Juicios con jurado La selección científica de los jurados llega a Sevilla

  • El abogado “debe dar razones a los jurados afines a su causa y crear cortafuegos al contrario”

  • “Si no sabes lo que vas a pescar, es peligroso tirar la caña porque el pez te puede hundir”

Antonio Delgado Lacal, experto en comunicación Antonio Delgado Lacal, experto en comunicación

Antonio Delgado Lacal, experto en comunicación

En Estados Unidos, las empresas consultoras para la selección “científica” de jurados facturan miles de millones al año y en ocasiones el proceso de elección dura mas que el mismo juicio. Aunque en España el número de juicios con jurado es infinitamente menor,  las técnicas empiezan a conocerse y el experto en comunicación Antonio Delgado Lacal ha comenzado a analizar los juicios con jurado en la Audiencia de Sevilla para ofrecer sus servicios a los abogados.

Delgado lleva varios años impartiendo cursos a los alcaldes y concejales de la provincia para hablar en público. Desde hace tres años se ha especializado en el mundo judicial mediante cursillos de oratoria y técnicas de litigación en el Colegio de Abogados y otras instituciones especializadas.

Ya ha asistido a varios procesos de selección de los jurados en Sevilla: los nueve titulares y dos suplentes que deben emitir un veredicto para la futura sentencia del magistrado presidente.

El primer consejo del experto: “El juez lleva muchos años sentado en esa silla y ha formado un callo pero en el jurado va a influir mucho el factor emocional”.

Delgado destaca que el primer interrogatorio a los futuros jurados “va a ser la primera y única comunicación verbal bidireccional del fiscal y los abogados con el candidato. Si el profesional lo convierte en un trámite agradable, si el futuro jurado le ve como una persona coherente, amable y segura, conseguirá una valoración positiva que le será muy útil durante el juicio”.

En esta fase de interrogatorio, aconseja “adaptarse a la comunicación verbal y no verbal del candidato: si es una persona tranquila, no hay que hablarle rápidamente”. Pero “adaptarse no es imitarle. Nada debe ser antinatural”.

El abogado debe tener clara su estrategia, porque eso determina el perfil del jurado. A la hora de recusar a algún candidato, resalta que “no se trata de que todos sean  favorables a nuestra causa, sino de que el contrario sea fácil de rebatir o mal comunicador”.

También recuerda lo que los psicólogos llaman el “sesgo de disponibilidad”, la  idea preconcebida sobre el caso sometido a juicio que los jurados traen de su casa. La persona tiende a buscar algo que confirme esa idea que se ha hecho en internet o leyendo los periódicos, por eso si está en contra de sus intereses, el abogado “debe romperlo y, a partir de ahí, construir”.

Ese sesgo de disponibilidad está muy presente en los juicios con fuerte contenido emocional, donde “la racionalidad desaparece. A los jurados les va a quedar el horror y, cuando quieran recuperar la información, van a recuperar la emoción y eso condicionará sus resoluciones”, afirma el experto.

¿Qué es un jurado favorable? Alguien que empatice con las atenuantes o agravantes que se vayan a alegar. Hay que fijarse “en la situación familiar, en lo que dicen y como lo dicen” y no dejar de observar a lo largo de todo el juicio el estado emocional del jurado y sus reacciones, quien toma notas, las miradas de complicidad entre sus miembros o el cambio de portavoz, lo que refleja que entre ellos mismos han llegado a la conclusión de que el nuevo portavoz va a representarlos mejor. 

Otro elemento importante: el entorno de cada miembro del jurado, quien le acompaña al juicio y si el acompañante espera todo el tiempo fuera de la sala, lo que evidencia una persona dependiente o una pareja controladora. Todo esto, dice el comunicador, son detalles de los que hay que estar alerta a lo largo de toda la vista.

Sus consejos se extienden al interrogatorio de los testigos. “Si el testigo es de la parte contraria, sabe que tu eres el enemigo y está en posición de alerta”. “El testigo hostil está esperando la pregunta, por lo tanto hay que hacerla de forma soslayada”, dice Antonio Delgado, y apunta otra sugerencia: “Si el testigo contrario habla con seguridad, más vale dejar de preguntar”.

También cree contraproducente lo que los expertos llaman “tirar la caña por si pica algo”, una estrategia que “puede ser peligrosa porque el pez te puede hundir”.

A la hora de los informes, “no se puede hablar al aire. El abogado debe dar las herramientas y razones a los que están a favor de su causa y poner cortafuegos a los argumentos contrarios”, dice Delgado.

De los primeros juicios que ha presenciado en Sevilla saca una conclusión: “Lo mas bonito de esto es que no hay normas, que hay que adaptarse”. Aún así, enumera algunos principios básicos que valen también ante un tribunal profesional: ser una persona sensata y respetuosa, no leer los informes, comunicar bien, empatizar, hacer bien las preguntas y “conocer el caso sin liarse con los papeles mientras todo el mundo espera nuestra intervención”.

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