Festival de cine de Sevilla | El peral salvaje | Crítica

Un lúcido pesimismo invernal

Una imagen de 'El peral salvaje', octavo filme del turco Nuri Bilge Ceylan. Una imagen de 'El peral salvaje', octavo filme del turco Nuri Bilge Ceylan.

Una imagen de 'El peral salvaje', octavo filme del turco Nuri Bilge Ceylan.

El lúcido pesimismo invernal del turco Nuri Bilge Ceylan se ha ido modelando y escorando poco a poco hacia una cierta solemnidad novelesca y filosófica, lo cual no impide que su cine siga hablando, y aquí lo hace con rotundidad, de la aciaga deriva antidemocrática, los contrastes entre la ciudad y el interior rural (Anatolia) y el desprecio creciente por la cultura en un país que aún se debate entre Oriente y Occidente.

En El peral salvaje nos obliga a seguir a un personaje desagradable, un joven airado recién graduado y aspirante a escritor enfrentado al regreso al pueblo y al reencuentro con un padre empeñado en condenar a la familia por su adicción al juego. Lo acompañamos en sus desplazamientos, en sus encuentros con viejos amores y amigos, en sus conversaciones con la madre, pero también en sus sueños y pesadillas, que actúan aquí con una poderosa y siniestra fuerza metafórica.

Un recorrido generoso en palabras, reflexiones y debates, preñado de pensamiento y dialéctica en voz alta, que busca, más allá de la crónica de una derrota, una expiación, un apaciguamiento de la furia, la misantropía y la rebeldía romántica, un abrazo con el padre.