Argentina | Crítica

De Sevilla a Huelva

La cantaora con José Quevedo y el grupo October, en el Teatro de la Maestranza.

La cantaora con José Quevedo y el grupo October, en el Teatro de la Maestranza. / Teatro de la Maestranza

La irrupción del espíritu festero del grupo Son Cubano & Compañía fue saludada con alborozo por el público. Fue como el despertar de un sano espíritu verbenero, ahora que comienza el verano, que la temporada pasada hubo de permanecer aletargado. Así, no importó que Argentina interpretara la mitad del concierto con una selección de clásicos de cubanos, desde el son El cuarto de Tula hasta el bolero Lágrimas negras, secundada por la formación caribeña que derrochó ritmo y energía. El público terminó el recital en pie, bailando.

Antes habían sonado clásicos del repertorio jondo, como las guajiras que dan título a la propuesta, alegrías, tangos, marianas, etc., con este mismo concepto hiperrítmico, con tres palmeros superdotados y tres guitarristas pasados de compás, de energía al máximo que nos sitúa en el ámbito de la celebración vital al mismo tiempo que desdibuja el carácter de los estilos, ya que se aplican los mismos arreglos instrumentales, y también el mismo concepto vocal, a todos ellos. Por el camino quedó esa explosión vital que supuso el dúo con Manuel Lombo, un artista que conoce a la perfección al público sevillano, que se identifica totalmente con él, en forma de copla de Carlos Cano, a la que se dotó de un arreglo de tango porteño. Sevilla, naturalmente. Argentina vino a rendirse a Sevilla y a rendir a Sevilla. Desde los tanguillos de las Viejas Ricas que abrieron la función, pasando por las sevillanas, la rumba. Y Huelva, por supuesto, con una tanda de fandangos que fue lo mejor de la noche.

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