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Susillo regresa a la Amargura

  • Enriqueta Vila entregó este martes a la hermandad la mascarilla mortuoria realizada al escultor tras su muerte.

Hace 121 años Antonio Susillo restauró a la Virgen de la Amargura tras el aparatoso incendio del paso de palio ocurrido en la Plaza de San Francisco. El más afamado escultor sevillano de aquel momento le haría a la Dolorosa unas nuevas manos, ya que las suyas habían sido consumidas por el fuego. Fue la primera y única aportación de Susillo a la Semana Santa sevillana. Tres años más tarde, el 22 de diciembre de 1896, con tan sólo 39 años de edad, el escultor se quitó la vida de un disparo. Uno de sus discípulos, Viriato Rull, realizó un vaciado en yeso del rostro del escultor tras su muerte. La mascarilla funeraria, desde hace 118 años, se la han ido transmitiendo los discípulos de Susillo y otros destacados miembros de la sociedad artística de la ciudad. Este martes, la mascarilla fue entregada por su última legataria, Enriqueta Vila, a la Hermandad de la Amargura, cerrándose el círculo iniciado en 1893 cuando Susillo realizó las manos de la Virgen de la Amargura.

La entrega de la mascarilla mortuoria se produjo durante un emotivo acto celebrado en la iglesia de San Juan de la Palma. Enriqueta Vila, hermana de la Amargura y directora de la Academia Sevillana de Buenas Letras, señaló que tras recibir la mascarilla de manos de José María de Mena y su mujer pensó que debía guardarse para siempre en San Juan de la Palma, cerca de la Virgen de la Amargura. Así se lo propuso al hermano mayor, José Luis del Pueyo, quien, como no podía ser de otro modo, acogió con entusiasmo el ofrecimiento: "Quiero darle las gracias a la hermandad por acoger la mascarilla de Susillo y al matrimonio Mena porque fueron ellos los que decidieron dejármela a mí".

Enriqueta Vila rememoró durante su intervención la vinculación de la familia Luca de Tena con el escultor fallecido y, muy especialmente, tuvo un recuerdo para el que fuera hermano mayor de la Amargura, Nicolás Carretero. La mascarilla se ha entregado junto con texto redactado por ella misma en la que se explica cómo se ha ido transmitiendo la pieza y que termina diciendo: "Donada a la Hermandad de la Amargura por inspiración de quien fuera su hermano mayor, don Nicolás Carretero".

En el acto de entrega también intervino el historiador Manuel Jesús Roldán, y el periodista Francisco Robles. Roldán leyó un cuento sobre el incendio del paso de la Dolorosa en la Plaza de San Francisco y la posterior intervención de Susillo. Robles disertó sobre la relación entre Susillo y la Amargura: "Susillo se detuvo en esta última pose. Ahí está su última escultura. Él huyó de este mundo porque estaba hundido en el poso y el pozo de la amargura. Hoy se cierra el trágico círculo de su vida. Su máscara, su persona, regresa a las manos que talló".

Por su parte, José María de Mena, destacó que Susillo "fue en su momento el más importante escultor de Europa".

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