Apuntes del señor Dama | Crítica

Bohemia, agitación, misterio

  • La editorial gaditana Firmamento publica 'Apuntes del señor Dama', novela de tono humorístico y experimental sobre la bohemia muniquesa, obra de la excelente y poco frecuentada Franzeska zu Reventlow

Imagen de la escritora alemana Franziska zu Reventlow (Husum, 1871-Muralto, 1918)

Imagen de la escritora alemana Franziska zu Reventlow (Husum, 1871-Muralto, 1918)

El lector acaso ya conozca otras novelas de la condesa Franzisca zu Reventlow (o Von Reventlow), dueña de una escritura vibrante, humorística, sagaz, de acusada ligereza, cuyo valor de época es un añadido más que obra en nuestro favor, trayendo a la actualidad ciertos vectores del arte de primeros del XX que quizá hoy hayan quedado ocultos o desvanecidos por la acción del tiempo. Así pues, a las consabidas pulsiones freudianas que encontramos en El complejo de dinero y El largo adiós de Ellen Olestjerne (estupenda novela de “balneario”), donde un humor raudo y punzante hace ya moneda común del psicoanálisis, Apuntes del señor Dama (1913) añade la condición mistérica, cifrada, en argot, con un irónico rumor de secta, de la bohemia muniquesa, donde Reventlow quizá coincidiera con Emmy Hennigs, entonces en el Cabaret Simplizissimus y muy próxima a la formulación del Dadá.

Reventlow recoge el ambiente oscuro, vibrante y promisorio, de carácter sobrenatural, de la bohemia

Los personajes que aquí figuran, ocupados en una bohemia hermética y vertiginosa, son expresión de nombres reales, entre los que cabe destacar a Franz Hessel, tan admirado por Benjamin, Stefan George, Paul Sterne y la propia Reventlow, y todos bajo el influjo magnético de Bachofen y su matriarcado pagano, cuyo alcance teórico quizá pudiera rastrearse en Engels... Sea como fuere, es aquel ambiente, de una oscuridad vibrante y promisoria, de carácter sobrenatural (aquel ambiente que dará en centroeuropa la obra Leo Perutz, de Hugo von Hofmannsthal, de Kafka y Gustav Meyrink, creador de El Golem, y donde semitismo y antisemitismo giran, sin saberlo, letalmente, en el imaginario continental), es dicho ambiente, repito, el que aquí se reproduce, a modo de notas de un diario, donde la verdad se ofrece incompleta, enigmática y parpadeante, y donde lo real permanece indescifrado.

¿Se trata de una broma de la autora, de un juego literario donde se trasparecen sus días de bohemia, antes de la llegada de la Gran Guerra? No del todo. El paganismo que aquí se ofrece como salvación del mundo cultivado es aquel mismo que ya había ofrecido Nietzsche, tres décadas antes, como labio ilusorio donde se besan el orden y Dionisios. Y es este desorden aceptado y reglado, un desorden trasplantado a la bohemia, el que aquí se dramatiza, entre la comicidad, la laxitud y el misterio, al modo de una autobiografía convulsa e incompleta.

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