"Las galerías en España están llenas de frialdad y tontería"
-... Es que el grafiti lo pinto en mis ratos libres. El trabajo me surge sobre todo de los cuadros que me encargan. Clásicos de motivos sevillanos. Y ahora empiezo a vender mis obras. Poco a poco.
-No me vaya a decir que le molesta hablar de grafitis.
-Al revés. Me enorgullezco de esa faceta mía. Esta entrevista me la haces porque escribo grafiti.
-¿Lo escribe?
-El grafiti puro y duro es firmar en todos los rincones. Es un alfabeto de la calle, una especie de publicidad entre habitantes de un mundo cerrado. Puedes llegar a orientarte en una ciudad simplemente a través de esas firmas. El grafiti es poner tu nombre, adornándolo más o menos. Es tu álter ego. Tu superhéroe.
-Es como la hierba salvaje. Crece en cualquier sitio.
-Hasta en el pueblo más escondido.
-Frase cotidiana en cualquier urbe española cuando un señor respetable se topa con una de esas hierbas: "Ya están ensuciando otra vez". ¿Por qué esa mala fama?
-Porque ha aterrizado más tarde. Ahora se empieza a aceptar. No voy a decir si pintar un tren de Cercanías está bien o mal, pero sí que a mí me gusta pese a que no es mi opción.
-Arrastramos un viejo problema. Nos falta cultura cultural.
-Totalmente. No se nos enseña desde pequeños. Dentro de la cultura incluyo el respeto por el creador, el saber apreciar lo que tienes alrededor. Este verano fui a pintar a Núremberg y desde que empezó la exhibición el trato fue exquisito, tanto desde los organizadores como desde el público. Todos, el niño más chico y la persona más mayor desprendían reconocimiento. Aquí te invaden. Es una pelea continua por sobrevivir, porque nunca vas a vivir de esto.
-Ser artista es de pobres. Si sueltas aquel show me the money de Cuba Gooding Jr. en Jerry Maguire es bastante probable que se rían de ti.
-El maldito tema de los tantos por ciento. Y súmale otro factor. Imagina una exposición en una galería. La gente te pide rebajas en función del tamaño del cuadro. Esto no va por metros, va por sentimientos. No son impresiones digitales sino expresiones personales. No es una impresora HP que gaste más tinta por reproducir una imagen de dos metros.
-¿Se plantean bien las exposiciones?
-¿Por quién apuestan los museos de arte contemporáneo en España? Si rascas un poco, encontrarás a muchísimos artistas nuevos con una calidad enorme. Luego vas a una galería o museo y te piden el currículum y te preguntan cuántos premios has ganado. ¿Esto qué es? ¿Y si no has ganado ninguno? Oye, a lo mejor soy un fiera. A lo mejor soy un Picasso de este siglo y nadie lo sabe.
-Parece que hablemos de economía. El número frente al alma. La cantidad frente a la calidad.
-Lo único que tienen de contemporáneas las ferias es que las obras son de este siglo. Al fin y al cabo son un negocio. Es una pena porque cuando sales de España ves que las galerías serias apuestan por nombres desconocidos que provienen de la pintura pero también del grafiti. Aquí, las galerías están llenas de frialdad y tontería. Es como el que vende camisetas. Si eres una marca potente, te meten en la tienda. Si no, ni caso.
-¿Hay burbujeo creador en Andalucía?
-Hay ganas de abrir espacios. Viví un año y pico en Barcelona, y al regresar en 2012 me encontré una Sevilla distinta. Muchos se fueron de la ciudad y acabaron volviendo. Si te relacionas con el arte, puedes moverte relativamente barato. Creo que ha habido un pensamiento común: para estar de camarero en Bilbao, vuelves y montas tu proyecto en casa. Y ocurre en toda Andalucía: Málaga organiza el festival Maus, donde se invita a autores de arte urbano (murales, cartelería) para que pinten todo el barrio que rodea el museo de arte contemporáneo. Y eso es bonito y potente.
-Los poderes públicos parecen obsesionados con tutelar los movimientos sociales y culturales.
-Tienen que filtrarlo todo. Es como cuando tenías que pedirle permiso a tu madre para salir. El problema es que habitualmente el que está filtrando suele ser un papanatas que no tiene ni la menor idea. Lo único que quiere es estar preparado para colgarse la medallita por si la cosa sale bien. La autogestión asusta a los políticos.
-Además de dibujando, ¿cómo aprendió a dibujar?
-Copiando cosas, como supongo que casi todo el mundo. Desde pequeña. Mi suerte es que siempre me apoyó la familia. Tengo un tío que desde el principio vio mis cualidades y decidió llevarme a exposiciones. Así conocí a Botero. Esos gordos tan alucinantes. Me inscribieron en concursos. Me alentaron por sistema. Cuando íbamos a casa de mis abuelos a comer, mi abuela sacaba los cartones de las camisas de mi abuelo, los almanaques, y lo ponía todo en el suelo y me decía: dibuja, dibuja.
-¿Lápiz? ¿Boli? ¿Rotulador? ¿Brocha? ¿Spray?
-Sin duda el lápiz. Lo veo más libre, rápido y suelto que ninguna otra cosa. Una primera línea de lápiz se funde a cualquier cuadro de cualquier persona.
-¿Y la inspiración? Conozco a un escritor que sólo es productivo cuando escucha Carrusel Deportivo.
-Me quedo con el naranja de las tardes, ahí es cuando me activo.
-¿Me elige dos ciudades?
-Por la reutilización de espacios abandonados, Berlín. Por su movimiento, sus galerías y su música, San Francisco.
También te puede interesar