Lo natural y lo artificial desde Pekín

Olimpismo

En su segunda participación en unos Juegos, el sevillano Antonio Reina basó su táctica en la concentración

Lo natural y lo artificial desde Pekín
Lo natural y lo artificial desde Pekín
Miguel Lasida / Sevilla

01 de octubre 2008 - 05:02

Entre otras cosas, el atleta sevillano Antonio Reina podrá un día presumir contando a sus nietos que estuvo en los Juegos Olímpicos de Pekín. Que fue testigo del momento en el que se decía que China escenificaba el inicio de una era de apogeo.

Al dragón chino se le ven los humos saliéndole del hocico. Para algo ha servido organizar unos Juegos, no va a ser todo sumar más medallas que nadie. Rodeado de nietos, Antonio Reina podrá entonces rememorar que estuvo presente en aquel resurgimiento de la civilización china, una civilización capaz incluso de domesticar a la naturaleza.

"Me sorprendió la facilidad con la que los chinos cambiaban la meteorología. Cuando llegamos a Pekín había una neblina con la que no se veía nada. Era bastante incómoda. Según dijeron, esparcieron nitrato de plata por el cielo. En unos días empezó a llover. La atmósfera quedó limpísima".

En eso dicen que consiste precisamente la civilización: en reemplazar lo natural por lo artificial en las cosas comunes de la vida. Lo natural es que llueva cuando Dios quiera; lo artificial, que lo haga cuando lo dicta el nitrato de plata. A tenor de las pertinaces sequías que por aquí menudean, nuestra civilización no debe estar lejos del estadio del si-Dios-quiere. Sin nitratos y sin plata; sobre todo eso, sin metales, aquí no hay más que rascar que de lo natural.

Pero cuando sólo se obtienen sofocos de lo natural, tartanes en mal estado, ayudas económicas más que ínfimas, el deportista ha de acudir a los artificios. Antonio Reina, por ejemplo, acudió a lo mental. "Estuve muy concentrado. Apenas fui de turismo por Pekín. Fui a los Juegos a competir y las pruebas de atletismo quedan al final. Tampoco fui a ver ninguna competición en directo: ni a Nadal, ni al baloncesto, ni al balonmano… No me dio tiempo. Al ser nuestra competición de las últimas, preferí dedicarme a entrenar y seguir concentrado".

Lo natural no es más que una variante de lo mental, dijo una vez Pessoa. En eso se emperra Antonio, en acudir a su propia mirada mental de la naturaleza circundante: los favores que recibe en España el fútbol con respecto al resto de deportes. "El deporte rey podrá ser el fútbol, pero el atletismo es el rey de los deportes. Pese al poco apoyo que recibimos los atletas de aquí, la importancia del atletismo es evidente. Nada más hay que ver qué se deja para el final de unos Juegos Olímpicos, el mayor evento deportivo. Ahí el fútbol no es nada".

Otra de artificios: el regateo. Esa afición tan querida por los chinos y que es la opción mental del hablar natural y sin dobleces: "Los tenderos del Mercado de la Seda se frotaban las manos cuando veían llegar a los extranjeros. Una vez estábamos en pleno proceso de regateo por unas zapatillas, los tenderos chinos, de repente, dejaron de atendernos y dijeron con gestos que nos alejáramos. Luego lo entendimos: vimos a un grupo de deportistas americanos llegar. Se las metían dobladas. A ellos les podían sacar más dinero que a nosotros".

El equipo español de atletismo iba a una. Y por si hizo falta ayuda, los atletas se toparon en Pekín con un reportero de TVE, Amat Carceller, que se convirtió en el querido enemigo necesario. Sus ya célebres preguntas al tuétano del deportista fueron el punto de apoyo de la comitiva española. "No entiendo a algunos periodistas. ¿Cómo se puede preguntar a [Rubén] Palomeque, por ejemplo, que si 'alguien puede hacerlo peor que tú'? ¡Y eso, recién acabada tu carrera! Los atletas terminamos a muchas pulsaciones por minuto. Y no estamos para escuchar tonterías. En mi opinión, los periodistas deberían informar en la zona mixta y aportar el análisis más tarde. El periodista Carceller consiguió que todos los atletas hiciéramos piña contra él. Nunca estuvimos tan unidos".

La unión y el afecto, según cuentan los olímpicos sevillanos, fueron predominantes en el seno de la delegación española. Da Vinci fue quien dijo que el amor era una cosa mental. Otro artificio, vamos. Igual que la percepción de la naturaleza, del nitrato, de la plata y del resto de metales.

Con poca esperanza de un salto de calidad en la naturaleza del atletismo local, será cosa de volver a acudir a lo mental en los siguientes Juegos. Creérselo y recreérselo, como el más valioso artificio mental. Ahora bien, seguro que en Londres 2012 no necesitarán nitrato de plata para que llueva. Ah, la naturaleza. Ah, la civilización.

stats