sensibilidad 'amateur' El director de 'La soledad' buscaba actores no profesionales

Cannes, una fantasía inesperada

  • La sevillana Yolanda Galocha presenta hoy en la 'Quincena de los Realizadores' del festival galo su debut en el cine, 'Sueño y silencio', la nueva película de Jaime Rosales

La sevillana Yolanda Galocha, acostumbrada a cambiar de residencia por circunstancias personales, no tardaba mucho en encontrar trabajo como profesora de francés en cada nuevo destino al que llegaba. Pero Madrid, ciudad en la que se instaló el año pasado, se le resistía. Esta vez, la suerte le reservaba una propuesta diferente a las clases que normalmente imparte. "Alguien me llamó y me dijo que había un casting, que me presentara que el perfil que buscaban era parecido al mío. Pensé que era una experiencia vivir aquel proceso, me presenté por curiosidad, sin imaginar que me cogerían", cuenta. Pero Jaime Rosales, el director de La soledad, que había pensado en Maria de Medeiros para que encabezara el reparto de su nuevo proyecto y finalmente se decidió por contar con actores no profesionales, identificó en el rostro de Galocha la autenticidad que buscaba para su drama. La andaluza, que aún digiere esa fantasía inesperada de protagonizar una película, vive hoy otro capítulo que jamás habría sospechado: la presentación de Sueño y silencio en Cannes, en la sección Quincena de los realizadores, la misma plataforma donde Rosales se dio a conocer (y ganó el Premio Fipresci) con Las horas del día.

¿Qué puede adelantar su actriz de un largometraje sobre el que el director prefiere mantener cierto secretismo? "En realidad, no puedo contar tampoco mucho. Está la sinopsis que encuentras en internet y que todo el mundo ha visto, que es un resumen muy básico de lo que pasa", explica en conversación telefónica, antes de partir para el certamen galo. La historia narra la peripecia de Oriol (Oriol Roselló) y Yolanda (Galocha), un matrimonio que vive en París con sus dos hijas y cuya existencia se verá alterada después de un accidente. "Lo que ocurre es que Jaime es un director muy creativo; el proyecto puede haber variado en el montaje, puede que la idea que yo tengo de Sueño y silencio no se corresponda con lo que vea", matiza la intérprete. "Y luego está el tipo de rodaje que hemos hecho", añade.

Rosales ha trabajado siguiendo los patrones de Mike Leigh: revela a sus intérpretes el contenido dramático de la escena en el momento mismo de rodarla, sin pasarles ningún diálogo previamente escrito. "La improvisación inicial es la única, verdadera e irrepetible. Me dejo sorprender por lo que dicen y hacen los actores", ha comentado el director sobre un proceso creativo en el que otra de las directrices consiste en no repetir ninguna toma. ¿Cómo contempla el reparto esa falta de límites marcados, con la excitación de un desafío en el que crecerse o con el temor de encarar una mayor responsabilidad? "Es algo a lo que te acostumbras, pero es verdad que al tener que improvisar en todo momento eres consciente de que si dices una chorrada, esa chorrada se queda", responde Galocha. Pero el magnífico ambiente del rodaje evitaba que las inseguridades se impusieran. "Jaime transmite mucha confianza. Ningún actor era profesional, pero supo guiarnos de una manera que pareciese que lo que estábamos haciendo era fácil. Hubo momentos complicados, sí, porque lo que se cuenta en la película es duro, pero el equipo era muy bueno y te hacía sentir muy bien", expone la sevillana sobre su debut en el cine.

Galocha no sabe precisar a cuál de los filmes que ha firmado Rosales -Las horas del día, La soledad y Tiro en la cabeza- se parece más este Sueño y silencio, que llegará a los cines españoles el 8 de junio. "No sabría decirte a cuál. Yo sólo estuve presente en una parte del rodaje, hay momentos que me perdí. Y en la película hay ciertos aspectos un tanto espirituales, místicos, no sé todavía cómo llamarlos, que me impiden pronunciarme: hay cosas que hasta que no vea no llego muy bien a entender", apunta la actriz. Hoy, en la proyección en Cannes, Galocha comprenderá en toda su dimensión la aventura que le ha regalado el destino.

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