Caja Rural del Sur ha sufragado la intervención

La Caridad recupera la mayor obra de Valdés Leal en Sevilla

  • Juan Aguilar y su equipo de Ágora han restaurado durante seis meses la 'Exaltación de la Cruz', la pintura del coro alto del templo, que ha resultado ser un mural

El discurso artístico que Miguel de Mañara programó para la iglesia del Hospital de la Caridad tenía por objeto proclamar, desde la pintura, la arquitectura y las figuras de los retablos, que el cristiano sólo consigue su salvación eterna auxiliando a los necesitados. Ese ambicioso programa iconográfico, que incluye trabajos de Murillo y Simón de Pineda, se abre y se cierra con obras maestras de Juan de Valdés Leal. El inicio son las dos célebres Postrimerías -In ictu oculi y Finis gloriae mundi- ubicadas en los muros laterales bajo el coro de la iglesia, con su profunda meditación sobre la muerte. Las realizó entre 1671 y 1672. Menos conocida, por su difícil acceso, es la pintura que completa el mensaje de que los ricos no entrarán en el reino de los Cielos y que los hermanos de la Caridad sólo podían admirar, como hoy, mirando hacia arriba al salir de la iglesia. Allí, en lo alto del coro, se ubica el enorme lienzo que representa la Exaltación de la Cruz, pintado por Valdés Leal entre 1684 y 1685.

Durante seis meses, subidos a varias plantas de andamios que llaman la atención a quien padezca vértigo, cinco especialistas de la empresa Ágora que coordina Juan Aguilar -tres restauradores entre ellos- han intervenido esta enorme pintura, la mayor de cuantas Valdés Leal realizó en Sevilla y un hito de su producción capaz de competir en calidad con los dos lienzos de Murillo sobre obras de misericordia recientemente restaurados por el IAPH y que cuelgan muy cerca suya en el templo.

Como en ese trabajo, que financió La Caixa, aquí es Caja Rural del Sur la que ha hecho posible que se restaure esta fascinante composición que narra el momento en que el emperador Heraclio, tras haber rescatado la Cruz de Cristo, se dispone a entrar con ella en Jerusalén. "En ese instante comienzan a desprenderse las piedras de la muralla de la ciudad y le impiden el paso al emperador quien, al mismo tiempo, escucha cómo un ángel le comunica que Cristo entró en Jerusalén a lomos de una humilde borriquita, sin pompa alguna. Heraclio comprende el mensaje divino y comienza a despojarse de sus lujosas vestiduras", explica el catedrático emérito Enrique Valdivieso, que además es hermano de la Caridad. "El significado de la pintura se adecua al simbolismo general que impera en el programa decorativo de la iglesia: se nos indica que ningún rico que no haya practicado la caridad entrará en el Reino de los Cielos".

La particularidad de esta espectacular intervención, avanza a este medio Juan Aguilar, es que "al iniciarla en noviembre de 2018 descubrimos que se trataba de una pintura mural y no de caballete, montada sobre un lienzo que estaba fijado a una estructura de madera separada de la pared 20 centímetros. Es decir, el lienzo no estaba montado sobre un bastidor normal sino sobre una estructura fija que no se podía retirar. Fue un hallazgo muy interesante ya que demuestra la solución técnica que se llevó a cabo a finales del XVII para eliminar las humedades y demás patologías que provocaba la inmediatez del muro que da a la calle Temprado".

Aguilar detalla que, al hacer la analítica para ver los materiales de que estaba hecha la pintura, encontraron que los pigmentos usados por Valdés Leal tenían una carga importante de calcita aglutinada con aceite (pintura al óleo) y huevo (temple). "Y luego, cuando iniciamos la limpieza, vimos que el barniz que presentaba era de copal, una resina natural y casi incolora que se le había aplicado en el siglo XIX. Los análisis constataron que esta pintura nunca fue barnizada en origen, apoyando nuestra tesis de que estábamos ante una pintura mural y no de caballete. Este mural amplía y recrea los volúmenes del coro alto, expande el espacio arquitectónico y sin él el concepto espacial de esta iglesia queda menguado". Se trata, por tanto, de una pintura muy importante para el programa iconográfico de Mañara, quien no pudo verla completa porque falleció antes de que Valdés Leal la diera por finalizada.

La intervención de Ágora, al limpiar el barniz que oscurecía la pintura, ha eliminado el tono verdoso-gris uniforme que presentaba y descubierto la extraordinaria paleta cromática de Valdés Leal. "Ahora aparecen las luces y sombras, la obra gana profundidad y podemos admirar a las figuras del fondo, antes imperceptibles. Se ha recuperado todo el carácter de una pintura mural aunque la peculiaridad es que está montada sobre el lienzo. La obra estaba poco tocada, la altura a la que se colocó la salvó sin duda del deterioro", continúa la restauradora Bárbara Hasbach Lugo, a quien le llaman la atención la calidad de las telas y el esplendor de los colores. A Juan Aguilar le maravilla "la naturalidad con que Valdés plasma a sus personajes, son retratos esbozados del natural, como vemos en el personaje mellado, por ejemplo. Hay figuras que podrían ser retratos naturalistas del XIX".

Marisa Caballero-Infante conversa con los restauradores y Valdivieso. Marisa Caballero-Infante conversa con los restauradores y Valdivieso.

Marisa Caballero-Infante conversa con los restauradores y Valdivieso. / Juan Carlos Vázquez

El cuadro, después de su presentación pública tras la intervención, para la que aún no hay fecha, podría admirarse de cerca abriendo el coro a las visitas. "Es una posibilidad pero lo cierto es que la obra debe verse desde abajo, porque para eso fue concebida", recuerda la responsable de Patrimonio y Gestión Cultural del Hospital de la Caridad, la historiadora Marisa Caballero-Infante.

La Exaltación de la Cruz es un enorme lienzo compuesto por ocho piezas verticales de tela donde Valdés Leal pintó 70 figuras terrenales y 28 celestiales. Hay además dos caballos y un perro, y al fondo, la ciudad de Jerusalén. Con todo ello conforma una escenografía fantástica. A diferencia de su trabajo para Los Venerables, donde delegó a menudo en su hijo Lucas Valdés, aquí el maestro actuó en solitario en cumplimiento de las órdenes de Mañara, que los había hecho hermanos de la orden hospitalaria a Murillo y a él, por lo que bajaron sus honorarios para hacer frente al encargo. Valdivieso recuerda que la iconografía en términos generales es el triunfo de la Santa Cruz pero en términos particulares la Santa Cruz es el día 14 de septiembre, en el que la Hermandad de la Caridad celebra su gran fiesta.

"Ahora lo ideal sería completar la restauración íntegra de la iglesia pues su visión resulta incompleta sin el magnífico conjunto de yeserías que adornan las bóvedas y el conjunto de pinturas murales de Valdés Leal que decoran las paredes del espacio anterior del presbiterio", defiende Valdivieso. En la bóveda hay ocho ángeles que sostienen atributos de la Pasión de Cristo, como la corona de espinas y el paño de la Verónica. En las pechinas están representados los cuatro Evangelistas y en lo alto de los muros laterales vemos cuatro santos que se distinguieron por su misericordia para con los pobres: San Martín, Santo Tomás de Villanueva, San Julián y San Juan Limosnero. Son todo obras maestras del pintor pero su deterioro es enorme y están en un punto casi irreversible porque, según explica Juan Aguilar, si un pájaro bate sus alas junto a la pintura, lo que ocurre a menudo, provoca un desgarro "ya que el estrato pictórico actual es cascarilla despegada, como el de la pintura al pastel".

Por eso el Hospital de la Caridad ya ha determinado que, en cuanto logren financiación, volverán a contar con Ágora, que ha restaurado en Sevilla el retablo mayor de la Catedral y las iglesias de Santa María la Blanca y San Clemente. Los retablos del Hospital de la Caridad, las pinturas murales del Museo de Bellas Artes y la capilla sacramental de San Catalina son otros trabajos que acreditan también el prestigio de este equipo.

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