El salto a la reja en la romería del Rocío de 2018

Más de ocho horas y media de procesión con la Virgen del Rocío

  • La Blanca Paloma estuvo acompañada en todo momento por miles de personas

  • Un recorrido hermoso en el que se sucedieron salves, vivas y petaladas con las sevillanas

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Hay un último adiós, un último beso que sale del corazón del romero en esa despedida cuando a la Virgen del Rocío la acoge la concha peregrina de su santuario y traspasa el dintel de su casa. Es una doble sensación, de alegría por estar con Ella, disfrutando de la música de su campanario, de las flores y las palmas que retumban en las marismas cuando el paso está arriba. Junto a esa otra sensación de nostalgia que produce el adiós. Un adiós que es un hasta luego, por tantas visitas que recibe durante el año y más en este que será un tanto especial con la próxima salida del 8 de septiembre, con ocasión de la apertura del Centenario de la Coronación Canónica.

La Virgen del Rocío llenó de ilusión durante más de ocho horas y media los corazones del pueblo de Almonte y de los miles de peregrinos que vienen de todas partes acompañando a las 121 hermandades filiales, a las que visitó en su procesión que va de Huévar hasta Moguer. Lucía flores blancas y amarillas, el color de la bandera del Vaticano, en recuerdo de la visita de San Juan Pablo II al santuario, de lo que hará ahora 25 años.

Los almonteños ya rodean a la Virgen agarrados al paso. Los almonteños ya rodean a la Virgen agarrados al paso.

Los almonteños ya rodean a la Virgen agarrados al paso. / Álvaro Ochoa

Este año fue todo más rápido, desde una adelantada salida que se produjo a las tres menos diez de la mañana, lo que llevó consigo también que el recorrido por la aldea se adelantara con respecto a la hora que se le esperaba en los últimos años. Ocurre que aunque la procesión no tiene horas fijas, sí viene ofreciendo unos horarios que orientan a todos en El Rocío. Igualmente, en anteriores ocasiones cuando la Virgen sale dos veces en el mismo año por una efemérides, como ocurrirá a final del verano, la duración de la procesión se acorta.

Este año, al menos, así ha ocurrido y la Virgen estuvo en la calle algo más de ocho horas y media, tras entrar a las 11:30. Una hora y media menos de procesión que en la pasada romería; aunque igualmente colmó los corazones de cuantos acudieron a verla.

En El Real se vivieron momentos intensos de fervor en la casa de las camaristas, donde cantó Rocío Ojuelos; cerca del Monumento a la Coronación atestado de peregrinos, que tenían aquí una tribuna privilegiada. La llegada a Huelva se produjo minutos antes de las siete de la mañana, a las 6:56 enfilaba hacia su casa para la tradicional petalada. La mañana empezaba a clarear, muy distinto a los últimos años, cuando aquí ya el sol había levantado. En la aldea había un banco de niebla que dibujaba al sol como un gran círculo de cristal, el día despuntaría más tarde.

En la explanada de Gines repican las campanas de sus torres, donde hay una sucesión de simpecados. Uno de tras de otro en una larga fila, hay que visitarlos todos. Los brazos en alto, los curas arriba quieren que la Virgen se acerque; ellos también reflejan la emoción de sus pueblos en el deseo de tener a la Virgen por unos momentos como si estuviesen en su casa. Una salve se enlaza con otra. Es el afecto a la Madre de Dios, como se expresa al finalizar todos los vivas.

La Virgen por las calles de la aldea La Virgen por las calles de la aldea

La Virgen por las calles de la aldea / H.I

Los brazos siguen en alto pidiendo que se acerque, la Virgen navega en este mar inmenso de romeros que acuden a estar con Ella. Es media mañana en El Rocío, se escuchan algunos cohetes de despedida de comitivas que emprenden el camino de vuelta tras estar con la Virgen; hay otros simpecados que tras el encuentro con la Blanca Paloma permanecen ya en las capillas de sus casas. La gente va y viene en la aldea, hay quienes ya esperan en la ermita el regreso del paso; se escuchan palmas.

Las huellas de que esta ha sido una romería distinta está en los charcos de agua de las calles, después del buen chaparrón del sábado todavía se puede ver en la tierra empapada.

El sol despierta este día gris a las once menos cuarto, todo va haciendo presagiar que a la procesión le queda poco. A las once ya está el paso saliendo de la calle Moguer después de una petalada, una más de las muchas recibidas a lo largo del recorrido.

Los repechos de la calle no son buenos compañeros de la procesión, obligan en más de una ocasión a que el paso esté abajo, a pesar de que se ha ampliado la mesa de las andas y caben más portadores. Las palmas animan a que todo siga, que se levante el paso de la Blanca Paloma y la procesión va culminando su itinerario.

Moguer que está feliz por sus 300 años de Rocío, lo es más en este momento con la presencia de la Virgen en su puerta. Las visitas a las filiales han terminado y en ese trayecto hacia Almonte, donde le cantará Requiebros, el paso en esos movimientos que nadie controla se dirige hacia El Real. La Virgen mira hacia el Monumento a la Coronación Canónica, parece como un guiño a aquel acontecimiento del que se celebrará su centenario y se habla ya de su salida el día 8.

En la explanada del santuario todo el empeño es llegar hasta los balcones para la petalada; hay palmas cuando el paso lo consigue. Todos sienten la cercanía del final de la procesión, el repique de campanas pone la música en el regreso. A las 11:30 la Virgen del Rocío vuelve a cruzar el dintel de su ermita y llega hasta el altar para posarse en él y cantarse la salve de despedida y llevarse para casa el Rocío de la gracia.

La Virgen del Rocío ante la Hermandad de Huelva La Virgen del Rocío ante la Hermandad de Huelva

La Virgen del Rocío ante la Hermandad de Huelva / H.I

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