Juan Tamariz | Mago "Soy de natural alegre"

"Soy de natural alegre" "Soy de natural alegre"

"Soy de natural alegre" / román ríos

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-Usted es la prueba palpable de que de ilusiones también se vive.

-La ilusión no es que esté presente ni venga dada, hay que buscarla, batallar por ella. Si fuera para quedarme yo muy contentito y los demás no, sería un egoísta de tomo y lomo.

Hice magia en un salón gigante para David Copperfield, su novia y... el guardaespaldas"

-Su humor es blanco. ¿Por qué no le va lo políticamente incorrecto?

-Eso lo dice usted.

-No es muy puñetero ni ofensivo.

-No me dedico a dar golpes a otro creyendo que siempre tengo la razón. Ahora, en el espectáculo hablo de los obispos, de los bancos… No siento odio, que es el germen de la guerra, pero eso no quiere decir que esté muy feliz con la actualidad política.

-Sus padres eran andaluces, él de Écija y ella de Algeciras, pero usted no se hace el gracioso, sino que lo es. Enhorabuena.

-No sé si lo soy o no. Hay que ser verdadero y transmitirlo. Lo que pasa es que soy de natural alegre; no cuento chistes ni preparo monólogos, no escribo nunca nada. Y si estás contento en una fiesta con jamoncito y alegría, y baile y gozo, te ríes y se ríen los demás. Pero no busco que se rían, sino transmitir alegría. El filósofo Spinoza decía: "Laetitia, la alegría, es el objetivo final de cada uno". ¿Ha quedado bien y culto?

-Un colega monologuista dice que los magos están demodé, anticuados. Rebátalo.

-No rebato, no creo en esas etiquetas. La magia está en su mejor momento. A mi casa vienen magos de Japón, de China, de EEUU, de Italia, de Francia, de Argentina... En Madrid, la capital del mundo de la magia, hay nueve sociedades, escuelas como la de mi hija Ana y todos los magos suelen trabajar. Tengo una hija pianista de jazz y les cuesta Dios y ayuda dar conciertos. Los magos llenamos teatros de 1.100 personas.

-Su primer apellido es compuesto, Tamariz-Martel; si llega a ser Marvel acaba de superhéroe.

-No lo he dicho nunca pero en realidad soy Marvel; me puse Martel para disimular, pero no lo diga, calle, calle.

-Viene a relajarse a su casa de San Fernando. ¿Tan bien sienta la tierra de Camarón?

-Camarón, la Niña Pastori… Aquí y en Cádiz, donde viví antes, el sol y la alegría se notan. Un día le dije a un taxista que cómo le iba la vida y me respondió (imita el acento gaditano): "Ay, don Juan, yo con que por la mañana salga el sol ya estoy contento". Pues ya está, es la filosofía que encuentro aquí.

-Mágico González o Magic Johnson eran unos artistas del deporte…

-De baloncesto no sé nada, pero Mágico González era un grande en el Cádiz. Y eso que no me han visto a mí jugar a las canicas, soy un genio.

-¿Qué sitio le queda por actuar: Everest, Taj Mahal…?

-He actuado en todo el mundo menos en Australia y en Nueva Zelanda. A veces me llaman pero me da miedo porque están boca abajo, se me puede ir la sangre al coco y a ver cómo lo arreglamos. Estos meses he estado en Corea del Sur, Argentina, Estados Unidos, Londres, Italia y luego por aquí.

-Berlanga, su profesor en la Escuela de Cine, constató en Moros y cristianos que era un pésimo actor.

-Yo se lo decía, pero me insistió, hice la toma quince veces y me soltó: "Tenías razón".

-¿Cuál es la que mejor ha ilustrado el ilusionismo?

-De Orson Welles, que también era mago, aquella de F for Fake. Es medio película, medio documental. Habla de Robert-Houdin y de cómo la madre del cine es la magia, desde la linterna mágica en adelante, uno de los Lumière era mago, Méliès fue el creador del arte del cine...

-David Copperfield tuvo una relación con Claudia Schiffer. ¿Tanto ligan?

-No hablo de mi vida privada porque sería un escándalo. Lo conocí en Suiza, tenía una novia que se parecía a Claudia Schiffer. Quiso que yo le hiciera un poquito de magia a su chica, pero no podía porque había quedado a cenar. Al día siguiente fui a un salón gigante que alquiló en un hotel y entraron él, la chica y un señor a tres metros. "Mi guardaespaldas", me dijo. Actué para dos, David y su novia, y para un señor muy serio. Es muy bueno, humilde y buena gente. Los magos nos llevamos muy bien. Tenemos una parte muy de niños, y de niñas, porque hay magas muy buenas, como mi mujer, Consuelo Lorgia.

-¿Qué quiere que ponga en su epitafio?

-Podría ser: "Me fui a echar una siesta larga". Quiere hundirme la moral, ¿eh?

-Uno de sus libros está en la biblioteca de la CIA en Langley. ¿Es verdad o es un truco publicitario?

-No lo sé porque no soy de la CIA y además no me gusta. He escrito libros teóricos de Psicología y de cómo ilusionar, y algunos lo toman por el lado malo, que es engañar. Mejor que compren libros de algunos políticos, financieros o de alguna iglesia, que ésos sí que engañan.

-¿No ha intentado que le crezca pelo en la coronilla por arte de magia?

-Pero si esto es una cosa de un atractivo tremendo (se descubre la cabeza porque va con sombrero), ¿para qué me voy a poner pelo?

-¿Cuánto pide por su violín imaginario?

-No pido nada ni lo cambio. Lo llevo en el alma. No tiene precio.

-Es lector de filosofía. Recomiende un libro para este tiempo de tanto estrés.

-Me gusta meditar sobre la existencia. Un filósofo me dijo que él y yo hacíamos lo mismo: el mago levanta preguntas, cómo ha sido posible, y te admira y te pasma; y los filósofos se pasman con la realidad y se hacen preguntas. Mis autores preferidos son Platón, Spinoza y Schopenhauer.

-¿Jesucristo hacía milagros o magia?

-Mire, yo no estaba, así que cada uno crea lo que quiera.

-Resuelva la duda. ¿Cuál es la onomatopeya qué canturrea en sus espectáculos?

-Lo que salga, no hay una fija. Uso mucho tantatachán e hicimos un programa que se llamaba así; a veces digo tiroriro, no es estudiado. En escena trato de ser más yo que en la vida real, porque soy tímido y por la calle voy calladito, aunque me gustaría gritar de vez en cuando, pero no me atrevo, y en el escenario grito, canto, lo que sea.

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