Messi cierra una temporada de fábula

Fútbol

Con su gol, clave para que el Barça conquistara su cuarta Liga de Campeones, el argentino cerró una temporada espectacular y le puso el broche a nueve meses que lo agigantaron como jugador.

Foto: Reuters
Sebastián Fest (Dpa)

Londres, 28 de mayo 2011 - 23:27

Tiró varios caños, gritó su gol como pocas veces en la vida, pateó un micrófono y voló sobre sus compañeros para celebrar el 3-1 del Barcelona ante el Manchester United. Leo Messi jugó 90 minutos en estado de felicidad permanente, rió como nunca en Wembley. Quizás porque lo hizo al final, y por eso, mejor. Con su gol, clave para que el Barça conquistara su cuarta Liga de Campeones, el argentino cerró una temporada de fábula y le puso el broche a nueve meses que lo agigantaron como jugador.

Las cifras marean. Sus 53 goles en 55 partidos de la temporada 2010/2011 le permitieron alcanzar y situarse a la par de Cristiano Ronaldo, aunque los de la Pulga fueron mucho más valiosos, porque sirvieron nada menos que para ganar una Champions League: basta con recordar los dos de la semifinal en el Bernabéu y el de hoy para destrabar la final y abrir el camino del triunfo en Wembley, 19 años después del misil de tiro libre de Koeman para la primera Champions azulgrana en el viejo Wembley.

Messi sigue haciendo un uso magistral de la gran clave del fútbol: el engaño. En la finaljugó suelto, sin posición definida. Ni abierto a la derecha como en sus inicios, ni de falso nueve. Bajó a armar jugadas, entró por el medio y enloqueció con diagonales desde la derecha. Fue omnipresente y persistente. Junto a su entrenador-protector, Josep Guardiola, ganaba la partida táctica otra vez.

Y eso que hasta tres hombres lo seguían, y eso que el surcoreano Park buscaba frenarlo antes de que se acercara al área, y eso que Vidic y Ferdinand lo tenían apuntado, tanto como el ecuatoriano Valencia, autor de alguna falta violenta sobre la ingobernable pulga. Y eso, también, que el primer tiempo se había cerrado con cierta inquietud para los españoles, que cuando dominaban el partido se encontraron con el golazo de Rooney y se fueron al vestuario con un 1-1 inesperado.

No importaba, porque el hombre diferente tenía el gol entre ceja y ceja. No estaba dispuesto a dejar pasar la oportunidad. Tras los primeros diez minutos de presión y juego asfixiante del Manchester, el Barcelona comenzó a encontrarse a sí mismo, lo que en buena parte significa que Messi entra en acción. Algún pase que no interpretó Pedro a tiempo, una pelota que despeja en el último suspiro Vidic, otra internada... Messi generaba peligro, también en la gran y nueva faceta que mostró esta temporada, la de notable asistidor.

Jugó toda la temporada con botas naranjas, pero esta vez estrenó amarillas. La magia fue la misma. Un caño a Valencia, que se lo devolvió al minuto con una patada. Otro caño a Vidic, el capitán, un rato después. Su vuelta al campo de juego tras el descanso fue a lo Messi. Iba con la camiseta entre los dientes y atándose el pantalón. Último, incluso después de los árbitros, lento y ausente, como si no hubiera nada en juego.

¿Ausente? Nada de eso. A los 54' los 87.695 espectadores vieron como Messi definía con comodidad a la izquierda de Van der Sar, un hombre que se retiró del fútbol con el argentino como némesis. De aquel cabezazo de Roma al tiro colocado de ahora: de Messi preferirá no acordarse. Si incluso fue una endiablada jugada del argentino enloqueciendo a Nani la que dio inicio al 3-1 notablemente convertido de rosca por Villa.

Messi, en cambio, se acordará de todo. De que convirtió en esta final su primer gol en Inglaterra, de que con 12 tantos igualó el récord para una temporada en la Champions que tenía Ruud van Nistelrooy desde la temporada 2002/2003, de que sólo él fue capaz, desde que en 1992 se creó la Liga de Campeones, de ser el máximo anotador en tres temporadas consecutivas. "¡Dale Leo, dale Leo!", gritó Guardiola cuando lo vio anotar. El templo de Wembley se rendía al Barça, y el Barça, de a poco, bien puede comenzar a pensar en un templo para Messi.

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