Fragmentos
Juan Ruesga Navarro
Una nueva generación, un mundo nuevo
Betis | celta · el otro partido
Después de una hora y cuarto de tedio, esperpento o como se quiera calificar lo expuesto por los heliopolitanos ante un equipo en puestos de descenso, después de tirar entre los tres palos por primera vez en el minuto 77 y de jugar con uno menos, después de todo, el Betis empezó a jugar. Dio para sacar un empate... y gracias, porque la empanada mental, o más bien gallega, de los sevillanos aburrió a propios y extraños, espectadores y televidentes.
Tuvo que salir Juande para cambiarlo todo. Fue el auténtico revulsivo del partido. Le dio un nuevo giro al partido sin tocar el balón. Roja directa en medio minuto. Hasta entonces, el conjunto de Tapia andaba por el campo pensando en empanadas, percebes o en cualquier cosa excepto en el encuentro. Así, en 15 minutos de sopor la afición ya estaba pitando a los suyos, pero incluso se aburrió de hacerlo. Los pitos despertaban a cualquiera menos a los futbolistas verdiblancos, que caminaban en el césped a ritmo de veteranos. Incluso Rodri, el único que no se dedicaba a soñar, se bajó las medias para intentar emular a un grande de esto, Gordillo, que de estar en el campo probablemente hubiese dado varias carreras más que alguno de los que había en el campo.
En el minuto 15 empezaron los pitos. En el 23, más pitos: el antepenúltimo, jugando al toque, se pone 0-1 con otro penalti de esos tan absurdos de los que regala el Betis. Como en la Copa del Rey ante el Córdoba, otro de esos duelos soporíferos en Heliópolis. Ese día no tocaba empanada, sino salmorejo. Entonces el revulsivo de Antonio Tapia fue Melli. Penalti, expulsión y gol de Pepe Díaz. La jugada fue completa.
Al descanso, más pitos, claro. En el 71, bronca para Juande, y eso que esta vez fue revulsivo. Seguramente no siguió las instrucciones del técnico, pero cambió el signo del partido con su autoexpulsión. Y es que este Betis se crece en inferioridad numérica. Contra el líder Cartagena aguantó tirando de heroicidad con dos menos; con el Hércules perdió, pero estuvo a punto de ganar y jugó mejor cuando Sunny dejó el terreno de juego.
Como quiera que Tapia no ha encontrado la fórmula de hacer jugar este Betis, la solución parece clara: contra las empanadas... expulsiones, y a tirar de épica. El problema es que usa el tópico no siempre da sus frutos. Después de tirar 75 minutos, es difícil arreglar el desaguisado en apenas 15.
Sergio salvó un puntito, que puede ser hasta bueno visto lo visto, pero que no evita que el Betis alargue su mala racha en la Liga (un triunfo en los últimos siete choques), en casa (no gana desde el 13 de septiembre, al Recreativo) y con la televisión (ni se recuerda el último partido que alguien vio ganar al Betis sin pagar el pay per view). El delantero sí salvó una sonora pitada al final, que se quedó a medias entre los que no se cansan de reclamar algo más y los desencantados que dan esto ya por imposible. No sólo se contagia la gripe A en el Betis, también la apatía de unos futbolistas que alcanza a la gente a la grada. Eso sí que es contagiable en Heliópolis, y no el famoso virus que atacó a parte del plantel.
El próximo fin de semana toca viajar a Elche. Allí hay paella. Quizás con la empanada del Celta haya sido suficiente para empacharse de aburrimiento, pitos de tu propia afición y de hacer el ridículo. Si peca de gula, el camino al ascenso durará algo más que los mencionados nueve meses; si redime sus pecados, la indigestión de empanada puede ser hasta buena.
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