A dos metros de ti | Crítica Trampa de amor y enfermedad

Una imagen de la película. Una imagen de la película.

Una imagen de la película. / D. S.

Siento una especial repulsión por la utilización de la enfermedad para pellizcar el corazón de los espectadores. Y esta película lo hace. No me refiero a la tisis de Margarita Gautier o de los residentes en la montaña mágica de Mann, sino al sentimentalismo de telefilme. Esta películita del debutante Justin Baldoni, escrita por los malos guionistas Mikki Daughty y Tobias Iaconnis –malos no porque tenga algo contra ellos sino porque además de esta cosita escribieron el de La llorona–, trata del amor entre dos adolescentes cuyas graves enfermedades los obligan a vivir en un hospital y a no poder acercarse –de ahí el título– a menos de dos metros para evitar contagios.

Todas las historias secundarias –desde lo que imaginan para superar afectivamente esa distancia hasta la devastación que produce en los padres las enfermedades de los hijos o el rol de youtuber contadora de sus males (eso que llaman historias de superación) de ella– giran en torno a este núcleo único de amor y enfermedad. Llaman a esta explotación novelística –sobre todo para adolescentes y jóvenes– de la enfermedad o la muerte teñidas de sentimentalismo, amor, autoayuda y superación sick-lit (abreviatura en inglés de enfermedad y literatura), y a ella se ha apuntado con entusiasmo el cine.

Haley Lu Richardson (sólo recordable por Columbus pero redimible por su juventud) y Cole Sprouse (el que fue hijo fraudulento de Adam Sandler en Un papá genial, tal vez no redimible) hacen lo que pueden para convencer de la realidad de sus personajes. Pero no pueden. Las trampas son demasiado evidentes y la música les asfixia en mermelada.

Recomendable para sadomaso-románticos. No sorprende, vista la película, que su director se hiciera un nombre con una docuserie basada en entrevistas con enfermos terminalesMis últimos días, primero lanzada por YouTube y después emitida por la cadena CW– que tenía como lema "No hace falta para empezar a vivir saber que vas a morir"; y que interpretara la versión americana del culebrón venezolano Juana, la virgen. Esta mezcla de telerrealidad y melodrama lo explica todo. De aquellos polvos, este lodo.

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