“A diferencia de la pintura, el fotógrafo tiene que estar en el sitio”
José Antonio Zamora | Fotógrafo
“Espero que la decisión de la Macarena de retomar el cartel fotográfico cree tendencia en el Consejo de Hermandades y otras entidades”
José Antonio Zamora, cartelista de la Hermandad de la Macarena 2026
José Antonio Zamora (Sevilla, 1958) es de entrevistas tempraneras. A la hora del primer café. La jornada se presenta intensa para quien ha sido premiado por National Geographic. Ha quedado con su compañero Antonio Sánchez Carrasco para una ruta por templos sevillanos. Los de oración y los gastronómicos, donde no falta Casa Moreno.
Las respuestas de este fotógrafo llevan el ADN periodístico: claras, concretas y concisas. Facilitan la labor del redactor.
Con él hablamos en una mañana fría de enero, pocos días después de que la Hermandad de la Macarena le haya encargado el cartel de la Semana Santa de 2026.
Pregunta.–Hace tres años lo entrevisté y me habló de su gran afición por viajar. ¿Su última aventura con una cámara a cuestas?
Respuesta.–En Sanlúcar de Barrameda. Allí paso mucho tiempo. Me encanta fotografiar el mercado de abastos y Bajo Guía. Siempre encuentro cosas nuevas cuando voy. La última vez había niebla, algo raro allí.
P.–¿Podríamos definir Sanlúcar como un lugar de retiro espiritual?
R.–Y también gastronómico. Lo uno no quita lo otro.
P.–Usted es de los que piensan que viajar y no entregarse al placer culinario carece del mínimo sentido...
R.–Inviable. La gastronomía forma parte de la cultura de un viaje.
P.–Hablando de viajes. ¿Ha encontrado en la llamada "España vacía" más exotismo que en el país más recóndito del mundo?
R.–Hay sitios en España muy desconocidos donde aún te preguntas cómo la gente puede vivir así. Son zonas relativamente aisladas y con gente encantadora, que acoge muy bien al fotógrafo que los retrata.
P.–En este mundo globalizado y tendente a la uniformidad, encontrar algo original debe ser tarea ardua...
R.–Sí que lo es, pero los fotógrafos sacamos petróleo de donde no lo hay. Son recursos que te dan los años de experiencia y al final vuelves contento con las fotos que haces.
P.–¿Se le dan bien los selfies?
R.–Fatal. De hecho me hago muy pocos.
P.–De nuevo protagoniza un cartel de la Semana Santa, en este caso, la Macarena. Cometido difícil, entiendo...
R.–Sí que lo es. Se trata de una gran responsabilidad. Tengo ya una idea en la cabeza. La foto todavía no la he hecho, pero tengo muy claro lo que quiero hacer y creo que voy a quedar contento con el resultado. Asumo el reto.
P.–Sin que nos haga un spoiler, díganos qué desea plasmar en este encargo...
R.–Tengo muchas fotos de la Macarena. Hice bastantes tras la restauración, pero lo que quiero hacer ahora es algo totalmente distinto.
P.–¿Una buena fotografía puede decir más que una pintura a la hora de hacer un cartel?
R.–La pintura por el hecho de ser pintura no es un valor en sí mismo. Hay pinturas muy malas, como también hay fotografías penosas. Pero a diferencia de la pintura, en la fotografía hay que estar en el sitio donde se toma. Yo puedo pintar un paisaje de Pekín, sin haber pisado aquel país. Una foto no puedo hacerla si no viajo hasta allí y soy testigo directo.
P.–La decisión de la Macarena de retomar el cartel fotográfico abre una vía para que otras instituciones vuelvan a esta senda...
R.–La elección de la Macarena me llena de orgullo, pero más que alegrarme por mí, me siento satisfecho por el colectivo de fotógrafos. Hablamos de una hermandad que marca tendencia. Espero que se vea reflejada en el Consejo de Cofradías y otras entidades, que han de aprovechar la buena hornada de fotógrafos que hay en Sevilla, a los cuales no se les está dando la oportunidad de demostrar su trabajo y profesionalidad en estos encargos de relevancia.
P.–Últimamente en las fotografías de la Semana Santa cuesta mucho captar una imagen sin que aparezcan móviles alzados. ¿Cómo lleva eso?
R.–Es complicado, pero hay que saber jugar con los tiempos. Si no puedes con tu enemigo, únete a él. Al final es la cultura del siglo XXI, la del teléfono móvil. Al igual que antiguamente la gente iba vestida de una determinada forma que te permite fechar las imágenes, pues ahora también son un signo de la época que nos ha tocado vivir y que en un futuro nos permitirá también datarla.
P.–Es usted un asiduo del Rocío, una de las fiestas fotográficamente más rica. ¿Con qué momento se queda?
R.–A mí es la fiesta que más me gusta. Si me dan a elegir un camino, me quedo con el de Huelva, al pasar por la Charca el viernes. Aquello es espectacular. La primera vez que estuve allí fue en 1989. Fue un descubrimiento. Desde entonces, procuro no faltar.
P.–¿Las redes sociales enriquecen o empobrecen este universo fotográfico?
R.–Cuando ponen fotos los buenos, lo enriquecen; y cuando las publican los malos, pues lo empobrecen. Los medios no son buenos ni malos. Todo depende del uso que se haga de ellos. Y el criterio que se emplee.
P.–Por casualidad, ¿tiene TikTok?
R.–Hasta ahí no he llegado (risas)...
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