El político, un actor público

Un sociólogo analiza el modo de actuar de los gobernantes españoles

Alfredo Pérez Rubalcaba, líder del PSOE, dirigiéndose en el Congreso al jefe del Ejecutivo, Mariano Rajoy.
José Miguel Blanco (Efe) / Madrid

30 de julio 2012 - 05:05

"La política siempre ha sido, es y será espectáculo, y el político necesariamente tiene que ser también un actor". Ésa es una de las conclusiones a las que llega el sociólogo y experto en comunicación política Luis Arroyo, que analiza en El poder político en escena el comportamiento de los que se mueven en este ámbito y el de los ciudadanos ante la actitud de los partidos y sus líderes.

Arroyo resaltó que es inevitable ese nexo con el espectáculo y aseguró que la política tiene una parte de representación y de simbolismo que es imprescindible. No dudó en asegurar que hay signos de comportamiento animal a la hora de elegir al que se considera el mejor candidato para un cargo político o en la forma en que se intenta ganar la confianza de los votantes.

Arroyo, que fue director del gabinete de la ex ministra Carme Chacón y trabajó en La Moncloa en la etapa de José Luis Rodríguez Zapatero como presidente, pretende demostrar que el cerebro humano no es racional, sino emocional, y sigue funcionando por ciertos prejuicios. Y lo intenta demostrar mediante la recopilación de estudios de las más diversas disciplinas (sociología, etología, biología, politología...) que, a su juicio, llevan también a la conclusión de que la política es una gran escenificación en la que, en realidad, todos somos actores.

Arroyo señaló que en todos los sitios, ya sea en regímenes totalitarios o democráticos, la política está ritualizada, apreciación que le lleva a contradecir a quienes opinan que, en la actualidad, las campañas electorales ya no sirven para nada.

Sí reconoce que los mítines prácticamente no "convierten" a nadie, pero representan una parte expresiva de la política que es fundamental. "Siempre será necesario que haya mítines, encuentros, que se contraste con el adversario, que haya aplausos en los actos, que confirmemos que somos los buenos y que al otro lado están los malos", señaló gráficamente.

En todo ello, otorga un papel fundamental a los medios, porque subrayó que forman parte del sistema de poder, aunque lamentó que en muchas ocasiones actúen de forma irresponsable.

Para Arroyo, la visión del periodismo como cuarto poder o como control de ese poder está mitificada y para ello alude a muchas investigaciones realizadas para concluir que, frente a lo que se planteó desde la Ilustración, la gente que está más politizada ("y por tanto -precisó- más sesgada") es la más informada. "Cuanto más lees, más ves un periódico, más blogueas o tuiteas, menos cambias, más te reafirmas en tus convicciones", aseguró este sociólogo, que considera que internet está muy lejos de ser "la herramienta maravillosa hacia la libertad".

De su experiencia muy cercana a destacados políticos concluyó que "hay de todo" a la hora de dejarse aconsejar para desarrollar su "papel" y cree que hay base para la teoría del denominado síndrome de La Moncloa porque "el poder tiende a aislar". A ello contribuye la existencia de "pelotas a unos niveles increíbles" alrededor del líder que no se atreven a hacerle crítica alguna aunque esté diciendo alguna simpleza o tontería.

Algo que precisó que no es patrimonio exclusivo de España porque cree que pasa en todos los países. Como ejemplo pone el aislamiento progresivo del ex primer ministro británico Tony Blair y el ex presidente francés Nicolas Sarkozy.

No cree Arroyo en la existencia de movimientos bruscos a la hora de que los ciudadanos dejen de respaldar de forma mayoritaria a un líder, pero opinó que cuando va calando una determinada percepción llega a convertirse en "epidemia" y termina con él.

Es lo que considera que le pasó a Zapatero, ya que se fue gestando la opinión de que no controlaba la situación, se tuvo que desdecir y llegó la jornada del 12 de mayo de 2010 en la que anunció medidas de ajuste que supusieron "la ruptura completa de su personaje público".

Arroyo es tajante ante la posibilidad de que una mala política de comunicación pueda acabar con un Gobierno: "Sí, sin duda", respondió antes de asegurar que hay fallos en la que está llevando a cabo el actual Ejecutivo.

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