José David Guillén Monje. Trompetista

"Me siento como un mago, convierto el aire en música"

"Me siento como un mago, convierto el aire en música" "Me siento como un mago, convierto el aire en música"

"Me siento como un mago, convierto el aire en música"

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-¿Por qué eligió la trompeta?

-Pues por una cuestión personal. De chico era muy travieso y cada vez que mi padre se tenía que marchar a Sevilla a hacer rehabilitación a causa de una enfermedad, yo pensaba que se iba porque me había portado mal. Él me dijo un día que le gustaba la trompeta, su sonido, y yo quise compensar tantas travesuras siendo trompetista, por él. Y claro, porque me gustaba también...

-Y tanto. Ha sido el único en Andalucía en conseguir una plaza como catedrático de trompeta. Eso sí que es dar la nota, pero bien.

-Yo aprobé mi oposición de profesor de Música y Artes Escénicas en Jerez y tras diez años allí, necesitaba más, un cambio, y pasé a comisión de servicio del Conservatorio Superior de Málaga, donde he estado seis años. Hacía muchísimos años que no salían oposiciones para cátedra y apareció la de trompeta. Y la aprobé tras unas durísimas pruebas. Hiperduras. Estoy muy orgulloso. ¡Con la poca cara que tengo yo de catedrático! (ríe).

He trabajado sólo cinco veces: las cinco vendimias que tuve que hacer para comprarme trompetas"

-Y tiene un máster en Patrimonio Musical por la UGR y es doctor...

-Sí, es una cuestión de trabajo, de saber más. Es un máster que me ha ayudado muchísimo; de hecho, gracias a él, encontré en Málaga una música inédita del compositor Eduardo Ocón, un hallazgo muy importante. Y de ahí, el Doctorado en Historia y Artes sobre el compositor marroquí Mustafá Aicha Rahmani. A finales de agosto sale un disco que hemos grabado algunos compañeros con su música.

-¿Qué hay después de todo esto?

-Académicamente no hay más, pero yo sí quiero más. Con toda esta formación lo que pretendo es tener un conocimiento más global. El próximo año, si tengo dinerito, quiero pedirme una excedencia e irme la mitad del año a Nueva Orleans, a estudiar jazz, y la otra mitad a Holanda, a estudiar trompeta barroca y clásica.

-Mucho conocimiento y unos buenos pulmones también.

-Sí (ríe). Los pulmones son importantes, pero es más una cuestión de musculatura, de vocalización, la capacidad que se consigue de cantar al tocar la trompeta. Un coche no corre más porque tenga un depósito grande, es más cómo tenga la maquinaria. Es la capacidad de expresar lo que salga de ti. Como le digo a mis alumnos, los trompetistas somos como magos, cogemos el aire y lo transformamos en música. La técnica es vital, pero es importante llegar a trascender, de estar tocando y flipar. Por eso soy músico y no me canso y estudio todos los días con mucho placer, no me cuesta trabajo, yo voy a mi trabajo encantado. Siempre digo que he trabajado sólo cinco veces en mi vida: las cinco vendimias que me tuve que hacer para comprarme trompetas.

-Usted ha colaborado con importantes artistas como Mikel Erentxun, en destacadas orquestas como la de Córdoba, en bandas sonoras, ha pertenecido a La Jambre... Pero también le podemos ver en la Feria de Jerez con una charanga.

-También. Yo, en todo (ríe). Es como la vida misma, como probar un pucherito, un gallo empanado, un McDonald...

-¿Y en cuál de todas estas labores se siente mejor?

-En realidad, en casi todas, pero donde más, con mi amigo Ángel Hortas, el organista jerezano. Cuando toco con él, rozo el cielo. Y lo mismo con mis amigos David Strike y Pepe Torres.

-¿Le pone nombre a sus trompetas?

-Sí, ésta que llevo aquí se llama Maribel, por una amiga.

-¿Hay talento en España?

-Mucho, y en mi pueblo más.

-Y pocas ayudas...

-Cierto, pero yo, en vez de rajar, me busco la vida. Se gasta más tiempo y energía en lamentarse.

-Usted es además representante de las trompetas Adams. Hace hasta anuncios ya.

-Conocí la marca por los músicos de la Orquesta de Barcelona. Soy como un prescriptor, la probé y me encanto. No lo hago a nivel comercial, sino porque me apasiona.

-Al final, por ser bueno, y no tan travieso, acertó en su futuro.

-Sí. Aunque también soñé con ser escultor. Pero cuando vi la trompeta por primera vez me enamoré de ella. Era un niño. Fue en el Conservatorio de Jerez, en un descansillo de las escaleras. Me habían dejado una para tocarla porque la cosa estaba tiesa y no nos podíamos permitir una. Cuando abrí la caja, la luz iluminó el metal a través de unas rendijas de una ventana y fue como ¡¡uohhh!! Mi profe me dejó luego una boquilla y cuando sentí la vibración en los labios..., en ese momento caí enamorado.

-¿Dónde se ve en diez años?

-No sé, espero que siga tocando. Para mí lo importante es no perder la pasión, algo que le digo mucho a mis alumnos, los motivo a ello.

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