SOFI MELIKYAN, DAVID HAROUTUNIAN Y MIKAYEL HAKHNAZARYAN | CRÍTICA

Armenia, memoria y ausencia

El espléndido trío de músicos armenios.

El espléndido trío de músicos armenios. / Kira Vygrivach

La República de Turquía nació con las manos manchadas de sangre del genocidio armenio y la subsiguiente diáspora (vuelvan a ver América, América de Elia Kazan, por favor) y aunque dicha república haya hecho cuestión de Estado la negación de dicho exterminio, los datos y los testimonios no se pliegan al nacionalismo turco y ahí siguen para alimentar esa memoria y esa nostalgia de un pueblo que lleva siglos luchando por su identidad a base de reafirmar continuamente sus raíces. Raíces musicales en este caso traídas por tres espléndidos músicos armenios, lo que es casi un pleonasmo, porque la cantera musical de aquellas tierras es inabarcable desde hace mucho tiempo.

Raíces sonoras que afloraron en el trío de la compositora Gayane Tchebodaryan, con su alternancia entre modalidad y tonalidad y la emergencia puntual de frases y giros de la tradición musical armenia. Los tres intérpretes se implicaron al máximo en esta pieza, como con orgullo de sentir unos sonidos inmemoriales, con un violín forzando al máximo el sonido en la franja aguda sin perfer por ello brillo ni definición.

Los tríos de Brahms, ya de por sí cargados de pasión, de melancolía y de energía, sonaron en esta ocasión con un plus de todo eso, pues los tres músicos los abordaron desde la fuerza en el fraseo y en las acentuaciones y desde la mayor entrega afectiva posible en esas maravillosas frases cargadas de melancolía que sólo Brahms era capaz de desarrollar. Conjunción perfecta y sonido global muy redondo.

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