos, mientras que un amigo de verdad le ofreció la solución a su problema al hablarle de la existencia del centro de rehabilitación.

La lucha contra el alcoholismo es más corta en el caso de Ángel. La adicción para este madrileño de 43 años comenzó hace ocho pero las consecuencias fueron las mismas. "Me volví mucho más solitario y no era consciente de que tenía un problema". Rectificar es de sabios. Un juicio por conducir bebido, en el caso de Ángel, y un par de "sustos" a manos del volante -dar positivo en un control de alcoholemia y estar a punto de sufrir un accidente- por parte de Marco Antonio, hicieron que ambos se dieran cuenta de la enfermedad que tenían. ¿La cura? La ayuda que reciben todos los días en la comunidad terapéutica de Los Palacios, bajo la tutela de la Consejería para la Igualdad.

La mayoría de los pacientes conviven con más de un problema de adicción. No es sólo el alcohol; ahí está su novia blanca: la cocaína. "Y también es posible encontrar casos de ludopatía, aunque no son muy frecuentes en este centro", afirma su director, Francisco Sánchez. Las terapias de drogadicción y de autoestima realizadas antes del almuerzo "permiten la reflexión y ayuda a apreciar lo que tenía y a darme cuenta de todo lo que he perdido", explica Ángel. Aparte de estas tareas, los propios pacientes se establecen su propia recuperación. Por ejemplo Marco Antonio escribe un diario con los problemas que, si no estuviera en rehabilitación, habrían desencadenado en una recaída. "Me gusta redactar las cosas y luego leerlas para determinar por qué se producen y la solución conveniente". Sin embargo, la familia, junto con el afán de recuperar los años perdidos, también es un factor importante a la hora de seguir adelante. "Mi ex mujer me ha ayudado mucho, porque también ha pasado por lo mismo, pero sobre todo cuento con mi hijo. Es el primero que me apoya", confiesa con nostalgia.

Las actividades de tiempo libre ocupan toda la tarde gracias a la cancha de baloncesto y el gimnasio. También hay talleres de pintura y una biblioteca. El ocio también lo encuentran fuera de los muros del centro, ya que una vez por semana los pacientes realizan una visita a la piscina pública de Los Palacios.

Tanto Ángel como Marco Antonio no se avergüenzan de su historia. Reconocen que tienen una enfermedad pero no se sienten inferiores a nadie. Ambos piensan en el futuro, una vez hayan terminado su rehabilitación. "Ahora mismo el alcohol es un mal recuerdo que me ha traído muchos problemas y aún estoy pagando las consecuencias", confiesa Ángel, dispuesto a realizar cursos de pintura, una afición recientemente descubierta.

Los cursos de Formación Profesional realizados también han permitido a Marco Antonio interesarse por nuevas aficiones. "Estoy apuntado a jardinería y hace tiempo realicé uno dedicado a internet". Tras hacerlo se ha comprado un ordenador para distraerse los fines de semana que puede ir a su casa y plantearse continuar su aprendizaje de la Red, "porque ahora mismo internet es como hace unos cuantos años saber leer: imprescindible".

Antes de dormir muchos pacientes aprovechan para pasear, fumar un cigarro o conversar con los monitores del centro. Pese al alivio que sienten al terminar la jornada sin consumir, todos los ingresados son conscientes de que sólo le han ganado un asalto a la adicción, una enemiga que tendrán al acecho toda la vida.

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