Flamenco

Joselito Acedo en la reserva espiritual de Triana D.F.

  • El guitarrista presenta en los 'Jueves flamencos' un avance de su próximo disco, que verá la luz en 2020

El guitarrista Joselito Acedo (Sevilla, 1979), retratado este miércoles en la sede de la Fundación Cajasol. El guitarrista Joselito Acedo (Sevilla, 1979), retratado este miércoles en la sede de la Fundación Cajasol.

El guitarrista Joselito Acedo (Sevilla, 1979), retratado este miércoles en la sede de la Fundación Cajasol. / Juan Carlos Muñoz

"Para mí Triana significa concentración de pureza, tiene todavía una potencia muy grande, se nota el peso de las familias y la convivencia entre distintas generaciones. Por eso el nuevo disco es mi forma más sincera de sacar todo eso, de hablar del sitio donde yo he crecido", dice Joselito Acedo, que es, no en vano, ejemplo de todo eso que dice.

Guitarrista profesional como su padre, José Acedo, que fue uno de sus maestros –el otro, palabras mayores, fue su tío, que no lo es en sentido estricto, pero como si lo fuera, Rafael Riqueni–, y ligado también al flamenco por su familia materna –su abuela actuaba en el Guajiro, "la primera sala de fiestas que hubo en Sevilla"–, Acedo ama el toque antiguo –no pierde ocasión de reivindicar al Niño Ricardo como "el mejor" de la larga nómina de eminantes artistas de las seis cuerdas surgida en la ciudad, o de alabar a Melchor de Mairena– pero también se sabe de su tiempo, y en consecuencia, sin aspavientos ni necesidad de teorizar, lo mismo le toca a la ubicua Rosalía –él la acompañó al toque en su actuación en modo cantaora trendy en la última Bienal–, que le produce a Alba Molina el disco de homenaje a Lole y Manuel, se deja empapar por el jazz de Bill Evans o Miles Davis –que tanto la gustaban a Acedo padre– o introduce sin remordimientos en un estribillo con su amigo Junior rapeando.

El nuevo disco del que hablaba el músico al comienzo se llamará Triana D.F., y así se llama también el espectáculo que presentará el sevillano este jueves en el ciclo Jueves flamencos de la Fundación Cajasol. En él podrá escuchar el público una parte de este trabajo, que se publicará en el primer trimestre de 2020 –"en torno a febrero, marzo o abril"–, y también de su anterior álbum, Andando, un debut en solitario con el que el artista rozó en 2015 el Grammy Latino del que fue finalista.

El guitarrista, momentos antes de presentar su espectáculo en Cajasol. El guitarrista, momentos antes de presentar su espectáculo en Cajasol.

El guitarrista, momentos antes de presentar su espectáculo en Cajasol. / Juan Carlos Muñoz

Tres generaciones, tres maneras de entender el flamenco, cuenta el guitarrista, están presentes de algún modo en Triana D.F. "Y las tres me han marcado mucho. La primera sería la del flamenco antiguo, que yo no viví pero lo he mamado en mi familia. Es un flamenco más oscuro, más triste, más de aquel momento, ¿no? La segunda es la de la revolución de los años 70, Lole y Manuel, Smash, Triana, Juan José Amador, La Susi... Este flamenco tampoco lo viví por una cuestión de edad, pero sí me coge más cerca, y además luego he tenido la fortuna de acompañar a muchos de ellos sobre los escenarios. Y la tercera es la mía, mi generación, que es también la de La Tremendita, Junior o Alba Molina", dice en su repaso a vuelapluma por las edades del flamenco trianero.

Partidario de la fusión "si se hace bien", aunque debido a lo "machacado" que está el término él prefiere hablar de "mezcla de culturas", Joselito Acedo comparecerá en el escenario de la Fundación Cajasol acompañado por un cuarteto de cuerdas, Ismael el Bola al cante, Paquito Vega a la percusión y Juan Diego y Manuel Valencia a las palmas. El repertorio –tarantas, granaínas, soleás por bulería, rondeñas... "y alguna sorpresa", deja caer el guitarrista– dará buena cuenta de la sensibilidad de un músico, de un "creador", como apunta Manuel Herrera, coordinador de los Jueves flamencos, que trabaja en torno a la "música de sentimiento, o de raíz si nos ponemos más académicos, ya sea flamenco o jazz". Es decir, uno de los flamencos modernos que han comprendido que la pureza no es unívoca, y que en todo caso ésta debe ser antes una búsqueda que un indescifrable y dogmático punto de partida.

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