García-Palacios realza a la empresa como garantía de prosperidad y libertad
Acto de ingreso en la Academia de Ciencias Sociales y del Medio Ambiente de Andalucía
El presidente de Caja Rural del Sur resalta en su discurso el papel de las organizaciones empresariales como instrumentos legítimos de representación y servicio a la ciudadanía
Ingreso de José Luis García-Palacios en la Academia de Ciencias y del Medio Ambiente de Andalucía
“La empresa es la clave de bóveda que garantiza la prosperidad, el progreso y la libertad”. Una afirmación que resume el eje central del discurso de ingreso como académico numerario de José Luis García-Palacios Álvarez en la Academia de Ciencias Sociales y del Medio Ambiente de Andalucía. El empresario onubense ofreció una intervención marcada por la defensa del papel del empresario como motor del desarrollo económico y social, así como por una crítica al estereotipo que históricamente ha acompañado a esta figura.
A pesar de la adversa situación meteorológica en Sevilla, la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría registró una notable asistencia de representantes del ámbito empresarial, financiero e institucional. El discurso tuvo además un fuerte componente personal, al estar dedicado a la memoria de su padre, también académico, al que recordó como referente vital y profesional.
Durante su intervención, García-Palacios subrayó la contradicción que supone que quienes generan riqueza y empleo sean objeto de una narrativa que, a su juicio, ha tratado de desacreditar la figura del empresario. “Se ha construido una caricatura injusta e interesada que choca con la realidad del trabajo diario de quienes crean oportunidades”, afirmó.
Frente a lo que definió como sometimiento ideológico y propaganda persistente, defendió el pensamiento crítico como vía de emancipación: “Estos males se curan leyendo, viajando y siendo libres para pensar”, sostuvo, para añadir que la verdad acaba imponiéndose cuando se contrasta con los hechos.
Alertó asimismo del impacto de la desinformación en una sociedad dominada por la inmediatez y las redes sociales, donde “la deformación del mensaje termina perjudicando especialmente a los sectores más vulnerables al relato superficial”.
El nuevo académico invitó a imaginar una sociedad sin iniciativa privada, sin comercio ni servicios impulsados por autónomos y empresas, para evidenciar hasta qué punto la actividad empresarial resulta imprescindible. “La libertad de empresa es el principal indicador del progreso de toda sociedad”, señaló, advirtiendo de que su debilitamiento suele ser uno de los primeros objetivos de los modelos que aspiran a controlar la economía y la vida pública.
Desde esa premisa, defendió el papel de las organizaciones empresariales como instrumentos legítimos de representación y servicio a la ciudadanía. “Nuestra función es dar voz a quienes crean y distribuyen bienestar mediante su trabajo diario, sin mirar el color de los ojos a nadie”, afirmó.
En una segunda parte de su alocución, García-Palacios se refirió a la pluralidad de formas empresariales existentes en las democracias modernas y destacó especialmente el papel del cooperativismo como modelo eficaz de emprendimiento, sobre todo en el medio rural. Reivindicó su contribución histórica a la generación de oportunidades y lamentó que, en ocasiones, este modelo haya sido relegado a un segundo plano en el imaginario social.
También mostró su preocupación por el uso ideológico del lenguaje económico y social. A su juicio, expresiones como “economía social” han servido para desdibujar la verdadera naturaleza de la empresa. “Si algo tiene la economía por esencia es su dimensión social”, afirmó, advirtiendo del riesgo de renombrar conceptos para ocultar realidades.
Durante su discurso, abordó los desafíos vinculados a la política agraria, la energía y la soberanía alimentaria en Europa. Alertó sobre las consecuencias de haber relegado durante décadas sectores estratégicos y defendió la necesidad de mantener un equilibrio entre sostenibilidad, producción y seguridad jurídica. En este contexto, planteó interrogantes sobre si realmente se protege al agricultor y se garantiza el abastecimiento alimentario y la viabilidad del medio rural.
García-Palacios introdujo además una reflexión sobre ignorancia, desinformación y desconocimiento, subrayando la importancia de la voluntad individual para formarse y pensar con criterio. “Prefiero ser corregido y mejorar que vivir en el error creyendo que tengo razón”, recordó, citando a Sócrates.
El nuevo académico añadió a su intervención una apelación a la responsabilidad de la sociedad civil para que sigan caminos de convivencia, progreso y armonía social. “Las cosas son como son, sin dobleces”, remarcó, reafirmando su convicción de que solo desde la libertad, el esfuerzo y la iniciativa individual es posible construir sociedades más prósperas y cohesionadas.
En el tramo final de su intervención, García-Palacios quiso detenerse en un problema que definió como uno de los mayores desafíos medioambientales de la península ibérica: la denominada “seca” o decaimiento de la encina. Un fenómeno que, según explicó, se ha visto agravado por el desconocimiento social y la falta de respuestas eficaces desde las administraciones. El nuevo académico expresó su dolor personal ante la desaparición progresiva de miles de hectáreas de encinar y lamentó la sucesión de iniciativas que han quedado en meras declaraciones de intenciones.
A pesar de ello, defendió que existen métodos para paliar y revertir este proceso si se actúa con rigor científico, perseverancia y voluntad política. “La naturaleza es tan frágil como resiliente”, afirmó, subrayando que la solución pasa por responsabilidad, confianza y constancia. En este sentido, concluyó apelando al compromiso colectivo para proteger el entorno natural desde el conocimiento, la cooperación y el respeto.
“Ha sido un alegato en defensa de la dignidad de la vocación empresarial”
El encargado de dar respuesta al nuevo académico fue Javier González de Lara, quien definió la intervención de José Luis García-Palacios como un discurso “con alma”, alejado del mero ceremonial y construido desde la experiencia vital y profesional. A su juicio, el ingreso estuvo marcado por “conocimiento, rigor y claridad expositiva”, y se convirtió en “un alegato en defensa de la libertad y la dignidad de la vocación empresarial”.
González de Lara valoró especialmente que el eje de la exposición situara a la empresa como garante de prosperidad, progreso y libertad, en un contexto social que, según señaló, continúa condicionado por estereotipos y visiones distorsionadas de la actividad económica. En este punto, subrayó una de las ideas que consideró más relevantes: la necesidad de no cambiar el modelo productivo, sino de hacerlo más productivo, una reflexión que vinculó directamente con el papel que desempeñan las organizaciones empresariales.
El presidente de la CEA recordó que la actividad de estas entidades está amparada por la Constitución y defendió su función como instrumentos de representación de la iniciativa privada. “Nuestra tarea es la defensa de la libertad de empresa, de la iniciativa privada y de la libre competencia, y trabajar a favor del progreso que encarna la empresa como factor esencial de crecimiento y desarrollo”, afirmó, señalando que ese futuro es, en última instancia, “el de nuestros hijos y el de nuestra tierra”.
En su intervención, González de Lara reclamó un marco normativo que permita a la empresa desarrollar su función transformadora sin obstáculos innecesarios. “Para que la empresa transforme su entorno, necesita que la dejen hacer. Que, en lugar de poner palos en las ruedas, se legisle a favor de la iniciativa empresarial”, sostuvo, advirtiendo de que el exceso de cargas y obligaciones frena la capacidad de generar empleo y bienestar.
También se detuvo en el valor del cooperativismo como una expresión singular de la actividad empresarial y mostró su desacuerdo con que se identifique de forma simplista con el concepto de economía social. En este sentido, hizo suya una de las máximas expuestas en el discurso: “Si algo puro tiene la economía es su dimensión social”, una afirmación que, según indicó, desmonta los ataques a la empresa desde planteamientos que se presentan como progresistas. “No hay nada más progresista que ser empresario, porque la actividad empresarial genera desarrollo económico y social y amplía las oportunidades de futuro para todos”, añadió.
Por último, puso en valor el componente humano del discurso, especialmente en la referencia a los jóvenes y a la necesidad de educarlos en valores frente a la inmediatez y las relaciones virtuales. En este punto, coincidió en que corresponde a la sociedad civil asumir su responsabilidad para señalar caminos que conduzcan a mayores niveles de armonía social.
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