Retirada | Jueves Flamencos

Un buen aficionado

  • El coordinador del mítico ciclo Jueves Flamencos de la Fundación Cajasol anuncia su retirada

Inés Bacán, Diego Amador e Israel Galván en 'Tábula rasa', espectáculo estrenado en los Jueves en 2006. Inés Bacán, Diego Amador e Israel Galván en 'Tábula rasa', espectáculo estrenado en los Jueves en 2006.

Inés Bacán, Diego Amador e Israel Galván en 'Tábula rasa', espectáculo estrenado en los Jueves en 2006. / Grupo Joly

Manuel Herrera Rodas (Casariche, 1937), hasta ahora coordinador del ciclo Jueves Flamencos de la Fundación Cajasol, ha anunciado que lo deja. Con él se va toda una manera de entender y diseñar la programación jonda porque Herrera no ha sido solo el coordinador del ciclo sino que fue su creador y alma máter hasta hace unos días. El ciclo, que llegó la semana pasada al final de su 20ª temporada, no será el mismo sin Manuel Herrera. Gloria Ruiz Martín, subdirectora de la Fundación Cajasol, ha asegurado que la entidad seguirá apostando por los Jueves Flamencos. Pero, como decíamos, ya no será exactamente la misma forma de entender qué es un ciclo regular de flamenco en la ciudad de Sevilla. Los Jueves Flamencos no fueron la primera programación regular de arte jondo en nuestra ciudad pero sí que podemos decir que es la única que sobrevive al día de hoy, ya que Flamenco Viene del Sur se trasformó, hace unos años, en un ciclo de temporada, de febrero a mayo. Los Jueves Flamencos, que nació un par de temporadas más tarde que el ciclo del Central, sí que nos aseguraba, hasta ahora, que todos los jueves del año, excepto el periodo de vacaciones estivales, podíamos encontrar flamenco de calidad en nuestra ciudad.

Fueron muchas noches gloriosas, para los aficionados a lo jondo, las que el buen hacer de Herrera nos procuró. Aunque al ciclo le costó consolidarse: recuerdo algún concierto del primer año, concretamente uno de El Yunque, en el que el aforo apenas llegaba a la decena de personas. Pero pronto el público sevillano se reconoció en los Jueves Flamencos y desde hace años el número de abonados no hace sino crecer. El ciclo supo sobreponerse, incluso, a la desaparición como tal de Cajasol, la entidad bancaria que respaldaba económica y administrativamente los Jueves Flamencos, absorbida como saben por La Caixa. Este cambio supuso, asimismo, una mudanza de sede: de la antigua Joaquín Turina pasamos al marco actual de la Sala Cajasol. No obstante lo cual, la última crisis hizo mella en el presupuesto del ciclo y Herrera hubo de hacer malabares en la gestión para sacar punta de los pocos miles de euros con los que contaba cada año. Pero la profesión flamenca entendió la situación y se adaptó a las nuevas condiciones sin dudarlo un instante.

Míticos encuentros fueron: la resurrección para el mundo del arte del, desahuciado por muchos, Niño Miguel que, tras su aparición en el ciclo tuvo una segunda carrera artística. O estrenos de imborrable recuerdo como Tábula rasa de Israel Galván, una de las propuestas más inquietantes, radicales y dolorosamente bellas de la historia del flamenco. Tampoco se nos olvida el terrible costalazo que se dio Antonio Canales en uno de los primeros conciertos que se llevaron a cabo en la nueva sede de la calle Chicarreros. Después del accidente se acometieron algunas, muy necesarias, reformas del escenario. Todos los grandes de lo jondo han pasado por los Jueves Flamencos a lo largo de estos años: El Lebrijano, Menese, Agujetas, Cañizares … con las obvias excepciones por cuestiones de formato (Paco de Lucía, Enrique Morente y alguna más).

Con la marcha de Manuel Herrera se cumple un ciclo. Los Jueves Flamencos seguirán. Pero ya no serán la misma cosa que ha sido hasta ahora. La afición y la profesión flamenca seguiremos en deuda con este enorme aficionado que es Herrera. Hasta siempre maestro.

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