Fernando Martín Sajuán | Arquitecto

“Salvar la fachada no basta para preservar el espíritu de un lugar”

  • Desde su Écija natal, ciudad histórica y monumental, se ha convertido en uno de los referentes en intervención en edificios históricos

  • Acaba de recibir en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, el IX Premio Rafael Manzano a la Nueva Arquitectura Tradicional

  • Más allá del hormigón, destaca por una arquitectura vernácula y culta

El arquitecto Fernando Martín Sanjuán, que ha recibido el Premio Rafael Manzano a la Nueva Arquitectura Tradicional 2020. El arquitecto Fernando Martín Sanjuán, que ha recibido el Premio Rafael Manzano a la Nueva Arquitectura Tradicional 2020.

El arquitecto Fernando Martín Sanjuán, que ha recibido el Premio Rafael Manzano a la Nueva Arquitectura Tradicional 2020. / M. G.

Fernando Martín Sanjuán (Écija, 1949) estudió arquitectura en Barcelona. Se inició en el ejercicio profesional como socio de Antonio López de la Osa, en La Coruña. De regreso al Sur, con los arquitectos Javier Madero y José Oliva trabajó durante el siglo XX en proyectos de todo tipo por toda Andalucía. Aunque en los últimos años ha destacado como especialista en intervenciones en edificios históricos, sobre todo en su Écija natal, una trayectoria por la que ha recibido en Madrid el Premio Rafael Manzano de Nueva Arquitectura Tradicional 2020, organizado por la International Network of Traditional Building Architecture and Urbanism, con el patrocinio del mecenas norteamericano Richard Driehaus.

–Dicen de usted que es un arquitecto que rehúye del personalismo, que prefiere ser el eslabón necesario entre el pasado de un edificio histórico y el futuro. ¿Qué supone este premio para alguien así?.

–Las intervenciones sobre el patrimonio arquitectónico en una ciudad histórica son comprometidas, porque lo será siempre el resultado, ya que cada edificio pertenece a un puzle urbano heredado y que debemos transmitir. No son momentos de personalismos sino de aplicar el mejor criterio, oficio y prudencia, en un intento de hacer la labor de eslabón, a la que se refiere. El Premio Rafael Manzano de Nueva Arquitectura Tradicional es importantísimo para mí por lo que significa como máximo galardón en mi carrera y para la divulgación de Écija.

–Pero parece que sí que está dejando sello, ¿cuál es, cómo se plantea su trabajo?.

–Mi intención ha sido la de trabajar con rigor sobre la ciudad previa. Mi ciudad, Astigi, fue uno de los cuatro conventos jurídicos de la Bética Romana, con Gades, Hispalis y Corduba. Es un lugar de referencia en la historia que contiene gran cantidad de edificios que, como decía Solá-Morales, debemos considerar supervivientes a los que hay que dejar hablar. De acuerdo con sus ensayos, el siglo XIX fue un escenario de debates entre teorías “ruskinianas”, que no consideraban dar aliento al edificio superviviente y preferían la vía de la ruina de tintes románticos con criterios de pura preservación, y las “violletianas”, que abogaban por una actuación potente que rayaba en la intervención de estructuras originales en la línea de la restauración. Personalmente, coincido en la necesidad del diálogo con la arquitectura previa que, tras el diagnóstico y análisis exhaustivo del lugar, nos conduce a una intervención de conservación, ayudada de un optimismo positivista que permita renovar el patrimonio y reusarlo con actuaciones neutras, reversibles, sin estridencias, cambiando el uso y llenando de vida los edificios.

–¿No nos deja en mal lugar que sea un mecenas de Chicago el que premie la arquitectura tradicional del país?.

–Es poco frecuente una ayuda exterior a nuestro patrimonio siendo tan escasas las ayudas interiores. No creo que deje mal a ninguna institución. Por mi parte, agradezco el generoso mecenazgo de Richard Driehaus con la arquitectura clásica, tradicional y vernácula con carácter universal.

"El turismo, bien dirigido y regulado, dimensionando afluencias y aforos, es un acicate necesario para la conservación”

–Su trayectoria está marcada por Écija. ¿Cómo valora la transformación de otras ciudades históricas, como Málaga y Sevilla?.

–El haber nacido en Écija, que mi abuelo fuera constructor y mi facilidad para el dibujo a mano alzada desde niño han sido determinantes. Se suma el haber podido trabajar casi 50 años sobre el parcelario de mi ciudad en todo tipo de expedientes: preservación, conservación, restauración, reconstrucción y nueva planta. En mi caso y por la metodología usada, las intervenciones en Écija se han ajustado a mantener y renovar el puzle urbano. En cuanto a Málaga, entiendo que ha llevado bien una política importante de higienización de la ciudad, modernizando y actualizando con éxito tanto sus infraestructuras como su estructura cultural y museística. El caso de Sevilla es más complejo: mientras que Écija se controla con un Plan Especial del Casco Histórico y una Carta Arqueológica, Sevilla, por la amplitud y diversidad de barrios históricos, origina diferentes matices y singularidades que se deben analizar más detenidamente.

–¿No se confunde la importancia de salvar los cascos históricos con mantener sólo fachadas, es suficiente para preservar el ‘genius loci’, el espíritu protector de un lugar, un concepto que usted maneja?. ¿El turismo es un acicate para esa conservación o un problema?.

–El genius loci, el espíritu protector, es algo que no lo tienen más que lugares de ensoñación o de la memoria, como los llamaba Walter Benjamin. Écija es uno de ellos. Es algo que se respira, el duende. El mantenimiento de fachada no es suficiente para su permanencia, la solución pasa por una intervención sobre las tipologías y su puesta en valor. El turismo, bien dirigido y regulado, dimensionando afluencia y aforos, puede ser un excelente y necesario acicate.

–Trabaja con la arcilla, el ladrillo y la cal, en la calurosa Écija. ¿No es ya la arquitectura tradicional andaluza también bioclimática?.

–Las estructuras de muros de carga monolíticos de fábrica de ladrillo, con la flexibilidad que garantizan la cal y la madera son una solución más moderna conceptualmente por sostenible económica y energéticamente que las nuevas arquitecturas con apoyos de pilares de hormigón y plantas libres con cerramientos y revestimientos realizados con materiales sintéticos como los plásticos, composites, cartón-yeso, siliconas, acero corten y vidrios. Por ejemplo, el Palacio de Benamejí de Écija: en el siglo XVIII fue residencia de los Bernuy; el siglo XIX, de los Conde de Valverde;en el XX Comandancia de Caballería y en el XXI, Museo Histórico Municipal, un uso muy distinto de para el que fue concebido. Tendríamos que comprobar si alguno de los edificios considerados modernos, hechos con materiales sintéticos hubieran soportado esta prueba.

–Los artesanos forman parte de sus proyectos. ¿Qué se puede hacer para que su acervo no se pierda?.

–Los maestros artesanos han sido mis aliados en el proceso de recuperación y puesta en valor del patrimonio arquitectónico, no solo en lo que afecta a su oficio, sino en el análisis previo del lugar. Será necesaria una mentalización de las nuevas hornadas de arquitectos y las instituciones, con cursos de posgrado, escuelas taller o becas para mantener la estructura artesanal, imperdonablemente en peligro.

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