Elecciones municipales

La Feria de Sevilla se politiza

  • Las reglas del juego cambian y, tras arrancar el PP su campaña en su caseta, Vox pidió el voto bajo la portada.¿Es una estrategia para hacer ruido o una maniobra mal calibrada?

Los líderes de Vox, en la portada de la Feria. Los líderes de Vox, en la portada de la Feria.

Los líderes de Vox, en la portada de la Feria. / José Ángel García

Comentarios 7

Las diez convocatorias de elecciones municipales que se han sucedido en la etapa democrática han tenido lugar entre los meses de abril y junio. Dos de ellas, la de 1983 y la de 2011, han coincidido de lleno con la celebración de la Feria de Sevilla. Todas prácticamente han rozado la fiesta en el calendario, pero, hasta esta campaña electoral, ninguna había entrado entrado en el real. Esta semana ha ocurrido. El PP celebró en la noche del jueves su acto de arranque de la campaña electoral en su caseta de Feria, pidió el voto y sonó una bulería. Y horas después Vox anunció un acto para el viernes debajo de la portada.

No era una recepción más de las que los partidos políticos acostumbran a hacer en el real (este sábado hay una en la caseta del PCA para la candidatura de Adelante Sevilla, entre otros colectivos). Ni sólo un posado de la candidata de Vox a la Alcaldía y el presidente del grupo de Vox en el Parlamento de Andalucía con sus compañeros de partido en Madrid. Cristina Peláez y Francisco Serrano hicieron de anfitriones, eso sí, después del oportuno canutazo para pedir el voto

Vox se reivindicó como “el voto útil” porque “cambia gobiernos y da voz a muchos españoles que no tendrían voz de otra manera”, toda vez que también rechazó la encuesta publicada este jueves por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) que ve “precocinada y aliñada por las cocinas de José Félix Tezanos”, apuntó el diputado Iván Espinosa de los Monteros. Un auténtico despacho de actualidad política que apuntilló la alcaldable del Vox pidiendo “el voto valiente de quienes no se dejan amedrentar por encuestas que intentan condicionar al electorado”.

Beltrán Pérez, subido a una silla, da su mítin en la caseta. Beltrán Pérez, subido a una silla, da su mítin en la caseta.

Beltrán Pérez, subido a una silla, da su mítin en la caseta. / Pepo Herrera / Efe

La política nunca había pisado el albero de esta forma y no precisamente porque a ningún político, ni de antes ni de ahora, se le haya pasado por alto que es un escenario ideal. Una ciudad efímera de luces y farolillos donde se compran y se venden vanidades con la mayor alegría. La Feria marcó la campaña de las elecciones municipales de 1983, las segundas de la democracia y fue entonces cuando todos los partidos (PSOE, AP-PDP-UL, PSA-PA y CDS) acordaron suspender los mítines y darse una semana de tregua en la que simplemente atendieron entrevistas y se dejaron ver por el real de caseta en caseta. Y así se ha mantenido a lo largo de los últimos 36 años. 

Pero una cosa es convocar para dar una copa en una caseta de Feria y otra hacerlo para pedir el voto. Las recepciones son momentos de convivencia donde incluso partidos de distinto color se mezclan y posan sin mayor problema. Valga una anécdota. ¿Han visto en las redes sociales el vídeo de Juan Espadas y Susana Díaz bailando las sevillanas que cantaba José Manuel Soto? El cantante no se sitúa precisamente en el mismo espectro político que los socialistas. Y hasta arrancó algún estribillo con una letra elogiosa hacia el alcalde. Cosas de la Feria, que no debe entender de política. 

Por eso, el uso electoral de la Feria molesta a muchos sectores en la ciudad. ¿Hay una estrategia de politización detrás del acto de campaña de Beltrán Pérez? La convocatoria en la caseta ya dibujaba un acto de pequeño formato y un ambiente festivo, claro. ¿Es eso lo que se pretendía? ¿O simplemente ha sido una maniobra mal calibrada? No hay (no debe haber) munícipe que no conozca bien las ordenanzas y las de la Feria dejan claro que no se puede hacer publicidad, de ningún género, en el real, incluido el primer módulo de la caseta que, siendo de titularidad privada, obtiene licencia de uso por parte del Ayuntamiento para uso y disfrute exclusivamente lúdico. 

Y muchos pensarán que el PP ha dado un mítin y no ha pasado nada. La Junta Electoral de Zona tomó conocimiento del acto y no lo prohibió. Lo que sí ha impedido, mediante una resolución del 6 de mayo, es el reparto de paquetes con un pin de la portada de la Feria 2019 junto a una postal con la imagen del candidato a la Alcaldía del PP en el que aparece el eslogan de campaña. Un merchandising electoral que, sin duda, utiliza la imagen de la Feria. Y eso es lo que han afeado partidos políticos como el PSOE y Ciudadanos obteniendo por respuesta agrias acusaciones. El PP, para defenderse de lo que considera “un acoso” por parte del gobierno municipal, atacó comparando al equipo de Espadas con el Gobierno de Venezuela. Y, apuntando hacia Ciudadanos, le criticó que convocase su acto en un local sin licencias.   

Pin de la portada con propaganda del PP. Pin de la portada con propaganda del PP.

Pin de la portada con propaganda del PP.

Y de repente la campaña empezó a oler a fango, mientras tanto en las filas del PSOE como en las del PP, paradójicamente, se reivindicaba una campaña limpia y moderada donde se primen las propuestas y las ideas. Quizás sea un simple episodio, una táctica mal calculada, pero lo cierto es que ha sentado un precedente y aún quedan horas de Feria para poder organizar algún que otro mitin. De momento no hay constancia.

La Feria ha sido a lo largo de las últimas décadas un gran escaparate electoral. En algunas ediciones la relación de políticos que se han lucido por el real ha resultado interminable. Ocurrió en 1995, donde convivieron en armonía Manuel Chaves, Diego Valderas, Amparo Rubiales, Alejandro Rojas Marcos, Soledad Becerril, José Rodríguez de la Borbolla, Luis Pizarro, Javier Arenas... Y se repitió en 2007, año en el que la precampaña a las municipales se inició con mucha antelación, lo que tensó una campaña marcada con el temor a la abstención pues la jornada electoral coincidió con la Romería del Rocío. En estas ferias se habló, es seguro, mucho de política. Pero, de nuevo, eso es una cosa y pedir el voto otra.

Como anécdota, en 2007 Juan Ignacio Zoido, candidato del PP, en su estrategia de cerco a su principal rival, Alfredo Sánchez Monteseirín, retó al socialista a un debate en televisión o radio “o incluso en un plató montado en la Feria”, llegó a decir esos días. Tras la fiesta los debates llegaron y en uno de ellos Zoido dio un giro a la campaña al resucitar el fantasma de las facturas falsas. Ese año Zoido ganó las elecciones, pero no gobernó por una nueva alianza de la izquierda.

En 2011, antes de abrirse la campaña electoral, el PSOE denunció la colgadura de banderolas del PP en el entorno de la Feria. Un acto con el que se incumplían las ordenanzas municipales y también la propia ley electoral, pues no era aún el plazo de pedir el voto. ¿Fue juego sucio o un error como se alegó?

Para dirimir en estos casos están las juntas electorales. Pero, cuando no media denuncia, hay unas líneas rojas muy delgadas. Los logos de los partidos están en las pañoletas y en el interior de las casetas de estas organizaciones. Y por el real, repartidos o no, se ven abanicos con siglas políticas. Esta semana han popularizado la marca Adelante Sevilla que, además, ha editado y repartido una guía para saber cómo actuar en caso de acoso a la mujer en la Feria. Una buena iniciativa, que ya el año pasado realizó una asociación pero que este año lleva el marchamo de la coalición de izquierdas. ¿Eso es sancionable? Depende de que se considere que con ello se pide el voto o se promueve alguna candidatura.

Hay reglas del juego no escritas y eso no lo entienden todos los partidos por igual. ¿Qué ha cambiado? El ex alcalde Manuel del Valle, uno de los políticos que acordó esa tregua electoral en Feria en 1983, advierte que el principal cambio son las personas.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios