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Cómics

La llamada de “lo salvaje”

  • La autora de este cómic rememora un importante pasaje de su infancia, mezclando realidad y ficción

Detalle de la portada.

Detalle de la portada.

La pequeña Vera tiene nueve años, le encanta plasmar con dibujos todo lo que se le ocurre, es su manera de aislarse de una realidad no demasiado feliz. Hija de un matrimonio roto, con la total ausencia del padre y una esforzada madre que se pasa el día trabajando y estudiando.

Tampoco es que tenga muchas amigas, ya que las únicas niñas a las que conoce la miran de reojo, ya que ellas tienen todos los juguetes y caprichos que se les antojan y Vera, por desgracia, no (o en todo caso, la versión más barata).

A todo esto sumémosle que la protagonista y su familia son rusos, con el consecuente choque cultural que debió de ser al adaptarse a las costumbres norteamericanas que, desde los tiempos de la Guerra Fría, miraban a los soviéticos con bastante desconfianza.

Los veranos siempre han sido sinónimo de soledad en ese parque desierto, con la única compañía de su hermano Phil, con el que tampoco es que tenga mucho en común.

Pero tal vez las cosas cambien desde el momento en el que Vera se entera de la existencia del O.P.P.A., un campamento de verano exclusivamente para niños rusos, por lo que ésta insistirá una y otra vez hasta que su sufrida madre pueda inscribirla el próximo verano, que va a ser el más diferente de su vida. Pero tal vez por razones que ella no puede aún a imaginar…

Y es que en este lugar, alejado del mundanal ruido, la pobre Vera se va a encontrar más sola y desvalida que nunca, ya que ni logra empatizar con sus compañeras de caseta, un dúo de niñas mayores que ella y que comparten nombre, Sasha; el ambiente le resulta de lo más hostil, con bichos que te pican constantemente, actividades que no le aportan nada y, sobre todo, las necesarias visitas a Hollywood… (y os aseguro que, en este caso, no se trata de la Meca de las estrellas del celuloide).

Estando así las cosas, esas dos semanas de estancia se van a convertir en un traumático infierno para Vera, que no logra integrarse, por varias razones, en el grupo de niñas, metiendo la pata una y otra vez. Para colmo de males, su propio hermano la ignora y vuelve la cabeza cuando ella busca su apoyo.

Entre dibujo y disgusto, Vera va contando los días que le quedan para que su madre venga a recogerla y regresar al hogar, a salvo de mosquitos y tábanos.

La única que la trata con amabilidad es su supervisora, Natasha, que no va a poder evitar el disgusto que se aproxima con la llegada de la madre de la niña, ya que, por temas laborales, va a tener que ampliar su estancia en ese lugar que odia.

Adaptarse o morir, qué le vamos a hacer. Poco a poco, Vera se propondrá el mejorar, y vaya si lo conseguirá, llegando a darse cuenta que la vida en el campo no es tan mala como ella pensaba. De hecho, por una serie de circunstancias que no os voy a contar se ganará el respeto y admiración de sus compañeras y hasta encontrará a una nueva y buena amiga entre el grupo de niñas.

Haciendo uso de sus recuerdos, unas pizcas de ficción y, sobre todo, de un muy buen humor, Vera Brosgol, la autora de este cómic, nos relata una historia en la que el título lo dice todo, ya que es una preparación para la vida, con todo lo bueno y malo que esta conlleva.

La expresividad de esta niña de grandes ojos, su alter ego en la ficción, hace que nos encariñemos con ella al instante, presentándola con sus virtudes y defectos (no evitará reírse del pobre Gregory, el Pupas del campamento, en un momento dado).

Una historia iniciática, de descubrimiento personal, que deparará un buen rato de lectura tanto a los jóvenes como a los más talluditos.

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