Un piropo a Granada con veinte años de vigencia
La visita del ex presidente de EEUU Bill Clinton a la ciudad nazarí en 1997 fue un hito en su proyección turística
Da igual que la frase la pronunciara en el mirador de San Nicolás o en el mirador de San Cristóbal. A estas alturas, que el ex presidente de EEUU Bill Clinton dijera que en el Albaicín había asistido a la "puesta de sol más maravillosa del mundo" sigue siendo el mejor regalo que Granada podía recibir de boca del cargo más poderoso del mundo. Veinte años después de aquel 9 de julio de 1997, la ciudad sigue recogiendo los frutos de aquellas palabras que consiguieron llevar el nombre de la capital andaluza por todo el mundo; de hecho, todavía hoy, hay quien pregunta por el cautivador mirador.
El viaje tuvo su origen en la madre de Hillary Clinton, esposa del presidente y candidata demócrata en las últimas elecciones de EEUU. La primavera anterior, el alcalde granadino, Gabriel Díaz Berbel (PP), recibió una petición del delegado del Gobierno, José Torres Hurtado, para que atendiera a la suegra del mandatario norteamericano. Estaba alojada en el Hotel Alhambra Palace, acompañada por un embajador marroquí que hacía de edecán, pero quería pasar inadvertida.
Díaz Berbel le mostró el Albaicín, la invitó a comer caracoles en la plaza Aliatar "y se lo pasó bomba". Cuando se iba le dijo al alcalde: "Pídeme lo que quieras". Díaz Berbel no desaprovechó la oportunidad. Sabía que Clinton iba a participar en la cumbre de la OTAN en Madrid en julio, por lo que le sugirió que le trasladara a su yerno, el presidente, que viniera a Granada. Y le contestó: "No se preocupe, que viene".
Nunca se pudo calcular el beneficio económico que supuso para la ciudad una visita en la que el Ayuntamiento sólo gastó 3.000 euros (entonces 500.000 pesetas). Díaz Berbel siempre dijo que hubo dos granadas turísticas, una antes y otra después de aquella visita.
La seguridad de la ciudad pasó el examen más importante de su historia. Los cuerpos y fuerzas de seguridad peinaron el subsuelo durante una semana, revisaron el río Darro y sellaron todas las alcantarillas de la capital. La intrahistoria fue de película. César Díaz era concejal de Protección y Seguridad Ciudadana. "Fue un momento apasionante, hay muchos mitos en relación a todo lo que mueve el presidente de EEUU... y son verdad", recuerda Díaz.
Veinte días antes, el equipo de comunicaciones de la Casa Blanca ocupó tres plantas del Hotel Center. Hubo que esperar a las tres de la tarde para que el tráfico permitiera maniobrar a la comitiva de tráilers. Un despliegue de película para que nada fallara en las cinco horas que Clinton pasó en Granada. Sólo un ejemplo: para la cena en el Palacio de los Córdova hubo que desalojar la habitación contigua (donde entonces se ubicaba el archivo histórico de la ciudad) para crear una sala de comunicaciones que tuviera conexión con el Pentágono y la Casa Blanca mediante un teléfono encriptado que permitía comunicarse con cualquier parte del mundo.
Puestos en todas las situaciones (incluida la de un posible atentado), se diseñaron rutas alternativas para llegar a un hospital lo más rápido posible. Todo salió a la perfección. Díaz recuerda con orgullo el certificado que la Casa Blanca le mandó agradeciendo la coordinación de los servicios de seguridad.
Hace 20 años, Antonio García ya era el secretario general de la Federación de Hostelería. "Con la perspectiva que dan los años podemos decir que fue un acontecimiento con un impacto descomunal. Fue una promoción impagable", opina García, quien cree que la imagen que proyecta de un destino un presidente de EEUU sólo es comparable a la del Papa.
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