La España de los pactos

Las claves

Acuerdos. El diálogo en busca de alianzas entre PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos para gobernar será prioritario desde mañana en un escenario inédito en la política nacional.

Sidse Babett Knudsen, la primera ministra danesa Birgitte Nyborg en la serie 'Borgen'.
Sidse Babett Knudsen, la primera ministra danesa Birgitte Nyborg en la serie 'Borgen'.
Pilar Cernuda

20 de diciembre 2015 - 01:00

NADA será igual desde mañana respecto a las legislaturas anteriores. Se abre la España de los pactos, institucionalizados, de legislatura o de investidura. Queda atrás el bipartidismo, las mayorías absolutas que permitían gobernar sin aceptar iniciativas de la oposición -error en el que cayeron tanto Felipe González como José María Aznar y Mariano Rajoy-, y si el ganador no alcanza un número destacable de escaños, también se acaba gobernar "al tran tran", como hicieron todos, excepto Rajoy -que sólo ha tenido mayoría absoluta-, buscando alianzas en la oposición para sacar adelante leyes y proyectos concretos.

Si se confirman las encuestas, en los dos próximos meses, antes de que se elija Gobierno, asistiremos al espectáculo de negociaciones entre partidos que permitan la investidura de un nuevo presidente y, quizá, un pacto de legislatura para la estabilidad.

Este año ha estado de moda una serie de televisión, Borgen, que terminó de emitirse en Dinamarca en 2013 y que en tres temporadas explica las interioridades de la política a través de su protagonista, Birgitte Nyborg -en la imagen-, que llega a la jefatura de Gobierno y que permanentemente se ve obligada a pactar con la oposición para aprobar iniciativas. Cuenta con absoluto realismo la vida de políticos y periodistas, sus miserias y su grandeza, y en el guión colaboraron personas de ambos gremios con larga experiencia, como ocurrió con El ala oeste de la Casa Blanca, con asesores que formaron parte del equipo de Clinton.

Varios colaboradores de Rajoy y Sánchez confiesan que se engancharon con las peripecias de Nyborg y, si es así, habrán comprendido que cuando se trata de mantenerse en el Gobierno, todo es negociable, incluso con aquéllos con los que nunca compartirían ni 10 minutos, no sólo por la disparidad, también por la animadversión personal. En las filas socialistas es fácil escuchar que jamás llegarían a un pacto con Rajoy si ganara el PP porque sería traicionar a sus votantes, pero no se cierran a acuerdos si fuera otro el presidente. Y en el último tramo de la campaña el líder popular no ha descartado un pacto con el PP, pero no con Sánchez.

Habrá que esperar al resultado de hoy, pero si se cumplen las normas habituales en la política, dentro y fuera de España, con o sin bipartidismo institucionalizado, a la hora de la verdad aquéllos a los que despreciamos -políticamente hablando- pueden convertirse en firmes aliados. Incluso los buscamos para alianzas. ¿O es que se ha olvidado el "hablo catalán en la intimidad", la frase con la que Aznar justificó su acuerdo con un Pujol del que abominaba? Desde que, ganador, escuchara divertido el grito de "Pujol, enano, habla castellano" de los militantes en Génova hasta que diera instrucciones a Rato para que iniciara negociaciones con Pujol transcurrieron sólo horas. No días, horas.

Sin embargo, ya no sirven esas estrategias de pactos con partidos minoritarios -generalmente nacionalistas o regionales- o de intentos de seguir adelante con la mayoría minoritaria confiando en que a lo largo de la legislatura habrá pactos puntuales con unos y otros para aprobar, por ejemplo, los Presupuestos, la ley que quita el sueño a cualquier gobernante porque su rechazo puede provocar el adelanto electoral. Ya no sirve esa fórmula porque, al contrario que hasta ahora, si no se llega a un acuerdo, otros podrán alcanzarlo.

Ya no estamos ante dos grandes partidos que necesitan un puñado de votos para elegir presidente o aprobar una ley; hay que convencer a un dirigente de otra fuerza para que se convierta en socio y no se alíe con la otra parte. Es decir: Rajoy, Sánchez, Rivera e Iglesias, si cuentan con opciones de gobernar, están obligados a llegar a acuerdos para alcanzar los 175 escaños necesarios, porque en caso contrario serán otros los que lo intenten. Y para sumar, cualquiera de los cuatro debe contar necesariamente con un socio que integre este cuartero, aunque pueda alcanzar los deseados 175 con algún partido minoritario de los que tendrán representación. A veces, dos o tres escaños se convierten en fundamentales para la estabilidad de un Gobierno. O para que un candidato sea presidente.

Nunca se había producido este escenario en España y el reto de los candidatos será demostrar que tienen cintura para la negociación, pero al mismo tiempo que sus ansias de estar en el Gobierno no los lleve a aceptar condiciones de posibles socios que irían contra la línea de flotación de su programa, lo que provocaría decepción entre sus votantes y, probablemente, su abandono para siguientes contiendas electorales. Los acuerdos de Sánchez con Podemos le ha dado al PSOE gobiernos municipales y regionales, pero ha provocado una fuga de votos que son los que colocan ahora al líder socialista en una situación de declive nunca conocida en el partido del puño y la rosa. Ha perdido votos por la izquierda, porque él mismo ha vendido la idea de que Podemos ha apostado por la moderación para justificar así los acuerdos, y ha perdido votos por la derecha. En Ciudadanos afirman que su crecimiento de los últimos meses se debe fundamentalmente a votantes socialistas, porque los del PP ya los tenían antes.

Precisamente porque nunca se había producido esta situación en la que cuatro partidos podrían superar los 50 escaños, lo que impide mayorías absolutas, es difícil hacer pronósticos para las alianzas. La experiencia de las municipales y las autonómicas evidencia que las ideologías importan poco y las promesas menos. Ciudadanos apoya al PSOE en unos gobiernos y al PP en otros, con el argumento de que se inclina por la lista más votada; pero su actitud no es igual a la hora de apoyar iniciativas de un Gobierno o de otro, influyen tácticas habituales en la política. Por otra parte, es evidente que el PP jamás pactará con Podemos y Sánchez asegura que jamás lo hará con Rajoy, pero destacados miembros de su partido declaran abiertamente que una gran coalición PP-PSOE es la mejor fórmula para abordar los grandes problemas que España aún no ha resuelto, tanto económicos como institucionales, y por tanto tampoco se puede dar por imposible ese trato que rechaza tajantemente el secretario general socialista.

Rivera repite que no formará parte de un Gobierno que no presida, pero en campaña es lógico, incluso obligado, expresarse así. Eso no significa que no pueda llegar a acuerdos, lo hace sin ir más lejos en Andalucía y Madrid, donde su apoyo ha permitido a Díaz y Cifuentes ser presidentas, y Ciudadanos tiene un papel fundamental en decisiones sin formar parte del Ejecutivo.

En cuando a Podemos, Iglesias decía antes de las elecciones de marzo que si no era presidente del Gobierno la próxima legislatura regresaría a sus cuarteles de invierno, a sus clases en la facultad. Ha cambiado. Ahora quiere meterse de lleno en la política y aspira a gobernar. Está seguro de que va a ser presidente. Ahora o en la próxima ocasión. Tan seguro, que responde con cierto desdén cuando se le pregunta por tripartitos o acuerdos con el PSOE. Con estas premisas, es difícil acertar la quiniela. Entre otras razones, porque según los resultados, no se pueden descartar dimisiones esta noche.

stats