Los beneficiarios del subsidio siguen en descenso
La falta de trabajo hace que se recrudezca la picaresca para cobrar el paro · Asaja aboga por "racionalizar" el modelo
El subsidio agrario y el Plan de Empleo Rural (PER) siguen en la picota, como demuestran las declaraciones del dirigente de CiU Josep Antoni Duran Lleida abogando por su desaparición.
"La subvención a la industria catalana del automóvil es de 800 millones y puede afectar a entre 30 y 50.000 personas; el PER (obras en los pueblos que se computan como peonadas para que los trabajadores puedan obtener el subsidio) cuesta 142 millones en Andalucía y puede beneficiar a unas 500.000 personas; además, evita el éxodo a centros urbanos y la entrada masiva de inmigración extranjera", afirma Antonio Perianes, de Comisiones Obreras.
El subsidio tiene un coste mayor (711 millones en 2009), y su razón de ser es dotar de un modelo de paro a un sector de alta temporalidad como el del campo. Son beneficiarios, en Andalucía y Extremadura, 145.400 personas, y el número ha ido descendiendo desde 2000, cuando eran 224.200. El éxodo hacia la construcción y la edad avanzada de los jornaleros ha facilitado este descenso, que ha continuado, aunque a menor ritmo, incluso cuando la ocupación ha crecido.
Antonio Perianes no tiene dudas de que la tendencia se invertirá. Y más teniendo en cuenta que el Gobierno, con motivo del temporal, ha reducido el número de peonadas necesarias para acceder al subsidio de 35 a 20. Un trabajador del campo que hace uso de este instrumento recibe 427 euros al mes, el 75% del salario mínimo, durante seis meses. "En el sector de los cítricos ya había verdadero nerviosismo, porque los trabajadores veían que no llegaban a las 35", dice Marcos.
En el sector, empresarios y trabajadores coinciden en que el subsidio es necesario. Pero Asaja, por ejemplo, aboga por una mayor racionalidad. "No tiene sentido que se aplique de la misma forma en la Vega del Guadalquivir, una zona de cierta prosperidad y donde hay trabajo, que en otras más deprimidas", afirma Felipe Gayoso
También propone un mayor control. El subsidio sigue siendo una excusa para la picaresca, que en situaciones de necesidad como la actual se acentúa más. Diego Cañamero, secretario general del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), asegura que la situación de necesidad es tan en algunos casos que se han llegado a comprar peonadas. El SAT es partidario de que no se cumpla el requisito de hacer peonadas para tener el subsidio, y de incorporar cursos de formación que cualifiquen al trabajador.
En otros casos, ya sea por iniciativa del empresario o del trabajador, la vía de ingresos es doble: por un lado, cumple con el requisito legal de hacer las 35 peonadas (ó 20, ahora) y, cuando supera esa cifra, deja de declararlas a la Seguridad Social. El empleado trabaja y al mismo tiempo cobra el subsidio. "Si Andalucía se declararan las personas que realmente se trabajan, serían muchísimas más", admite una fuente del sector. Otra táctica es inscribir la peonada a nombre de otra persona, un familiar, por ejemplo. Conclusión: Plan de Empleo Rural sí, pero racional y con más control.
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