Desde mi córner

Luis Carlos Peris

De nuevo los viejos fantasmas

La derrota de Cartagena, más por la forma que por el fondo, ha hecho que reaparezcan los demonios familiares

24 de noviembre 2010 - 01:00

COLEA la derrota del Betis en Cartagena y parece que como si un ataque de desilusión se estuviera enseñoreando del beticismo. Desde luego, el tropiezo resultó doloroso más por la forma que por el fondo, mucho más por caer en el tramo final que por el comportamiento del equipo a lo largo del partido. Si se hubiese defendido con más cabeza en el tramo final, si el que ya tiene tarjeta y está obligado a medirse no se mide, si no se repara en que mientras más cerca del portero propio se juegue mayor será el riesgo y si en una jugada puntual no se comporta uno con profesionalidad resulta complicado llegar con bien a la orilla.

Está también la labor de un árbitro que no mide con idéntico rasero los comportamientos y la verdad es que en el caso del Betis ya eso no extraña. Acostumbrados ya a que el equipo verde, blanco y verde sea un barquito de papel en la mar océana no extraña, pero sí se debiera desde el desgobierno bético dar un puñetazo en la mesa adecuada. Tiene narices que en un año haya jugado el Betis tres veces con el Cartagena y que en dos de ellas termine con nueve hombres en cancha. ¿Tantas patadas da un equipo que no se caracteriza, precisamente, por su reciedumbre? Demasiadas expulsiones las que sufre y no parece que la cosa se mueva dentro de la lógica.

Se ha puesto el acento en la tarugada de Arzu en la media luna cuando todo discurría con unos apuros más artificiosos que reales. Pasa que no es la primera vez y que el nazareno no es, precisamente, un icono para el bético. Con esos modos resulta complicado ser gente en el fútbol profesional y quizá por eso, o sin quizá, Arzu no haya llegado más alto. La verdad es que en Cartagena reapareció un Betis que parecía arrumbado por el enorme trabajo de Pepe Mel y el desánimo ha vuelto. Se despertaron demasiados demonios familiares y eso pasa factura, pero los lamentos suelen empeorar las cosas y, qué caramba, el líder se sigue llamando Betis, Real Betis Balompié.

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