Rugby | División de Honor El Ciencias, la vuelta de un clásico

  • El conjunto sevillano regresa a la élite nacional con una remozada plantilla y un modelo más profesionalizado

El rector de la UPO, Vicente Guzmán, y el presidente del Ciencias Cajasol Olavide, Marco Caruz, posan con el equipo. El rector de la UPO, Vicente Guzmán, y el presidente del Ciencias Cajasol Olavide, Marco Caruz, posan con el equipo.

El rector de la UPO, Vicente Guzmán, y el presidente del Ciencias Cajasol Olavide, Marco Caruz, posan con el equipo. / M.G.

Dos temporadas bregando en el barro tardó el Ciencias en regresar a la División de Honor, categoría a la que pertenece por historia y este año por derecho tras lograr la pasada campaña el ansiado ascenso. Campeón de liga (en dos ocasiones) y Copa del Rey (tres veces) en su día, el conjunto hispalense, ahora con Cajasol y la Universidad Pablo de Olavide como compañeros de viajes (junto a otros patrocinadores), ha aprendido de sus errores del pasado dando un giro completo a su modelo, pasando del amateurismo a una profesionalización de la plantilla que ha mirado a las Antípodas para, como primer objetivo, salvar la categoría.

Cuando la crisis azotó a las entidades deportivas y las ayudas y patrocinios se recortaron, el cuadro sevillano apostó por la cantera y jugadores de la casa. El experimento llevó al equipo a la División de Honor B y cuando ascendió bajó de nuevo, a pesar de competir en la mayoría de partidos. Pero el nivel de la máxima categoría y la segunda es como la noche y el día, de manera que el club se ha movido este verano renovando una plantilla que ha cambiado muchas caras con la idea clara de asentarse en la élite tras una última década de ascensos y descensos.

El Ciencias ha pasado de mirar a Argentina a enfocar a Oceanía. Prescindió de la media docena de jugadores argentinos que formaron el bloque del ascenso apostando por fichajes de las Antípodas y británicos en su mayoría, además de nacionales experimentados como Pablo Picabea, pilar que retorna al club científico tras un año jugando en Bélgica por motivos de estudios, el segunda línea de origen nigeriano Manolo Bobo, procedente de La Vila, y el medio de melé vallisoletano Ignacio Morchón, que llega desde el VRAC Quesos Entrepinares. A ellos se une también Javier Ustarroz, que vuelve tras varios años fuera.

La legión extranjera es amplia y muy variada: el pilar escocés Aaron Thompson; el talonador australiano Pihillip Bradford; el pilar samoano Patrick Tulafasa; el segunda línea australiano Tom Blake y el neozelandés Grayson Knapp; el tercera línea samoano Fagu Malloy; el apertura neozelandés Tomas Hanham-Carter; el centro tongano Sione Fifita; y el zaguero irlandés Conor Gaston.

La pasada semana el club, único andaluz en la División de Honor, anunció la incorporación de Sione Mafi, de Tonga, un jugador experimentado y que a sus 30 años ya sabe lo que es competir al máximo nivel en Australia.

Puede ser la excepción en cuanto a la veteranía, porque la mayoría de los fichajes coinciden en la juventud y el físico: muchos kilos este año para el Ciencias. El conjunto estará dirigido de nuevo por Manuel Mazo, que ha cruzado un verano con mucho trabajo entre la pretemporada y la confección del plantel. "El equipo está muy ilusionado y nuestro objetivo será mantenernos y alcanzar los 40 puntos para que nuestra vuelta sea firma y estable, para no retroceder”, afirmó el máximo responsable de la parcela técnica, para quien la ayuda de la UPO servirá para competir con más opciones ya que “la base de cualquier proyecto deportivo es la cantera".

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