Tlalaatala | Crítica de la exposición en el CAAC La década prodigiosa de José Luis Castillejo

  • Escritor, pensador y diplomático, Castillejo desarrolló en su silencioso trabajo artístico un intento, marcado por la abstracción, de buscarle otras posibilidades a las letras y a las palabras

'Composición con rojo, azul y amarillo' de la 'Exposición por correspondencia' del grupo ZAJ. 'Composición con rojo, azul y amarillo' de la 'Exposición por correspondencia' del grupo ZAJ.

'Composición con rojo, azul y amarillo' de la 'Exposición por correspondencia' del grupo ZAJ.

José Luis Castillejo (Sevilla, 1930 – Houston, 2014) pensó en 1977 hacer un libro sin letras, desletreado. En sus páginas blancas sólo habría huellas de luz, diversas en intensidad, ángulos de incidencia y horas del día. Abandonó el proyecto (la imprescindible fotografía era muy cara) pero nos dejó la idea: las páginas blancas del llamado Un Libro de un libro estimulan la memoria del lector (¿cuándo, dónde y con qué luz leí este o aquel libro?), impulsan (más que invitan) a escribir y sobre todo, son una liberación: el libro en blanco, la no-escritura, cuestiona cualquier escrito está y le opone que todo se pudo (o se puede) hacer de otro modo.

Nuestra cultura cristiana nos inscribe en una religión del libro (como la judía o la islámica). El escrito pasó de la Biblia a las verdades de fe e incluso se transfiere a la norma, la ley y la propia Constitución. Cuesta trabajo (o da miedo) situarse en un punto cero. Castillejo sabía que, sin apenas darnos cuenta, vivimos en las palabras y que éstas orientan pero también limitan. Su silencioso trabajo artístico buscó liberar a la escritura de todo riesgo de dominación

Castillejo nació en Sevilla e hizo el bachillerato entre Buenos Aires y Madrid, donde cursó Derecho. Completó sus estudios en Francia y Gran Bretaña e ingresó en la Escuela Diplomática. Ejerció la profesión en Argelia (años de rivalidad entre Ben Bella y Boumedienne), Washington, Alemania, Nigeria y Houston.

En Argel lo visitan Juan Hidalgo y Walter Marchetti, miembros de ZAJ. Había colaborado con ellos en Madrid. ZAJ hacía un inteligente arte postal, Conciertos por correspondencia, enviando por correo tarjetas con piezas musicales. Castillejo prefirió la Exposición por correspondencia: en la tarjeta la palabra sustituía a figuras o colores. Así lo hace en Composición con rojo, azul y amarillo de Mondrian.

Página de 'El libro de los errores'. Página de 'El libro de los errores'.

Página de 'El libro de los errores'.

En Argel comenzó una autobiografía, irónica y poética, y sobre todo ficticia ("la autobiografía real sólo es posible, decía, en el psicoanálisis o el cofesonario"). Hidalgo la leyó y lo animó a terminarla y publicarla. Titulada La caída del avión en el terreno baldío (1967), la integran hojas sueltas con palabras, frases (a veces pocas, aforismos) y signos gráficos.

Fue el punto de partida de una obra más audaz, que recoge la exposición del CAAC. El proyecto del libro sin letras, del que hablamos antes, fue la culminación de cuanto inició El libro de la i (1969) que intentaba dar a la letra un valor superior al de mero componente de la palabra. En el volumen se suceden las páginas, unas en blanco, otras sólo con la letra i en el centro. Una letra capaz de definir el espacio (quizá por ser eco de la figura humana), de sencillos componentes (palote y punto) y asociada, en inglés, al pronombre de primera persona.

Quizá por esto lo publicó en inglés, y también porque podía numerar las páginas con vocablos ingleses, los numerales en los que aparece la letra i. Poco después publica El libro de las diecinueve letras: proyecto de un alfabeto con orden alternativo al de la rutina memorística que agrupaba las letras por cadencias. Las series así construidas se ofrecían a la vista y también al recitado, siempre que el énfasis de cada letra se equilibrara con el que se diera a la serie.

Página de 'La caída del avión en el terreno baldío'. Página de 'La caída del avión en el terreno baldío'.

Página de 'La caída del avión en el terreno baldío'.

Hay en estas obras una doble abstracción. De un lado, separan a la letra de la palabra, e indirectamente a la palabra de su servidumbre al significado, para mostrar otras posibilidades. Castillejo pudo conocer en Gran Bretaña el debate sobre el lenguaje, las conferencias de Austin y los Cuadernos de Wittgenstein.

Fuera o no así, sus libros muestran una visión que, al contrario de lo que suele decirse, se acerca más a la pragmática del lenguaje que a la obsesión positivista por el significado. A esta atención sobre los usos del lenguaje, se une otra abstracción, la que vindica el valor plástico de la letra como grafismo. El libro de la letra (1972), jugando con la ambigüedad entre N y Z, reúne ambas abstracciones.

Pero hay otras escrituras, como la musical, y rasgos de la escritura que no son letras. De la primera se ocupa El libro de la notación: trazos, fragmentos de pentagrama, cruzados por una oblicua, memoria de la nota musical. El libro de los rincones y el de los errores se ocupan de rasgos de la escritura quizá en retroceso por los procesadores de texto: me refiero al añadido o la enmienda del manuscrito, hechos en bordes o rincones del papel, y la tachadura que siempre permite rescatar la palabra desechada. No publica estos últimos libros: los cede a la Staatsgalerie de Stuttgart, interesada en ellos.

Estas obras marcan la década prodigiosa de Castillejo como artista, escritor y pensador. Más tarde, casi en el cambio de siglo, retomó esta actividad. Obras también de interés pero quizá sin la frescura y la audacia derrochada en los años 70.

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