Cultura

Adiós a José Luis López Vázquez, un grande del teatro y el cine español

  • Su capilla ardiente se instala hoy en el madrileño teatro María Guerrero.

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El actor José Luis López Vázquez , fallecido ayer en Madrid a los 87 años tras una larga enfermedad, era un actor. Lo fue desde que, en 1940 -había nacido el 11 de marzo de 1922-, debutara en el madrileño teatro María Guerrero con El anticuario, y lo ha sido durante más de 60 años. Justo hasta que ayer, día de los difuntos, decidía dejar de existir en un último golpe de efecto. Era tan actor que su vida privada, salvo escasos episodios, casi ha pasado desapercibida, aunque estudió (escenografía entre otras cosas, vaya una casualidad), se casó en más de una ocasión, tuvo hijos e incluso alcanzó a llorar la pérdida de uno de ellos. Era tan actor que los adjetivos que tan fácilmente se les endosa a los actores (actor cómico, actor secundario, actor televisivo...), en él quedaban muy pronto superados. Incluso su físico, tan característico y tan usado como representación del oscuro funcionario de la España negra y casposa de la dictadura, nunca fue para él, como para una gran mayoría de actores, ni una prisión en la que encerrarse durante toda su vida, ni una coartada para asentarse cómodamente en aquellos terrenos en los que se sentía más cómodo. Puede decirse que fueron los otros, sobre todo los directores de cine, los que lo encasillaron en distintas etapas, hasta darse cuenta de que era uno de los actores más sólidos y más versátiles de este país.

Porque si López Vázquez ha sido un maravilloso profesional de las tablas desde los años 40 -cuando afrontaba todo tipo de papeles en las compañías de Conchita Cuetos y Alberto Closas- hasta 2004 en que, cumplidos los 80, protagonizó Tres hombres y un destino, junto a otros monstruos de la escena como Manuel Aleixandre y Agustín González, ha sido el primer plano de la cámara el que ha sabido arrancarle las miradas, las expresiones más conmovedoras de toda su carrera.

Ahí quedan sus trabajos para televisión: aquel terrorífico mediometraje de Antonio Mercero, La cabina, ganador entre otros premios, de un Grammy en 1973, o las series Este señor de negro (1975-76) o Los ladrones van a la oficina (1993). Y, por encima de todo, esas decenas de películas que han ido acompañando todas las etapas de la historia española desde mediados del siglo XX.

Durante la dictadura, en la transición y hasta su última película, estrenada en 2007, este hombre madurado en la República nos fue dejando retratos impagables en títulos como Los jueves milagro y Novio a la vista, de García Berlanga, Esa pareja feliz, de Berlanga-Bardem, El pisito y El cochecito, de Marco Ferreri, Los tramposos, de Pedro Lazaga, Mi querida señorita, de Jaime de Armiñán (con una impresionante interpretación de un personaje femenino) o La prima Angélica de Carlos Saura, con la que da un nuevo giro a su carrera. Incluso trabajó con George Cukor, para quien hizo Viajes con mi tía (1972), adaptación de una novela de Graham Greene.

Despedida

La capilla ardiente con los restos mortales del actor quedará instalada hoy a partir de las tres de la tarde en el teatro María Guerrero, sede del Centro Dramático Nacional y donde él mismo debutó a los 18 años.

Entre los primeros en lamentar ayer mismo la muerte del genial actor, el presidente de la Academia de Cinematografía, Álex de la Iglesia, proclamaba: "López Vázquez es una de las patas en las que se sustenta el cine de nuestro país junto con Fernando Fernán Gómez y Pepe Isbert. Estamos perdiendo a los más grandes. José Luis era, y eso lo resume todo, una parte fundamental del cine español".

López Vázquez también recibió en vida numerosos reconocimiento, aunque casi todos bastante tardíos. Entre ellos, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (2001), el Premio Nacional de Teatro (2002), el Goya de Honor y la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo además de innumerables galardones de sus compañeros, de la crítica, del público y las instituciones.

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