Flamenco

Antonio Mairena sin críticos

  • Reeditada, en su centenario, la autobiografía del cantaor, sin un mínimo aparato crítico que sitúe en su contexto su controvertida visión de la historia de este arte

Las confesiones de Antonio Mairena. Antonio Mairena. Ed. A. García Ulecia, Universidad de Sevilla/Agencia Flamenco, 192 pp.

Lo mejor que puede resultar de esta reedición es que provoque nuestros deseos de volver a escuchar la voz flamenca del maestro de los Alcores. Se suele citar la Gran antología del cante gitano-andaluz como su obra cumbre. Así es. No obstante, sus últimas entregas de los 70 y 80 rayan a parecida altura.

Éste es un libro político, y en eso es un adelantado a su tiempo. En el peor sentido, el más popular hoy, de bandería y sectarismo. Así, esta tendencia perversa del pasado condujo al presente en el que son directamente los políticos, en el peor sentido, los que firman la noticia y el pie de foto flamencos. Claro que cada sociedad tiene el flamenco y la política que se merece. Este libro no es ingenuo más que en un sentido, el narrativo. El tomar al lector por cándido es una candidez de su autor. Y, aunque el género, la autobiografía, legitima a su autor a "no decir toda la verdad", resulta fácil, casi entrañable, coger a Mairena en sus "ocultaciones". Por ejemplo: el concurso de Córdoba de 1962, uno de los hitos de su carrera como cantaor, y en el que le fue entregada la III Llave del Oro del flamenco, no fue tan claro como el propio Mairena propone: no fue cierto que se le otorgó la III Llave de Oro sin ningún tipo de discusión. Así lo refiere Anselmo González Climent en sus impresiones sobre este concurso, publicadas hace unos años en la revista Candil de la Peña Flamenca de Jaén. De hecho hoy se da por supuesto que el Concurso fue organizado por Ricardo Molina para Mairena, a la mayor honra del mismo, y para hacerle entrega de la Llave de Oro. Eso sí, que la concesión fuera perfectamente justa, está más allá de toda duda. La constatación de todos estos hechos no empequeñece la figura de Antonio Mairena sino todo lo contrario. La hace más grande al presentarlo como un hombre de verdad, en su contexto histórico. Su influencia en el cante contemporáneo es enorme. Su labor como restaurador o instaurador del canon flamenco, también. La anécdota del concurso puede servirnos como clave de lectura de esta obra.

Los sectarismos a los que me refiero, si hay que volver a explicarlos, están aludidos en su denominación y definiciones de "cante gitano-andaluz" frente a "flamenco". Su historia de lo jondo califica a Silverio de "copista" y "mercantilista", en ambos casos con connotaciones negativas, obviamente. También cree Mairena en este libro que el "objetivo principal" de Chacón era meramente mercantil, tendencia en la que, nos confiesa Mairena, no entraron nunca los intérpretes gitanos.

Siempre que escribo de este gran cantaor tengo que aclarar que sus pequeñas y humanas miserias como ensayista no empequeñecen la emoción de su cante por soleá, sino que lo hacen más humano. El que esté libre de pequeñas miserias, que tire la primera cartagenera.

Lo mejor que usted puede hacer con este libro, por tanto, es convertir los capítulos que el autor dedica a su obra discográfica en guías de audición. Los editores, la Universidad, que tan escrupulosa resulta en ámbitos menos populares, y la Agencia del Flamenco, han perdido una ocasión de oro para hacer una edición crítica. Por el contrario, dan por buena una historia del flamenco contradictoria y falsa, no sólo en relación a los últimos hallazgos, sino ya a la luz de las investigaciones que Blas Vega o Luis Lavaur habían llevado a cabo en 1976, fecha de la edición original. Además de sectaria y racista. Se puede argüir, con toda la razón, que el racismo del que se erigió en adalid de los gitanos era una consecuencia del racismo que ha sufrido y sufre esta etnia desde su llegada al suelo patrio. Como decía aquél, una cosa no quita la otra. El concepto mairenista de lo gitano-andaluz introduce un cisma en el género flamenco que desde entonces parece insuperable en algunos sectores de la teoría flamenca, y que tan negativa ha resultado para la evolución posterior del género: los gitanos frente a los no gitanos, degradando a intérpretes fundamentales de este arte como Silverio, Chacón o Vallejo.

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