La caja negra

Robles resiste y Oriza está al borde del cierre

  • La lista de los otros caídos de la hostelería está a punto de sumar al restaurante de la calle San Fernando. La cadena Robles reabrirá de forma progresiva. Y desde las Tres Mil Viviendas llega un nuevo SOS.

Clientes atendidos en un velador en el día de ayer Clientes atendidos en un velador en el día de ayer

Clientes atendidos en un velador en el día de ayer / Juan Carlos Muñoz (Sevilla)

Se aproxima de nuevo la cifra de muertos diarios al centenar cuando estamos en pleno debate sobre el uso de la mascarilla, las playas y las piscinas. El virus está ahí. Como está la crispación anidada en la Carrera de San Jerónimo. ¡Pelea, pelea! El patio anda revuelto en la sesión vespertina presidida por el sevillano Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, una sesión larguísima en la que intervienen dos andaluzas: la ministra Montero y la diputada sevillana Sol Cruz-Guzmán.

Los expertos advierten que el riesgo de un rebrote es real. Como el riesgo de que perdamos otra firma de renombre de la hostelería: el restaurante Oriza de la calle San Fernando. El otro día abordábamos la posibilidad del naufragio de La Isla, el templo del marisco junto al Arco del Postigo; el vacío que se aprecia en el Zara de varias plantas de la Campana, y ahora nos llega un serio aviso sobre el futuro del establecimiento que linda con el Real Alcázar, lugar habitual de conciliábulos de los altos dirigentes del PP andaluz, que tienen la sede regional muy próxima. Por cierto, en el Alcázar ya se estudia la fecha de reapertura. El día que se produzca no tendrán pretexto los sevillanos para visitar el monumento, donde ahora solo habitan los pavos reales, que salen de vez en cuando a tomar el sol por la Judería. El delegado del Gobierno de la Junta en Sevilla, Ricardo Sánchez, se fotografía con los pavos en plena vía pública. Los animales son preciosos y bien merecen una instantánea.

Mejor toparse con pavos coloridos que con turistas patibularios. En la calle José Gestoso hay un precioso azulejo de pavo real en el que pocos sevillanos se fijan. Sevilla es una ciudad en la que cabe mirar hacia arriba para descubrir valores pocos conocidos, aunque también horrores, como los balcones del nuevo hotel de la Avenida, en el edificio donde estaba el Banco de Andalucía. Hay agresiones, como el edificio de la calle Santander, y hay horteradas, como estos balcones de playa junto a tantos bienes de interés cultural. Mejor mirar los pavos. El problema del persianazo definitivo del Oriza es que, si finalmente se consuma, existe un alto riesgo de desembarco de un negocio franquiciado. Provoca escalofrío leer las pérdidas del negocio de la hostelería. Son mareantes.

Al menos otra de las grandes firmas, en este caso Robles, baraja ya una reapertura progresiva. El Laredo de la Plaza de San Francisco sería el primero en abrir en cuanto se declare la fase 2. A la semana siguiente reabriría la terraza del negocio originario de la calle Álvarez Quintero. Poco a poco.

Un cronista sevillano, fino observador de los acontecimientos de la ciudad, comenta acerca del futuro de los bares y de la necesidad de que se aproveche esta oportunidad para introducir cambios sustanciales en el gremio: “A los que estaban acostumbrados a ganar el 300%, ahora les parece poco ganar el 50%. ¿Y qué me dice de aquellos que tenían un cuchitril lleno de moscas y 20 veladores en la puerta, y a los que les daba igual el vecino y los peatones? Bienvenido sea el coronavirus y que haya una epidemia de bares y veladores, y que se queden en la tercera parte, porque 120 bares por habitante y 74 veladores por vecino, era insostenible. Este cuento se les ha acabado durante una larga temporada. Yo le he cogido el gusto a mirar mi cuenta corriente y a tapear en mi casa, invitando a amigos en plan Bertín. En mi casa tengo calidad de cuatro estrellas Michelín y los precios del Tremendo. Haga la prueba”.

Un testimonio desde las Tres Mil

El rifirrafe sigue en el Congreso mientras nos llega un mensaje que es todo un aldabonazo. La realidad es como un tsunami que arrasa con toda la farfolla, todo lo inútil y accesorio: “Estoy yendo a las Tres Mil todos los días con alimentos que gracias Dios nos donan particulares y entidades con una generosidad admirable, pero esto se va a alargar y agravar en el tiempo y temo que todo este montaje se nos venga abajo. Haría falta motivar, informar y ayudar para mantener viva la llama de la caridad. Yo comprendo que la gente se canse porque no ve el final del túnel, las hermandades están dando todo pero ellas también atraviesan un mal momento. Perdona que me desahogue contigo pero viendo el panorama estamos preocupados y ya no sabemos dónde acudir”.

Mientras leemos esta petición de ayuda, en Madrid se amenazan unos políticos a otros con frases de tabernas con serrín en un suelo pisado por clientes con la lengua gorda. La cola para conseguir alimentos en el Tiro de Línea es larga a media tarde. Los informativos elevan a seis millones el número de españoles que quedarán en situación de exclusión social. Un economista de guardia se muestra optimista porque en el fondo conocemos la causa de la crisis que nos azota. Muerto el bicho, ¿se acabará de verdad la rabia de la crisis económica?.

Un grupo de juristas pide a la Fiscalía que investigue las caceroladas contra el Gobierno, que consideran ilegales. Son los mismos que acudieron al Ministerio Público por el fajín de Franco que luce la Virgen de la Caridad del Baratillo. Entonces no lograron nada. Ahora lo importante es que los manifestantes tengan claro que han de guardar la distancia interpersonal. De lo contrario estarán corriendo un elevado riesgo y nos lo hacen correr a los demás. Las irresponsabilidades se pagan. Pero no te enteras hasta pasadas dos semanas.

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