Marko Marin disipa todas las dudas (4-1)

Liga europa

El Sevilla encarrila la clasificación para la fase de grupos ante un Slask que asustó hasta el descanso. Los riesgos adoptados por Emery se justificaron tras los golazos del alemán y la expulsión de Dudú.

Foto: Antonio Pizarro
Foto: Antonio Pizarro
Francisco José Ortega

Sevilla, 22 de agosto 2013 - 23:15

El colchón será mullido para el Sevilla en su visita de la próxima semana a Polonia. Y lo será gracias a la aparición estelar de un Marko Marin deslumbrante y también por una ventaja de tres goles sobre el Slask que se antoja casi milagrosa después del desarrollo de un primer periodo en el que los nervionenses corrieron más riesgos de los necesarios. Tantos que estuvieron por debajo en el marcador y, afortunadamente para ellos, no encajaron un segundo gol que hubiera sido letal gracias a las intervenciones de su guardameta, Beto. Pero el fútbol tiene estas cosas y la moneda, finalmente, le salió cara a Unai Emery, quien podrá respirar tranquilo a la vista del resultado final, pero que haría bien en reflexionar con autocrítica sobre ese planteamiento.

Porque el Sevilla, con todos los respetos hacia un buen Slask, es superior en calidad a este equipo polaco y tampoco es cuestión de igualar las cosas a través de unos riesgos que tal vez fueran exagerados desde la misma confección de la alineación inicial. Emery optó por introducir seis elementos nuevos respecto al debut liguero en busca del necesario refresco. Figueiras, Fernando Navarro, Kondogbia, Jairo, Rabello y Gameiro no habían sido titulares el domingo y esta vez sí figuraban en la alineación inicial de los blancos.

Hasta ahí todo normal, nada censurable en lo referente a la idea de evitar el cansancio, otra cosa sería con los hombres elegidos para ello. Porque el Sevilla se rompió rápidamente por el eje. Arriba tenía a Gameiro, Marko Marin, Rabello y Jairo, velocidad pura, sí, pero escaso control de la situación. Uno de los medios centro era Rakitic, futbolista eminentemente ofensivo también; el otro Kondogbia, aunque éste, quizá para bien de los locales, se quitó rápido de la pelea por unas molestias estomacales. Pero el colmo de todo es que los dos laterales también tienen mucha más predisposición a ser extremos que a ejercer de defensas. En una exageración, cabría apuntar que hasta Beto quería jugar el balón...

En una pizarra tal vez pueda funcionar un equipo así, incluso en la play station si se saben manejar los mandos, pero dentro de un campo de fútbol la realidad es tozuda y un buen equipo siempre se fundamenta en el equilibrio, en sentirse fuerte tanto en ataque como también en defensa, incluso con preponderancia para este segundo aspecto cuando aún se está en fase de construcción. Y no se puede negar que el Sevilla ya tendría la primera oportunidad clarísima apenas a los dos minutos cuando Gameiro se plantó delante de Gikiewicz e incluso en el minuto 5 llegaría un fuera de juego más que discutible que acabó con el balón en la red tras golpearlo Jairo.

Pero eso fue un espejismo, el Sevilla tenía balas arribas y era tremendamente peligroso cuando conectaba con ellas, pero carecía del más mínimo rigor a la hora de defender. Y en medio del desconcierto por el cambio que había pedido Kondogbia si que nadie se explicara muy bien por qué llegaría el gol del Slask. Un centro aparentemente sin peligro desde la derecha era cabeceado con todas las facilidades por Marco Paixao elevándose sobre su compatriota Figueiras.

El Sevilla quedó aturdido por el golpe y, pese a que Gameiro respondió pronto con una nueva oportunidad clara, vivió al borde del precipicio desde ese momento. Cierto que las oportunidades no escaseaban a la hora de acercarse al guardameta polaco. Paradón a Rakitic, remate cruzado de Rabello, oportunidad clarísima de Jairo, disparo de Marko Marin... Todo sucedía en el breve espacio de cinco minutos, pero la intranquilidad se apoderó de todo el sevillismo por el temor a que el castillo de naipes se viniera abajo, algo que impidió Beto, sobre todo tras un regalo de Figueiras a Plaku.

Era una verdadera ruleta rusa en la que estaba montado el cuadro sevillista cuando una falta de Stevanovic a Rabello iba a convertirse en el mejor bálsamo posible para volver a encajar los rostros en sus sitios. Rakitic lanzó hacia dentro, el balón se envenenó y nadie tocó la pelota antes de que entrara de manera directa en la red. El empate ya figuraba en el marcador y a partir de ahí debía reconstruirse el edificio. Iborra, además, llevaba ya un cuarto de hora en el campo y el valenciano demostraría que él sí, milagro, tiene conceptos defensivos a la hora de jugar al fútbol.

Aunque ni siquiera eso evitaría un par de nuevos sobresaltos de consideración antes de llegar al intermedio. Tiempo para que Emery repasara los conceptos con los suyos y para que la presión fuera mayor a la salida del balón por parte del Slask, porque ése es el primer eslabón de la cadena defensiva. Y aunque Beto tuvo que salvar un nuevo remate de Sobota, la jugada decisiva llegaría en un robo que acabó con un buen control de Jairo, quien fue derribado por Dudú cuando se dirigía en solitario hacia la portería polaca. Tarjeta roja con muchos minutos por delante y el calor se les vino encima a plomo a los polacos.

El conjunto de Emery, sin embargo, tuvo problemas para hacerse con el dominio del juego, pero entonces sí aparecieron sus individualidades arriba y llegó el momento de Marko Marin. Después de un robo de Iborra, el pequeño delantero alemán caracoleó por enésima vez en las inmediaciones del área y le pegó con el exterior a la red. La situación, definitivamente, había cambiado para bien para el Sevilla.

Los polacos ya era incapaces de salir de su cueva y era cuestión de tiempo que llegaran los goles. Primero fue a través de un córner rematado por Gameiro, después el segundo golazo de Marko Marin, quien dejó tirado al portero como si no fuera con él la cosa. El Sevilla había salvado una noche complicada e irá a Polonia con tres goles de ventaja. ¿Quién se lo iba a decir en el descanso? ...Pero Marko Marin juega de blanco.

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