De esperanza a castigo

málaga | betis · el otro partido

Adrián debuta en un escenario que nunca le otorgó la posibilidad de un final feliz · Joaquín supo sonreír sin dañar

De esperanza a castigo
De esperanza a castigo
Daniel Lagos / Sevilla

30 de septiembre 2012 - 05:02

El Betis llegó a La Rosaleda para olvidar recuerdos amargos y abandonó el estadio malaguista con la certeza de que las circunstancias se rebelaron en una semana para el olvido. Ni el debut de Adrián vislumbró una luz que oscureció la derrota ante el Atlético y que ayer se convirtió en inexistente tras un nuevo golpe a una moral golpeada previamente.

Si ante el Atlético el Betis acusó el hecho de jugar con inferioridad numérica desde la expulsión de Perquis, ante el Málaga la evidencia volvió a poner a prueba a un equipo que nunca pudo enfrentarse a las adversidades desde que Casto decidió irse a los vestuarios.

Ni el cambio de piezas ni la tranquilidad del Málaga en el arranque del encuentro motivaron que el duelo diera un giro en su programación. Lo hizo una jugada que castigó todo el ideal del esquema de Pepe Mel.

Transcurrían diez minutos de juego. Las tablas invitaban a un joven Adrián a estrenarse como portero verdiblanco en la máxima categoría con todos los focos puestos sobre él. Retó a Joaquín con la mirada y le dijo que lanzara a su derecha. Esperó su momento y se lanzó hacia el lado equivocado hasta saber que el portuense había ganado la primera de las batallas que restaban, anotando por el mismo lado que Adrián había propuesto. El panorama se convertía en desolador. Adrián encaraba 80 minutos con un gol a sus espaldas y un hombre menos en su bando. Y enfrente, un eufórico Málaga.

Su rostro ya comenzó a ser consciente de que la media sonrisa viable se había convertido en una mirada temerosa. Un minuto antes, Salvador Agra era el sacrificado por Pepe Mel para dar entrada al canterano. El portugués era el salvado, el elegido para no formar parte de un suplicio que sólo podía evitar una parada del hombre que había entrado en el terreno de juego. Y no fue así.

Pero la tarde de Adrián le otorgó una oportunidad. Con Fabricio en el punto de mira de Mel tras sus errores en el inicio liguero y con Casto nuevamente cuestionado por su fallo en la salida, el canterano pudo transformar una pesadilla en suya, un castigo en la opción de gritar a su técnico que quizás es el hombre destinado a solucionar carencias. Intervino ante Sebas Fernández con acierto y evitó lo que pudo ser una goleada mayor.

La cara enemiga tenía en Joaquín su nombre propio. La expulsión de Casto convirtió el escenario en ideal para sus filigranas y su penalti contuvo una emoción que reflejaba la satisfacción de un triunfo fabricado con antelación.

Un penalti que marcó todo el choque. Un duelo cara a cara que tuvo como vencedor a Joaquín y como perdedores a nueve futbolistas que sufrirían el peor castigo posible, el de la impotencia.

Adrián, mientras, fabricaba halagos con paradas en una dinámica que tenía por condena una goleada obligada. Su nombre entró en juego en el peor escenario posible, pero su atrevimiento encendió la única luz que pudo brillar en verdiblanco en La Rosaleda. La de un castigado que quiso soñar con ganarse otra oportunidad.

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