Aíto García Reneses, 40 años en la cúspide
Casi 1.400 partidos en la Liga y la Copa en la primera categoría nacional jalonan la carrera de un técnico esencial que debutó el 13 de enero del 74.
Ya ha llovido desde el 13 de enero de 1974. Más de 40 años hace desde que Aíto García Reneses tomara el mando por primera vez de un equipo de la élite del baloncesto español, entonces llamada Liga Nacional hasta el nacimiento de la ACB en la campaña 83-84. Este madrileño que el pasado 20 de diciembre cumplió 67 años lleva al pie del cañón desde entonces en clubes de primer orden en España. Nada menos que 40 años en la cúspide, faltando únicamente en temporadas contadas: cinco. En la 90-91 y en la 91-92 ejerció de mánager general en el FC Barcelona; en la 97-98 tampoco dirige -Manel Comas se incorpora al Barça y dura unos meses, volviendo Aíto el ejercicio siguiente-, en la 02-03 y en la 11-12 disfruta de descanso, siendo ambas un impasse antes de llegar a la Penya en su segunda etapa y al Cajasol procedente de Málaga.
Por tanto, lleva 36 campañas al pie del cañón desde que con 27 años y 24 días se estrenara en la pista del Náutico de Santa Cruz de Tenerife, por cierto, dando la sorpresa por 81-84 con 34 puntos de Lorenzo Alocén, según la crónica del Mundo Deportivo del 14 de enero de 1974.
Historias puede contar el técnico madrileño de estas cuatro décadas en las que sólo pasó por cinco clubes: Círculo Católico de Badalona (73-74 a 82-83), Joventut (83-84 y 84-85; 03-04 a 07-08), Barcelona (85-86 a 89-90, 92-93 a 96-97, 98-99 a 01-02), Unicaja (08-09 a 10-11) y Cajasol (12-13 y 13-14).
Aíto, quien había compaginado labores de entrenador cuando era jugador del Barcelona y también de ayudante en la selección española juvenil, suplió en el banquillo del Círculo Católico -luego unido al patrocinador Cotonoficio- en aquel enero a la pareja formada por Guifré Gol, entonces jugador-técnico, y Jaume Berenguer. Y ya no paró.
La fe en el trabajo, el premio al esfuerzo, siempre ha estado presente en su filosofía, en su método. Para ello necesitaba ir de la mano con el presidente, el hombre fuerte del club o la directiva, que desde las altas esferas de cualquier entidad apoyaran cualquier decisión del entrenador por extraña que a veces pudiera parecer. Doménec Tallada fue esa figura en el Círculo Católico; en la Penya contó con la mano amiga de Francesc Cairó, en la primera etapa, y de Jordi Villacampa y Jordi Cairó, en la segunda, mientras que en el Barcelona José Luis Núñez, el presidente, no dudó en renovarlo tras el varapalo que supuso caer contra el Joventut en el Palau en las semifinales de la Copa del Rey en la primera campaña de Aíto como azulgrana. Entonces no estaba aún Salvador Alemany, que llevaría las riendas de la sección de baloncesto barcelonista a partir de la campaña siguiente.
En Málaga, en el único sitio donde fue destituido durante la temporada, no hubo demasiada concordia con los dos presidentes con los que coincidió, aunque sí con el director general, Berdi Pérez, y el deportivo, Juanma Rodríguez. Su relación en Sevilla con Juan Carlos Ollero, presidente hasta junio de 2013, fue excelente, igual que con Juan Llaneza, secretario técnico. Le gusta que todos vayan en el mismo barco, hacer equipo no sólo con la plantilla, también en los despachos.
Aboga igualmente por la paciencia, el sacrificio diario, la mejora individual como camino para la evolución colectiva. Es un hombre de proyectos y eso lo ha llevado a lucir un currículo fabuloso por más que sus detractores le echen en cara que no levantó una sola Copa de Europa/Euroliga cuando dirigía al Barcelona, que se topó, entre otros, con una generación balcánica magnífica reunida en la Jugoplastika. Aun así, desde que debutara en una época en la que el Baskonia todavía se escribía Vasconia, sus números lo dicen todo, empezando por los 1.263 encuentros entre Liga Nacional y la ACB que ha dirigido entre la fase regular y el play off, además del centenar de duelos de la Copa del Rey que aparece en su hoja de servicios. En la calle Iradier, sede la patronal de clubes, le cuentan 37 partidos ligueros menos y le quitan los tres coperos por decidir el madrileño tras la tercera jornada de la campaña 92-93 apartarse como ayudante y que Quim Costa fuese el primer entrenador del Barcelona, aunque en el fondo era Aíto el jefe a todas luces y sólo pretendía no exponerse a los medios en las ruedas de prensa en las que estaba obligado a comparecer como técnico principal.
La décima, esa cifra que tanto obsesiona al Real Madrid de fútbol, no agobia para nada a Aíto, que se quedó en nada menos que nueve títulos ligueros con el Barça, cinco coperos -cuatro con los azulgrana y uno con el Joventut-, tres subcampeonatos de la Euroliga, una Recopa, dos Korac, una Copa ULEB, una FIBA Eurocup... amén de la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Pekín con la selección española.
Casi todos sin apenas excepción han alabado el papel pedagógico del ilustre preparador con los jóvenes talentos. Habrá muchos que se quedaron en el camino o hicieron una buena carrera, pero no brillante, en el baloncesto profesional. Hay varios elegidos que los cinceló Aíto y los hizo debutar en categoría absoluta con 16-17 años a lo sumo: el primero fue Costa y después vino Andrés Jiménez -el jugador de Carmona fue con 14 años a una operación para captar talentos a Barcelona, no lo quisieron los grandes y el madrileño apostó por él- en el Círculo Católico; Rafa Jofresa, Rudy Fernández y Ricky Rubio, en el Joventut; Pau Gasol y Juan Carlos Navarro, en el Barcelona; Porzingis, cuya trayectoria tiene buena pinta, en Sevilla... Las cuatro décadas de Aíto en primera línea de batalla dan para un libro. O un serial.
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