18º WORLD SOUNDTRACK AWARDS

Gante celebra la mejor música de cine

  • Jóhann Jóhannsson fue el ganador a título póstumo en una gala que incluyó un concierto sinfónico con música de Carter Burwell, Nicholas Britell y Philippe Sarde

Son ya 18 las ediciones de los World Soundtrack Awards, evento que reúne en la ciudad belga de Gante a los mejores compositores de música de cine del mundo en torno a una ceremonia cuyo principal aliciente es la presencia de sus protagonistas y la propia música, interpretada en directo por la Brussels Philharmonic dirigida por el entusiasta Dirk Brossé.

Encuadradas dentro del Film Fest Gent, que va ya por su 45º edición, las actividades de los WSA incluyen también seminarios, mesas redondas y encuentros entre compositores, profesionales de la industria y aficionados, a lo que se suman un par de conciertos sinfónicos (el segundo de este año, 2001 and Beyond: A Symphonic Odyssey, dedicado al cine de ciencia-ficción), proyecciones de cine mudo o experimental acompañadas de nuevas músicas en directo o actuaciones en pequeños formatos, en las que este año han podido verse a Hauschka & Dustin O’Halloran o al guitarrista de Sonic Youth Thurston Moore poniendo música a los cortos de Maya Deren.     

Pero es sin duda la gala-concierto de entrega de premios en la sala Capitole el principal acontecimiento de esta intensa semana de actos. Con todo el aforo vendido, la ceremonia se presentaba el pasado miércoles 17 como un formato híbrido en el que, con la música como eje protagonista, se fue dando paso a la entrega de galardones en las distintas categorías.

La fanfarria compuesta por el legendario Elmer Bernstein dio la bienvenida a un ameno espectáculo que se abrió con la proyección triple de un mismo fragmento de La tumba de las luciérnagas (1988), la obra maestra animada del recientemente fallecido Isao Takahata, acompañada de nuevas partituras originales compuestas por los tres finalistas del premio al Young International Composer, que este año ha recalado en el músico estadounidense Logan Nelson.

El discutible premio a Kendrick Lamar por la Mejor Canción Original compuesta para una película (Black Panther) dio paso a lo que realmente nos trajo a Gante desde Sevilla, a saber, el concierto sinfónico, el primero de toda su larga carrera, dedicado al compositor norteamericano Carter Burwell, colaborador esencial de los hermanos Coen desde Sangre fácil hasta el reciente western The Ballad of Buster Scruggs, pero también músico de referencia para cineastas como Todd Haynes, Spike Jonze, Charlie Kaufman, Bill Condon o Martin McDonagh, con cuyo último trabajo, Tres carteles en las afueras, ha conseguido su segunda nominación consecutiva al Oscar.

Fueron precisamente esos los ejes centrales de un concierto en dos partes que desgranó sus partituras para los hermanos Coen, con especial sonoridad sinfónica para Muerte entre las flores, Fargo, Valor de ley y Hail, Caesar!, y donde brillaron también los matices más sutiles, camerísticos, intimistas e instrumentales de sus composiciones para Cómo ser John Malkovich, Atrapados en Brujas, Carol, Mildred Pierce o Anomalisa, para cuya dirección Brossé cedió momentáneamente el atril y la batuta al propio Burwell. Todo ello, como en el resto del concierto, acompañado por fragmentos y secuencias de cada película.

Entre medias, más premios: la norteamericana Tamar-Kali se hacía con el Discovery of the Year por su música para Mudboud, un premio entregado de manos de Nicholas Britell, ganador en 2017 y autor de la banda sonora de la oscarizada Moonlight, de Barry Jenkins, presente también en la sala. Fue precisamente esta hermosa y elegíaca música de Britell la que sonó en el último tramo de la primera parte del concierto, junto al estreno mundial de su nuevo trabajo para Jenkins, If Beale Street Could Talk.

La segunda parte deparó el premio más importante de la noche, el Best Composer of the Year, que fue a parar a título póstumo al islandés Jóhann Jóhannsson, autor de algunas de las mejores bandas sonoras de los últimos años (Arrival, Sicario, The Mercy o Mandy) y fallecido el pasado febrero. Hildur Guðnadóttir, estrecha colaboradora del islandés, recogió y agradeció un merecidísimo premio cargado de un fuerte componente emotivo. Mucho menos merecido y, en consecuencia, previsible, resultó el premio al Mejor Compositor para Televisión del Año, que recaló, cómo no, en el alemán Ramin Djawadi por su cansina épica para Juego de tronos. El francés Laurent Eyquem se hizo por su parte merecedor del Public Choice Award por su melancólico score para Nostalgia.     

Y a los postres, inopinadamente, llegó lo mejor de la noche: el premio a toda una trayectoria para el francés Philippe Sarde (n.1948), compositor incombustible al que debemos algunas de las mejores partituras del cine galo y europeo de las cinco últimas décadas, colaborador habitual de Sautet, Techiné, Tavernier, Ferreri, Doillon, Polanski, Annaud o Costa-Gavras, un tipo algo achacoso pero simpático, como demostró en su divertido speech en inglés, al que sólo por su Chanson d’Hélène para Les choses de la vie o su música para Tess o El quimérico inquilino ya deberíamos estarle eternamente agradecidos. Fueron precisamente suites sinfónicas de esas esas tres películas las que sonaron junto a Barocco, La guerre du feu y Coup de torchon en un cierre de gala memorable.