Análisis

Un Gobierno para mandar

  • Pedro Sánchez ha vuelto a mutar, esta vez hacia la madurez, el equilibrio y la sensatez

  • El nuevo Ejecutivo está pensado y lanza mensajes de tranquilidad a Europa y los mercados

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Ha sido un Gobierno sorpresa. Pedro Sánchez ha vuelto a mutar. Esta vez, por fin, hacia la madurez, el equilibrio, la estabilidad y la sensatez. Es un Gobierno pensado, de diseño, tras el que se vislumbra la mano maestra de Iván Redondo, su consultor de cabecera y actual responsable del Gabinete de Presidencia. Los objetivos y principios rectores del diseño del nuevo Gobierno son la estabilidad y el europeísmo, la integridad territorial, la modernidad progresista y social, y ganar la confianza de Europa, de la comunidad financiera y de los ciudadanos. La verdad es que lo ha conseguido, a la vista de las declaraciones de los líderes políticos y empresariales y de los medios de comunicación nacionales y europeos.

Los nombramientos como ministros de Josep Borrell, Nadia Calviño, y Luis Planas, que han ocupado altos cargos en la UE, son un mensaje de europeísmo y compromiso con la estabilidad presupuestaria y los objetivos de Bruselas. La respuesta de los mercados financieros ha sido positiva. El mensaje es claro: España es un socio fiable, maduro, responsable. España aporta certidumbre y estabilidad a una Europa incierta y en crisis. España no es Italia.

La confianza y la certidumbre vienen fundamentadas por el buen hacer, el perfil profesional y la dilatada experiencia pública y privada de los nuevos ministros. De hecho, el que menos experiencia tiene es Pedro Sánchez. Pero quizás esta sea una de sus virtudes: rodearse de colaboradores que saben y tienen más experiencia que él. La firme apuesta por la integridad territorial viene avalada por el nombramiento de Josep Borrell como ministro de Exteriores y de Margarita Robles como ministra de Defensa, matizada por la vocación dialogante de la ministra de Administración Territorial, Meritxell Batet. El progresismo social se manifiesta en la composición mayoritariamente femenina del Gobierno y en el énfasis puesto en la igualdad con el nombramiento de Carmen Calvo como vicepresidenta y ministra de Igualdad. El equilibrio territorial se evidencia con el nombramiento como ministros de personas y cargos procedentes de varias comunidades. Y por fin, el toque de espectáculo y glamour se consigue con el nombramiento de los ministros de Ciencia y Cultura. Un Gobierno transversal y polivalente, un cóctel perfecto. Un Gobierno electoral para perdurar, llegar y ganar. Concluyendo, la música es buena, pero debemos de conocer la letra de los hechos.

El calvario

La labor del Gobierno hasta las próximas elecciones no será fácil. Pablo Iglesias ha vaticinado que será un calvario. El partido Popular por despecho, Ciudadanos por desubicación y Podemos por frustración van a ir a matar. Aunque el principal calvario de Pedro Sánchez será Cataluña. ¿Puede el nuevo Gobierno agotar la legislatura ganando votos para las próximas elecciones? Es lo que pretende Pedro Sánchez. No es un Gobierno transitorio, es un Gobierno para ganar. Así se lo ha trasmitido a los nuevos ministros. Ha sido el argumento para persuadirles y conseguir su participación, abandonando los importantes puestos que ocupaban.

Pedro Sánchez sabe que no puede abordar las grandes reformas de su programa antes de las elecciones. Sería suicida intentarlo con 84 escaños y la oposición en contra. Perdería la confianza de Bruselas y de los mercados financieros, y podría provocar una involución de la economía. Sería un desgaste enorme sin ningún rédito como compensación. La reforma laboral y la reforma de las pensiones, y probablemente también la reforma de la financiación autonómica, quedarán para la próxima legislatura. Lo cual tranquilizará a Bruselas y a los mercados financieros. A lo sumo tratará de introducir ligeros retoques, pero no se enfrentará a su derogación. La aceptación de los Presupuestos Generales del Estado elaborados por el PP es un claro indicio de esta estrategia. Los Presupuestos Generales del Estado para 2018 marcan el límite para las políticas que impliquen más gasto. La nueva ministra de Hacienda se ha apresurado a decir que no habrá a corto plazo subida de impuestos y que se centrará en la elaboración de los presupuestos para 2019.

Llegar y ganar

Se anunciarán y proclamarán grandes reformas, pero no se ejecutarán antes de las próximas elecciones. A lo sumo se intentará introducir pequeños retoques en la reforma laboral para intentar reducir alguno de sus efectos negativos, pero en ningún caso se abordará su derogación La reforma de las pensiones se remitirá a la Comisión del Pacto de Toledo y la Reforma Laboral a la negociación y consenso con sindicatos y empresarios. Si la debilidad del Gobierno Popular había llevado a la parálisis de las reformas estructurales pendientes, con más motivo lo hará el Partido Socialista, con menos escaños. Las palabras que más se van a oír en los dos próximos años van a ser las de diálogo, participación y consenso, hasta que lleguen la próximas elecciones. Lo cual no quiere decir que el nuevo Gobierno va a permanecer inactivo. Podrá acometer todas aquellas políticas que no impliquen más gasto público, así como las políticas sociales y de igualdad: transición energética, ley del cambio climático, agenda digital, ley mordaza, ley de igualdad salarial, negociación de la nueva PAC etc.

Pedro Sánchez va a intentar llegar a las próximas elecciones apoyándose en la inercia de crecimiento y creación de empleo que le ha dejado el partido Popular. Con una previsión de crecimiento del PIB por encima del 2% para los dos próximos años, España puede seguir creando empleo y mejorar los salarios. Un crecimiento que se va a debilitar a medida que los vientos de cola dejen de impulsar la economía: subida de los tipos de interés, encarecimiento del petróleo, fortaleza del euro y debilitamiento del turismo. España no cumplirá este año con el objetivo de déficit público del 2,2% del PIB marcado por Bruselas, independientemente del cambio de Gobierno. El objetivo de Pedro Sánchez es no aumentar la desviación prevista del 0,4% y quedarse por debajo del 3% del PIB, límite del déficit excesivo. De esta manera, aunque inmerecidamente, podría llegar a las próximas elecciones afirmando que fue el Gobierno socialista quien sacó a España de la lista de países incumplidores por déficit excesivo, tras diez años de incumplimiento. Con un buen marketing, toques cosméticos e ingeniería social, sin interferir demasiado y dejando que respire la economía, el nuevo Gobierno socialista podría llegar a las próximas elecciones como candidato ganador. Los problemas de fondo de productividad y competitividad, creación de empleo, pensiones y sostenibilidad de la economía de bienestar quedarían pendientes para una nueva legislatura, en la confianza de que antes no se haya acabado el ciclo de crecimiento.

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