Con Merino como con Mel

El Betis suma en los siete partidos de la segunda vuelta tres puntos menos que en la primera, ha ganado dos puestos y perdido un punto de colchón. El problema, el mismo: Eduardo Maciá.

Con Merino como con Mel
Con Merino como con Mel
Javier Mérida Sevilla

29 de febrero 2016 - 05:02

Tras siete partidos con Juan Merino al frente de la plantilla, los que van disputados de la segunda vuelta, casi dos meses después de ser destituido Pepe Mel, puede acudirse a factores cuantitativos tanto como a los cualitativos que la conclusión sobre los males que asuelan al Betis es la misma: el problema de este equipo (incluso habría que decir de este club) no es de entrenador.

Ya quedó suficientemente demostrado hace dos temporadas, cuando el técnico madrileño fue destituido y tanto Juan Carlos Garrido como Gabriel Humberto Calderón no hicieron sino empeorar su labor y enviar al equipo a los avernos con la connivencia del peor consejo de administración que jamás tuvo la entidad y que, el día de marras, capitaneaba José Antonio Bosch, el mismo que estos días es investigado por los donativos que tan gratuita y presuntamente concedió con los dineros del Betis por valor de casi medio millón de euros.

Pues este consejo, heredero de aquél tan nefando, entronizado por el mismo entorno y por sus palmeros, ha tropezado con la misma piedra: en lugar de fortalecer la figura de su entrenador frente a cierto grupúsculo de futbolistas mercenarios y traicioneros, lo ha fiado todo a aquel embaucador que llegó de Valencia para asumir la dirección deportiva y que aún se pasea por Sevilla y por Heliópolis sin que nadie le eche en cara los desmanes cometidos con una ingente cantidad de millones de euros. Eduardo Maciá, el principal culpable de que el primer equipo (del filial mejor no hablar) se halle en un sinvivir en la categoría, no ha sido capaz en invierno de enmendar los fallidos y sospechosos fichajes del verano.

De once a ocho puntos

Más allá de las sensaciones, que los chupatintas que mangonean en el club quieren ver mejores a la fuerza (de un mal central como Pezzella también se han leído y oído críticas positivas inasumibles para cualquiera que domine mínimamente el fútbol), la cuenta de resultados de Merino es inferior a la de Mel si se compara el mismo tramo de partidos por ambos disputados. Ocurre que los empates hasta que no hacen mella en la tabla clasificatoria se suelen ver bien.

El linense, en absoluto responsable de la mala marcha del equipo -más bien al contrario-, lleva siete partidos al frente del Betis y en ellos el equipo ha sumado ocho puntos, fruto de cinco empates (Villarreal, Real Madrid, Deportivo, Sporting y Rayo), una victoria (Valencia) y una derrota (Real Sociedad). Con la dificultad de visitar el Bernabéu y Mestalla, dos de los tres recintos peores para el Betis en su historia reciente y total, Mel sumó en esos siete partidos en la primera vuelta tres puntos más, es decir, once, fruto de tres victorias (Real Sociedad, Sporting y Rayo), dos empates (Villarreal y Valencia) y dos derrotas (Real Madrid y Deportivo).

El colchón similar

Si la hagiografía de la que se rodea el club para resaltar actos inocuos, batallitas empatadas y demás vendía hace dos días que con Merino el colchón de puntos sobre la zona de descenso había aumentado de cinco a seis -el único propósito era desprestigiar al anterior entrenador-, ahora resulta que el Betis, incapaz de ganar a los equipos de su Liga -con Mel arrasó en Segunda ante éstos y en este curso también sacó resultados positivos ante la mayoría-, ha visto cómo está un punto menos por encima de esa maldita barrera del descenso, es decir, a cuatro puntos.

Fichar por gastar

Si hace dos años, el Betis despilfarró 2,1 millones de euros en el fichaje de Leo Baptistao (aún hay 1,3 que no se sabe dónde fueron a parar), este invierno da la impresión de haber cometido un gasto innecesario en la contratación de Leandro Damiao, con tres delanteros en plantilla, e incluso con Montoya, inactivo igual que el primero pero que viene a jugar en una posición en la que ya estaban Molinero y, ocasionalmente, Cejudo, quien ante el Rayo disputó unos minutos como lateral y que en Osasuna lo hizo en más de una ocasión.

Empero, el Betis no ha reforzado el centro de la defensa, fiándolo todo a tres futbolistas, uno de ellos con evidentes problemas físicos, algunos arrastrados por su edad, Westermann, y otro con un nivel deportivo y competitivo que deja mucho que desear, Pezzella.

Musonda, el único refuerzo

De los nueve futbolistas firmados en verano y los tres de invierno, más de un equipo entero, sólo el joven Musonda ha elevado de forma significativa el nivel del Betis. Y, cabe reseñar, que aunque no fuese una petición de Mel sí que lo fue la de que le firmarán a un extremo que pudiese jugar por la izquierda y que tuviese velocidad y desborde, justo las características que adornan al menudo jugador belga. Es más, el técnico madrileño sólo solicitó en invierno ese tipo de futbolista -de hecho empezó a contar con Vadillo y hasta con el guadianesco de Kadir- y un central si acababa marchándose Jordi Figueras, descartado en principio pero a la postre por encima de Pezzella en sus preferencias, lo que da una idea del nivel del argentino.

Y Maciá, a verlas venir

Pese a que se especule que ha perdido poder en el club, un mes después del cierre del mercado Eduardo Maciá sigue en su cargo. La duda es si Ángel Haro pondrá pies en pared, recela de un despido millonario o aguarda a vender una permanencia indigna como un éxito para no despedirlo.

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