¿Será por ponerse estupendo?
Los socialistas intentan quebrar el argumento esencial de campaña de Zoido planteando ahora la hipótesis de un gobierno local en minoría y sin IU · Torrijos siempre ha dicho que no pacta sin programa común · ¿Y sin cargos?
USTEDES eligen. O dan el voto prestado como si fueran algo así como los antiguos montes de beneficencia, que concedían hipotecas a un interés bajo, en este caso nulo, u optan por el llamado voto útil. No hay mucho más. Los dos candidatos a la Alcaldía de Sevilla han entrado en la recta final de la campaña abriendo una espiral divertida: la de la adjetivación del voto. Un voto siempre es un voto. Dos, acostumbran a ser dos. Hasta aquí, todo claro. De acuerdo. Ahora bien: ¿qué es un voto útil? ¿Para quién es útil? ¿Cómo se mide la utilidad?
Espadas (el senador), que tiene como única meta en los cinco últimos días que quedan hasta el 22-M darle la vuelta a las encuestas tardías -a los socialistas les preocupa sobre todo el efecto del último sondeo de casa, por el posible efecto desmovilizador sobre la tropa en plena fase final de la batalla-, quiso ayer quebrar el principal argumento de campaña de su adversario -Zoido (Juan Ignacio)- y llegó a plantear la tesis de un supuesto gobierno en minoría sin IU, aunque contando con ella. Después obviamente, la aritmética obligará, tuvo que aceptar la mayor: si no alcanza la mayoría necesaria para la investidura no tendrá más opción que negociar. Sólo tiene -si el PA no vuelve al Ayuntamiento- dos posibilidades: o Zoido o Torrijos. Y, según algunos históricos del PSOE, ninguna es muy buena. Las dos le darían la Alcaldía. La de Zoido es del todo imposible. Queda Torrijos.
Claro que hay formas de hacer lo mismo por caminos distintos. La hipótesis de un gobierno en minoría resulta interesante. Contra lo que pudiera pensarse, no es inaudita: ya lo demostró durante su segundo mandato el socialista Manuel del Valle, que gobernó en solitario gracias a apoyos puntuales con los comunistas civilizados. De momento no puede considerarse más que una cábala, porque serán las urnas las que permitirán hacer una u otra cosa, las dos, o la contraria. Pero la discusión tiene cierto recorrido, sobre todo si los andalucistas llegan a dar la sorpresa y entran en el Consistorio o, acaso, si los resultados electorales obligan al final a IU a tener que elegir a la hora de votar al futuro alcalde entre el PSOE o el PP sin tener una garantía expresa de cerrar un pacto de gobierno. Porque aquí está toda la cosa: ¿si PSOE e IU suman 17 ediles y los socialistas prefieren no pactar dejaría Torrijos que gobernase Zoido?
Evidentemente, si se cree la tendencia registrada por casi todos los sondeos -que sitúan al PP al borde de la mayoría absoluta, pero sin garantías totales debido al elevado número de indecisos-, lo que ayer dijo Espadas sobre el futuro gobierno minoritario no deja de ser una forma extraña de ponerse estupendo. A Espadas le faltan votos -él dice que 1.000; los expertos sostienen que al menos unos 3.000- y elucubra con la posibilidad de no depender de nadie todo el tiempo. ¿Quién se lo cree? Parece irreal.
Sin embargo, no es más que una posibilidad más entre otras. Remota, si se quiere ver así, pero sencilla de plantear. Entendible por todo el mundo. Incluso hasta razonable. Sólo requiere de una condición: que se cumpla la tesis del empate que desde hace unos días dice tener amarrado el PSOE. Igual que ahora. Un empate en número de concejales, claro. Empatar también en votos es evidente que sería un milagro.
En este escenario, sin un ganador con mayoría absoluta (aquí hay que recordar que quien gana la Alcaldía es quien más concejales consigue que estén dispuestos a votarle; no quien saca más votos), los socialistas podrían forzar a Torrijos y Cía a elegir entre dos variantes: o ellos o Zoido. No hace falta ser muy listo para saber qué es lo que haría el candidato de la coalición de izquierdas. Lo ha dicho muchas otras veces en público: "Con Zoido no iría ni a coger billetes de mil euros". Es comprensible. Si el hombre que necesita Sevilla es capaz de pedirte el voto prestado, sin ofrecer rentabilidad inmediata, más o menos de forma casi benéfica, imagínense lo que haría si tienes un billete de esta cantidad en tu bolsillo. Pedírtelo también para sacar a Sevilla del atolladero. Dado cómo va a dejar Monteseirín las arcas municipales, hasta sería del todo lógico. Natural.
Claro que Torrijos también puede ponerse difícil. Correoso. Lleva ya semanas marcando las distancias con el candidato socialista para resaltar la autonomía de su fuerza política y aparecer como el verdadero elemento decisivo del futuro gobierno local. Bueno, tampoco hay que preocuparse: es cosa de carácter. Le gusta darse importancia. Ponerse también estupendo.
Aunque la pregunta que habría que hacerle más bien es otra: "¿Qué es lo que va a pedir Torrijos al PSOE a cambio de apoyar una hipotética investidura de Espadas". Si lo que se piden son cargos, compartir el gobierno, una alianza similar a la de los dos últimos mandatos, los socialistas saben que van a tener bastantes problemas en determinados asuntos a medida que pase el tiempo. Sin contar con el hecho de que el aparato del Comité Central (nunca mejor dicho) funciona con el dinero que reciben sus cargos en el Ayuntamiento. Alguien tiene que seguir pagándole el móvil a Juan de Dios Villanueva, secretario general del PCA en Sevilla.
Ahora bien: ¿Y si lo que se pacta son determinados ejes del programa electoral y no la incorporación al gobierno?¿Tendría entonces credibilidad la apelación al miedo (comunista) que lleva dos años haciendo Zoido? Muchos creen que IU nunca aceptaría dar sus votos a un alcalde socialista sin poder gestionar sus propias áreas de gobierno, sueldos, dinero. Puede ser. Es difícil, claro. Su mensaje ante el electorado, sin embargo, es otro: garantizar la aplicación de un programa social que asuma determinadas políticas contra las desigualdades. Se puede hacer perfectamente desde fuera. ¿No es hora de poner a IU ante sus propias contradicciones?
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