Pablo García Baena

"San Juan de la Cruz y Góngora son las dos cimas en las que he bebido"

  • El poeta entrega su obra a los demás. A veces le parece una poesía pura con las impurezas del amor, otras veces piensa que tiene la impresión de que nada de eso merece la pena. Pero sigue siendo obra esencial en la poesía contemporánea.

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Pablo García Baena (Córdoba, 1921) es hoy uno de los más grandes poetas españoles, tras una lúcida y fecunda trayectoria. Fue uno de los artífices de Cántico, la mítica revista que dio origen a ese grupo de poetas en Córdoba, junto a Juan Bernier, Ricardo Molina, Julio Aumente, Mario López y otros. Su obra, publicada durante más de 60 años, se recopiló en Poesía completa (Visor, 2008). Es director emérito del Centro Andaluz de las Letras. Recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras (1984) y el Reina Sofía (2008) por su trayectoria. También es Hijo Predilecto de Andalucía (1988) y Premio Andalucía de las Letras (1992).

-En 2008 se publicó su Poesía Completa. ¿Sigue escribiendo poemas?

-Estoy preparando un libro. Tengo casi la mitad escrito, pero mi labor es muy lenta. No sé cuándo lo publicaré.

-A sus 90 años…

-Quiero aclarar que ya los he cumplido. En mi primera antología había una errata y ponía que nací en 1923. Ese error se ha repetido después en las biografías. Yo nací el 29 de junio de 1921, así que el próximo mes de junio, si llego, cumpliré 91.

-Seguro que llega, y a más. Le preguntaba que a sus 90 años ¿cómo valora su obra?

-Yo no la valoro. El poeta entrega su obra a los demás. A veces me parece una poesía alta, pura, con las impurezas del amor. A veces, en otros días negros, tengo la impresión de que nada de eso merece la pena.

-Pues está considerado como uno de los mejores poetas andaluces del siglo XX.

-Lo he oído muchas veces, y más exagerado aún. Bueno, que te pongan ahí con Juan Ramón, Luis Cernuda y otros grandes poetas me da un poco de reparo, lo veo con humildad.

-¿La revista Cántico es un mito en la poesía española?

-Cántico tuvo sus etapas. Fue de esplendor en su primera época. Poetas como Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso y Gerardo Diego escribieron elogios en la aparición de la revista. Luego pasó un purgatorio de varios años. Algunos poetas la abandonan porque la revista no iba con la poesía social, que tomaba fuerza. Hay un cambio de rumbo. Es un tiempo de revalorización de la poesía social del Norte. Hay olvido del Sur. Eso origina decepción y van abandonando todos. Menos Ricardo Molina, infatigable.

-Se ha visto Cántico como un puente que enlazó con la Generación del 27…

-Lo que hace Cántico es una recuperación del lenguaje, que se había empobrecido. El esplendor luminoso y trágico de Lorca, el clasicismo de Cernuda, el alto magisterio del lenguaje depurado de Juan Ramón, estaban inservibles en el desván. Cántico intenta conectar. No crea un lenguaje de piedras preciosas, sino de escoger la palabra exacta. Por el contrario, los poetas de la revista Garcilaso están en un lenguaje imperial, Quevedo era su favorito, y con el ideal falso del imperio de la dictadura.

-¿San Juan de la Cruz y Góngora son sus dos grandes referentes históricos?

-San Juan de la Cruz y Góngora son dos cimas inalcanzables de la poesía en las que he bebido y los he leído mucho. San Juan de la Cruz y Góngora son los dos grandes poetas españoles.  

-¿Y Luis Cernuda es su referente más cercano?

-Cernuda me influyó mucho en un tiempo y se refleja en mi poesía. Pero el conocimiento más detallado, por biografías y por lo que me contaron amigos suyos, me dio una idea de él no demasiado acorde con mi manera de ver la vida. Aunque admiro su obra. Pero el gran poeta del siglo XX es Juan Ramón.

-¿Cuál es el mejor libro de Pablo García Baena?

-Me parece que el libro que abre la puerta es Antiguo muchacho, que es de 1950. Un libro muy terminado, muy trabajado, es Fieles guirnaldas fugitivas (1990). Y el que prefiero es Antes que el tiempo acabe (1978).

-¿Y si tuviera que elegir su mejor poema?

-Todos son mis hijos… Pero si tuviera que salvar uno sería Viernes Santo, del libro Antes que el tiempo acabe. Ahí están los dos canales que nutren mi poesía: la religiosidad en la Pasión de Cristo, y la otra pasión, la sensual, llevada al erotismo.

-Ya que ha citado la Pasión y en estas fechas. ¿Cómo ve ahora la Semana Santa?

-Veo la Semana Santa casi como la veía de niño con mis padres en un balcón, cuando iba a las procesiones en Córdoba. La veo con interés. Estoy de acuerdo con unas cosas y con otras no. Pero la Semana Santa no son las cofradías. Es la Pasión de Cristo. Es el Evangelio de San Juan. Es el martirio de un hombre por sus ideales… El día que triunfa con las palmas ya está ahí la muerte.

-¿Cómo la vive?

-Como buen andaluz, tengo mis cofradías. La imagen que veía con mi madre (la Virgen de los Dolores de Córdoba) hace que se me salten las lágrimas y hay otras que no me interesan nada. Además de Córdoba, yo he vivido la Semana Santa en Málaga. También he estado en Sevilla, incluso conozco la de Valladolid y la de Lorca. Pero ahora selecciono mucho.

-Usted estuvo en la fundación de una cofradía…

-La cofradía del Remedio de Ánimas, de Córdoba, la refundamos unos amigos. Decían que era la cofradía de Cántico. Aunque había algunos, tampoco era así. Juan Bernier era ajeno a ese mundo y Ricardo Molina estaba vinculado a  Puente Genil.

-¿Qué piensa de los cofrades que pregonan?

-Llamarlo pregón me parece un disparate. Al mío de la Semana Santa de Córdoba yo no le puse ese título. No entiendo que cofrades sin bagaje literario se pongan a pregonar. Pero hay de todo. En Sevilla, me pareció espléndido el de Romero Murube y, más reciente, el de Carlos Colón. El de Antonio Burgos no lo conozco, pero es un fino catador de eso y supongo que lo haría bien.

-¿Por qué regresó a Córdoba después de vivir tantos años en Málaga?

-Viví casi 40 años en Málaga. Córdoba es siempre cerrada, severa con sus hijos, se enamora de lo de fuera y admira poco lo propio. En los años 60, cuando iba a veranear, veía a Málaga como una isla de libertad. Con Pepe de Miguel abrimos una tienda de antigüedades en Torremolinos, que en aquella época era el centro del turismo internacional y deslumbraba a los jóvenes. Fueron años muy buenos. En Málaga tengo una lista interminable de amigos. Aunque también volvía a Córdoba.

-¿Qué le queda por hacer?

-Nunca me he propuesto hacer nada. Como decía Machado, que las olas me lleven y me traigan… A mi edad, lo que me propongo, y lo tengo, es una vida tranquila, con un buen libro, unos amigos, charla; y también con una compañera inseparable que es la soledad.

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