MEGAN BARERRA | CRÍTICA Potencia, color y sensibilidad

La soprano Megan Barrera La soprano Megan Barrera

La soprano Megan Barrera / DS

Norteamericana de raíces hispanas, la soprano Megan Barrera se alzó en el año 2018 con el primer premio del Certamen Nuevas Voces que convoca la Asociación Sevillana de Amigos de la Ópera y anoche abrió el miniciclo de recitales líricos que la mencionada asociación ha programado en el Espacio Turina, abriendo así la programación musical hispalense a los recitales líricos.

Barrera mostró desde la primera canción de Amy Beach, The Year’s at the Spring, las especiales características de su voz. Emisión poderosa, que busca de manera natural la expansión en dinámicas superiores con las que es capaz de llenar y hasta de saturar el espacio sonoro, su voz presenta por ello un característico vibrato. Pero no se trata del defecto sonoro derivado de un insuficiente apoyo, sino de la natural vibración en el tracto vocal de un chorro de voz muy potente. Tal potencia le creó algún problema en materia expresiva en piezas que, comos las canciones de Turina sobre textos de Bécquer, piden un mayor recogimiento del sonido y una mayor variedad en materia de reguladores. Algo en lo que la cantante debería profundizar de manera seria es en la cuestión de la articulación, en hacer inteligible los textos que canta. La combinación de la tendencia a cerrar el sonido con una insuficiente pronunciación de las consonates despoja a su canto de parte de carga expresiva.

Supo encontrar el punto expresivo delicado y poético con Mimí y, sobre todo, con Desdemona, gracias en buena parte al acompañamiento exquisito y atento de Soriano, que en las canciones de Turina brilló con luz propia.

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