Pasarela

Carmen Sevilla: la última folklórica

  • 'Carmen de España' cumple hoy 90 años recluida en una residencia donde el alzhéimer le ha hecho olvidar que es un mito de la copla

Carmen Sevilla, con una de sus famosas 'ovejitas' del 'Telecupón' de Telecinco. Carmen Sevilla, con una de sus famosas 'ovejitas' del 'Telecupón' de Telecinco.

Carmen Sevilla, con una de sus famosas 'ovejitas' del 'Telecupón' de Telecinco. / Mediaset

El pasado domingo, Carmen Sevilla fue víctima de una noticia falsa que aseguraba que había fallecido; una de esas fake news que rápidamente vuelan por la red. Pero nada más lejos de la realidad; hoy la 'novia de España', la entrañable presentadora de su cuponcito (como ella llamaba a su programa) cumple nada menos que 90 años. Sin embargo para Carmen, que desde hace años sufre los estragos del alzhéimer, será un día más, pues no se espera ninguna celebración ni homenaje para quien en su día fue una de las actrices, cantantes y presentadoras más célebres de España. Aunque seguramente recibirá la visita de su hijo, Augusto Algueró Junior, y de uno de sus grandes amigos, el actor Moncho Ferrer.

Carmen, en su juventud. Carmen, en su juventud.

Carmen, en su juventud.

El 16 de octubre de 1930, la barriada de Heliópolis de Sevilla veía nacer a una niña llamada María del Carmen García Galisteo, conocida artísticamente como Carmen Sevilla, quien hoy en día sigue siendo el gran mito vivo de la copla y el cine español del pasado siglo. Su carisma, una simpatía arrolladora y un gran sentido del espectáculo hicieron de ella una estrella televisiva en la década de los 90. Su paso por el Telecupón, con Andoni Ferreño, fue clave para alzarse con el titulo del rostro más amable de la televisión.

Carmen, con Andoni Ferreño y las niñas que salían en el 'Telecupón'. Carmen, con Andoni Ferreño y las niñas que salían en el 'Telecupón'.

Carmen, con Andoni Ferreño y las niñas que salían en el 'Telecupón'. / Mediaset

Carmen tenía savoir faire cañí, pero también la capacidad de hacer parecer natural lo que en otros quedaría forzado. Sus continuos y guionizados olvidos con las babuchas llegaban al público como ingenuos deslices que no hacían más que resaltar esas bondades de una mujer sencilla, de la calle.El alzhéimer ha hecho que la actriz que enamoró a Charlton Heston o Cantinflas viva alejada de los focos y del cariño de un público que no la olvida.

Querida y admirada por todos, Carmen no solo conquistó el cine nacional e internacional, sino también la pequeña pantalla. Porque si algo la hacía feliz era sentirse querida. Por el público y por sus amores, su verdadero talón de Aquiles. Jugó al rojo y salió negro. Los engaños y las traiciones –casi siempre perdonadas– la hicieron sufrir más de la cuenta. Ni Vicente Patuel, al que amó sin medida, ni Augusto Algueró supieron darle el sitio que merecía. Tal vez por eso se sentía cómoda con el afecto de sus seguidores, para los que siempre tenía palabras especiales.

La actriz y presentadora, en su boda con Augusto Algueró. La actriz y presentadora, en su boda con Augusto Algueró.

La actriz y presentadora, en su boda con Augusto Algueró.

La escena gris y triste reflejada en unas fotos suyas, muy desmejorada en la residencia en la que vive, se intentó comercializar con las revistas, pero finalmente no vieron la luz. Porque alrededor de la nueva vida de Carmen Sevilla hay, tal vez, demasiada opacidad. Frustraciones de quienes fueron verdaderos amigos y ahora ni siquiera pueden verla o tener información no adulterada sobre su estado; como Norma Duval y Lolita Flores, quienes denunciaron públicamente hace años haberse sentido ninguneadas y defenestradas.

Con su hijo, Augusto Algueró Junior. Con su hijo, Augusto Algueró Junior.

Con su hijo, Augusto Algueró Junior. / Efe

Augusto, el único hijo de la actriz, se muestra infranqueable y no accede a dar explicaciones sobre su decisión de mantenerla aislada. En la calle Pintor Rosales de Madrid, donde Carmen vivió hasta que la enfermedad le hizo olvidar el camino hasta su cama, todos la recuerdan con emocionado respeto. Las cafeterías a las que solía acudir siguen vibrando con su recuerdo. El de una mujer llena de cicatrices, pero que encontró en la sonrisa un salvoconducto para combatir las penas.

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