Bazar de ingenios | Crítica Clásicos y similares

  • La nueva edición ampliada de 'Bazar de ingenios' reúne los ensayos de Felipe Benítez Reyes sobre otros escritores, en los que muestra su forma lúcida y bienhumorada de cultivar la crítica

Felipe Benítez Reyes (Rota, Cádiz, 1960). Felipe Benítez Reyes (Rota, Cádiz, 1960).

Felipe Benítez Reyes (Rota, Cádiz, 1960).

Solía decir Umbral, con expresión debida a Julián Marías, que lo importante de un escritor era la calidad de página, una afirmación con la que se reivindicaba a sí mismo como artista cuya única preocupación era el estilo, al margen del género, la intención o el asunto. Se trata de una convicción discutible, porque incluso los más altos estilistas pueden caer en la banalidad o el artificio, pero dejando de lado otras implicaciones es cierto que hay autores capaces de brillar en todas y cada una de sus páginas. Lo peculiar de Felipe Benítez Reyes, sin duda uno de ellos, es que su escritura, tan cuidada, fluye siempre con absoluta naturalidad, aun cuando se someta a la disciplina del verso, responda a las exigencias de un desarrollo narrativo o se aplique a consignar sus impresiones sobre el mundo. O como aquí sobre otros escritores.

'Por la boca escribe el pez', collage del autor que ilustra la cubierta. 'Por la boca escribe el pez', collage del autor que ilustra la cubierta.

'Por la boca escribe el pez', collage del autor que ilustra la cubierta.

Los textos circunstanciales se elevan gracias a su manera, tan reconocible, a la categoría de jubilosa literatura

En este terreno, donde realmente lo borda, los lectores de Benítez Reyes disfrutamos hace poco de un libro inclasificable, El intruso honorífico, que pese a su singularidad o por causa de ella resume bien las cualidades de su mirada: la agudeza, la ironía, la inteligencia y una forma característica de trasladar los juicios o perplejidades como al paso, sin darse importancia. Desde su primera edición hace casi tres décadas, Bazar de ingenios –hubo también una segunda, casi secreta– se ha enriquecido con nuevos ensayos dedicados a "clásicos y similares", nacidos en buena parte de colaboraciones en prensa o revistas o de encargos circunstanciales pero elevados gracias a su manera, tan reconocible, a la categoría de jubilosa literatura. Algunos de los autores que figuran entre sus devociones como lector, así Nabokov, Eliot o Chesterton, aparecen representados con varios artículos, pero no hay en ellos, ni en los demás de la serie, una celebración acrítica, sino matizada, con argumentos no consabidos que no sólo están formulados con brillantez –y admirable buen humor– sino que parecen dictados, tanto los elogios como las reservas, desde una lucidez ajena a la complacencia. Camba o Borges, entre otros, se han añadido a un plantel en el que junto a los "espectros importantes" comparecen bastantes figuras de las llamadas menores, cuyos melancólicos retratos permiten definir al prosista Benítez Reyes como un maestro en el difícil arte de la semblanza.

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